El eterno retorno: la bicicleta financiera

Por Daniel Larriqueta

“Mi verdadero adversario no tiene nombre, no tiene cara, no tiene partido. No presentará nunca su candidatura.  Por lo tanto, no será elegido, y sin embargo gobierna. Este verdadero adversario es el mundo de las finanzas”, dijo el ex-presidente de Francia, Francois Hollande, en enero de 2012, durante la campaña electoral que lo llevaría al Palacio Elíseo.

La queja podría ser argentina. Ya la había denunciado en su momento Arturo Illia, cuando culpó a ese poder de las obstrucciones a las manzanas que rodeaban a la Casa de Gobierno, antes de su derrocamiento.

Cuesta entender y explorar por qué la vida argentina está en un vaivén paralizante desde que se refundó la democracia y, acaso, desde antes.

Sin embargo, cuando se miran de cerca las mudanzas del poder económico, el asunto se despeja. Los dos grandes impulsos contrapuestos van tejiendo la trama: de un lado las fuerzas productivas que tratan de crecer, extender la frontera agrícola y revivir las industrias que alimentan el empleo de las ciudades y el conjunto de conocimientos, investigaciones y enseñanzas en estos campos, que son la materia principal de la vida universitaria. Enfrente está una reiterada receta de dejar de lado  esos asuntos y confiar lo esencial del futuro a los negocios financieros  y los préstamos provenientes del mercado mundial.

Al mirar para atrás en busca de entender el presente, se encuentran dos grandes antecedentes de la filosofía pro-finanzas: el modelo económico del ministro José Martínez de Hoz, entre 1976 y 1981, y el que lideró Domingo Felipe  Cavallo entre 1991 y 1996. Ambos proyectos gozaron de un fuerte respaldo de las altas finanzas internacionales. Lograron “éxitos” en los primeros tiempos de aplicación. Anunciaron que el país marchaba hacia la eficiencia que lo haría entrar en el “primer mundo”. Con ese discurso, aumentaron sin pudor el endeudamiento externo.

Esos dos célebres ministros pensaban que el maridaje con las finanzas mundiales le daría a la Argentina una nueva oportunidad, que con esos ríos de dólares prestados se podría mantener el país en marcha, mientras se hacía cirugía mayor contra la “ineficiencia” de la industria, las “maniobras” sindicales y la “pachorra” del aparato del Estado. Lo cierto es que no supieron hacer ninguna de esas tres grandes faenas, pero sí nos llenaron de dólares prestados. Al final no habíamos avanzado en la eficiencia pero habíamos retrocedido en la solvencia: son las crisis que heredaron, respectivamente, (Raúl) Alfonsín y (Fernando) De la Rúa.

En esa eficiencia mal entendida se dispusieron recortes brutales e indiscriminados. Se destruyeron miles de pequeñas industrias. Se despobló al aparato del Estado de sus mejores cuadros y se terminó negociando con los mismos dirigentes sindicales que supuestamente se iba a “depurar”.  Y ahora había que afrontar la enorme nueva deuda.


Estamos transitando una política económica y social que empobrece a los sectores populares y a la clase media.


Esta malformación siempre tuvo ganadores. Con la excusa, verdadera o falsa, de sostener el interés de los prestamistas, locales  y extranjeros, para seguir endeudándonos, se les ofrecieron las mejores garantías y las más abultadas ganancias. Hubo “bicicletas”, innumerables financieras fantasma, y, al final experimento, la Argentina no podía aspirar a ningún préstamo. Tenía que devolver lo debido al exterior a tasas altísimas.

Hoy volvemos a transitar una política económica y social que empobrece a los sectores populares y a la clase media, debido a las transferencias de ingresos que el gobierno ha ejecutado. La devaluación y la quita de retenciones aumentó en cien por ciento el precio de los alimentos en el primer mes del gobierno de Mauricio Macri; la suba de los combustibles para favorecer a los petroleros impactó en todos los costos; el plan de “normalización” de las tarifas tiene un ritmo arrasador. Además, el déficit del Estado se financia con emisión, tomando  fondos en el exterior a altísimas tasas de interés. Son quienes operan en el campo de las finanzas los que cobran esos altos intereses internos y externos y las gruesas comisiones por la gestión. Los prestamistas del exterior, los bancos y los tenedores de fondos financieros, son los privilegiados de la hora.


La devaluación y la quita de retenciones aumentó en cien por ciento el precio de los alimentos en el primer mes del gobierno.


El gobierno dice que todo lo malo proviene de la crisis que heredó y que está promoviendo una modernización del país, resolviendo las ineficiencias. El  discurso, como se recordó antes, ya tiene una patente histórica. Lo tuvimos en el preludio de cada golpe financiero. ¿Podemos creerlo esta vez? ¿Hay un empeño por la modernización y la eficiencia que incluya por igual a todos los sectores sin favorecer los desbalances típicos de los modelos antiproductivos que ya conocimos?

Por ahora tenemos un botón de muestra inquietante. El ministro de Producción, Francisco Cabrera, ha definido la política del gobierno en estos términos: “Estamos para hacer más productiva a la Argentina, no a la industria”.


 

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2 opiniones en “El eterno retorno: la bicicleta financiera”

  1. No debe olvidarse, que gran parte del radicalismo, comulga con la ideología de este gobierno; solo basta mencionar a modo de fundamento, la puja que se estableció al suscribirse el acuerdo cambiemos, y hoy en día, maguer el desprecio que se nota hacia la U.C.R. por parte del Pro, el presidente del BCRA, es un alto dirigente del partido; así, es incorrecto referirse a la política económica aplicada por el equipo económico liderado por Domingo Cavallo, en el período 1991 a 1996; Cavallo viene dirigiendo la política económica, desde mucho antes, en los gobiernos de las dos últimas dictaduras militares; en la primera como Subsecretario del Ministerio del Interior, y en la segunda, como Presidente del BCRA, ambas del mismo signo ideológico, y también fué ministro de economía del gobierno de De la Rua; sigue su influencia en el gobierno de Macri, porque los funcionarios del área, son los que eran subalternos suyos en funciones anteriore; si no fuera porque su nombre trae los recuerdos de los canjes Bonex y del corralito, estoy seguro, que sería en este momento ministro de Macri; o sea que Cavallo viene a ser un apellido útil para eslabonar a los gobiernos de neta derecha que ha habido en el último medio siglo; desde el golpe de estado que derrocó a Illia, hasta el presente. Del otro lado, podemos ubicar los gobiernos de Illia, Alfonsín y el matrimonio Kirchner. Esta precisión, es necesaria, para que el debate sea honesto en lo intelectual; caso contrario, pasaremos muy facilmente a confundirlo todo.

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