La centro-izquierda, el espacio vacante

Por Ricardo Alfonsín*

En la breve entrevista filmada que está colgada en la web de la revista, conversamos acerca de los propósitos de Replanteo. Allí sostengo que uno de los objetivos es reflexionar acerca de cuestiones que, a pesar de que para nosotros (quienes hacemos esta publicación) son políticamente relevantes, están ausentes en la agenda pública. O no ocupan el espacio que a nuestro juicio merecerían.

Una de esas ellas es precisamente la que tiene que ver con el fenómeno ocurrido después de la crisis del año 2001, cuando gran parte de los ciudadanos argentinos dejaron de confiar en los partidos políticos con los que, con diversos grados de compromiso, se habían identificado. Ocurrió lo que se conoció como la descomposición del sistema de partidos.

El fenómeno había empezado a manifestarse con anterioridad, pero alcanzó su punto culminante a partir de aquella crisis. El proceso asumió características y alcances diferentes en cada una de las formaciones políticas. No se trata de hacer aquí la historia de lo ocurrido con cada una de ellas sino de reflexionar acerca de si, transcurridos más de 15 años, aquel proceso muestra síntomas de reversión.

Una aclaración previa, y creo que necesaria dado el clima de época: soy plenamente consciente de los déficit  graves, y de naturaleza diversa, que padecen los partidos políticos. No son otra cosa que instituciones integradas por seres humanos y, como cualquier otra institución humana, no pueden sino ser necesariamente imperfectos.

Esto no quiere decir que debamos hacer la vista gorda frente a sus defecciones. Todo lo contrario, debemos ser exigentes. Y, dicho sea de paso, no sólo con ellos, con la política toda. Sólo una ciudadanía exigente asegurará una democracia exigente.

Los problemas que generan los malos partidos no se resuelven sin partidos, sino con mejores partidos. Sin organizaciones político-partidarias, las cosas, sobre todo para quienes necesitan de la política, empeorarán. Sin un sistema de partidos fuerte, estable y predecible, el sistema político en su conjunto será víctima de liderazgos populistas, de manipulaciones mediáticas, de tecnocracias iluminadas o cosas aún peores. Eso nos enseña la historia. No la teoría.

Permítanme esquematizar un poco. La política puede ser entendida como la tarea que tiene por objeto ordenar la convivencia social. Salvo que estemos dispuestos a regresar a la barbarie, de ella no podemos prescindir. Sin perjuicio de que hay muchas instancias desde las cuales se puede realizar la tarea de organización de lo social, el lugar por excelencia es  el Gobierno.

Si como ciudadanos queremos participar en la elección de los gobiernos y ejercer cierto control sobre ellos, es necesario asegurar ciertas condiciones. Me referiré solo a algunas de ellas, preguntándome si hay  algo mejor que los partidos para garantizarlas.

¿Quién mejor que ellos puede desarrollar la tarea de mediación entre el Estado y la sociedad? ¿Quién puede servir mejor a la formación de la voluntad ciudadana, aportando a la deliberación y al debate informado sobre las cuestiones públicas más complejas? ¿Quién permite conocer con mayor certeza el sentido de los programas implementados o a implementar en el gobierno? ¿Quién mejor que ellos ofrece canales para la participación ciudadana y el ejercicio del derecho a ser elegido? ¿Quién puede desarrollar mejor la necesaria tarea de formación y reclutamiento de cuadros técnicos y políticos para el ejercicio del gobierno y la acción legislativa? ¿Quién nos da más certezas respecto de las razones o intereses que animan las candidaturas a las distintas funciones? ¿Quién mejor para que los partidos, puede hacer inteligibles los procesos electorales y comprender lo que verdaderamente está en juego en cada elección?

Es cierto que hay otras instituciones que pueden cumplir con algunas de estas cuestiones,  pero ninguna puede hacerse cargo de todas. Esto, desde luego, no significa pretender absolutizar en ellos la representación política y social. Los partidos deben siempre estar abiertos a las ideas, valores y argumentos de otras instituciones que procesan cuestiones políticas o sociales.

Por todo esto juzgo muy importante reflexionar acerca de cuál ha sido la evolución del sistema de partidos luego de la crisis del año 2001.

No creo que las experiencias o ingenierías político-electorales ensayadas hasta ahora nos permitan pensar que estamos ante un nuevo mapa de formaciones políticas que ha recompuesto el sistema de partidos en la Argentina.

Veamos. ¿Quién puede asegurar que Cambiemos, el Frente Renovador, el PJ, incluso el FpV, son algo más que formaciones políticas transitorias? En el caso de alguna de ellas, en el momento mismo de su creación, no pocos de sus miembros principales les otorgaron ese carácter: el de herramientas pasajeras aptas para enfrentar los desafíos de una “nueva transición”. La que nos conduciría, por ejemplo, de la “democracia populista” a la “democracia republicana”, más allá de lo que para cada uno representen esos conceptos. ¿Alguien puede con certeza asegurar que lo que hoy está reunido no confrontará mañana, y viceversa, que lo que hoy está fragmentado no se reunirá mañana?

Desde mi punto de vista, las experiencias ensayadas hasta ahora (desde el 2001) no son sino construcciones “ad hoc” o simplemente nuevas maquinarias o herramientas electorales para enfrentar los desafíos del calendario comicial. Pero difícilmente puedan salir de allí nuevas formaciones políticas estables.


Hay que construir frentes políticos que tengan
coherencia ideológica


Una de las razones que explican el fenómeno es que, algunas de ellas al menos, carecen de una condición que, aunque no suficiente, es absolutamente necesaria para imaginar su continuidad: la coherencia ideológica. Un partido es un conjunto de ideas, valores y principios, alrededor de los cuales se reúnen personas. Por supuesto que puede haber en su seno ciertas diferencias y matices, pero no contradicciones. Eso es lo que se llama identidad partidaria. La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿cuánto tiempo pueden convivir en una misma formación política identidades diferentes? Y la respuesta: mientras subsistan las circunstancias excepcionales que justificaron lo que ahora se denomina pluralidad y que en otras circunstancias se hubiera denominado contradicción.

¿Durante cuánto tiempo competirán electoralmente entre sí hombres o mujeres que por sus coincidencias programáticas, ideológicas o identitarias, como quieran  llamarlas, deberían compartir el mismo espacio? La respuesta es la misma que en el caso anterior: mientras subsistan las circunstancias excepcionales que causaron la artificialidad de esas competencias.

Tan a contrapelo resulta que fuerzas que piensan diferente se reúnan en formaciones políticas comunes como que fuerzas que piensan igual compitan entre sí. Tarde o temprano, la naturaleza de las cosas se terminará imponiendo. No creo que estas creaciones políticas superen el rango de peculiares y transitorias maquinarias electorales.


Resulta igual de contradictorio que fuerzas que piensan diferente se reúnan en formaciones políticas comunes como que fuerzas que piensan igual compitan entre sí.


Alguien podrá objetar que en una sociedad desideologizada mi planteo resulta anacrónico. Y es cierto que la sociedad se ha desideologizado. Es más, gran parte de ella se ha despolitizado. Se ha producido lo que algunas llaman liquidificación de los electorados. Esto los hace difíciles de predecir, de interpretar, de representar. Todo eso es cierto, pero ese es el problema. Y no hay por que resignarse a él. Algunos, olvidando la dimensión docente de la política, sugieren que el problema se resuelve si, además del electorado,  los propios partidos se desideologizan y se asumen definitivamente como meras maquinarias electorales.

Estoy seguro de que a los que no necesitan de la política convencional para influir sobre los gobiernos, (porque se valen de la política alternativa, la oculta) les parece muy razonable la solución.

Para ir terminando, adelanto que no me cuento entre los que creen que se puede pensar en la recuperación del viejo sistema de partidos. Hoy muchos de ellos exhiben no solo diferencia de matices, como dijimos, sino contradicciones no menores. Haría falta al interior de ellos una discusión que los sincere identitariamente.

Creo, más bien, que durante un tiempo largo asistiremos, más que a formaciones políticas partidarias, a estructuras políticas frentistas. Que no sólo incluirán partidos o “partes de partidos”, sino otras instituciones de la sociedad civil. Habrá que ver con el tiempo en qué devienen. Pero creo que la alternativa frentista es lo que nos espera.

Podría afirmarse que es lo que existe hoy. Sin embargo, lo que imagino es algo muy diferente. Pienso en la necesidad de formaciones políticas ideológicamente coherentes. Y algo más: en la necesidad de llenar un espacio hoy vacante: el de la centro-izquierda. La centro-izquierda debe reunirse.

Me dirán que estas categorías son anacrónicas. Pero creo que a los políticos y ciudadanos –que es una categoría política- les pasa con la izquierda y la derecha, algo como lo que al Sr. Jourdain, de “El Burgués Gentilhombre” de Moliere, le pasaba con la poesía y la prosa. Decía así:

JOURDAIN. – Os lo ruego. Y ahora es preciso que os haga una confidencia. Estoy enamorado de una dama de la mayor distinción y desearía que me ayudarais a redactar una misiva que quiero depositar a sus plantas.

FILÓSOFO. – No hay inconveniente.

JOURDAIN. – Será una galantería, ¿verdad?

FILÓSOFO. – Sin duda alguna. ¿Y son versos los que queréis escribirle?

JOURDAIN. – No, no; nada de versos.

FILÓSOFO. – ¿Preferís la prosa?

JOURDAIN. – No. No quiero ni verso ni prosa.

FILÓSOFO. – ¡Pues una cosa u otra ha de ser!

JOURDAIN. – ¿Por qué?

FILÓSOFO. – Por la sencilla razón, señor mío, de que no hay más que dos maneras de expresarse: en prosa o en verso.

JOURDAIN. – ¿Conque no hay más que prosa o verso?

FILÓSOFO. – Nada más. Y todo lo que no está en prosa está en verso; y todo lo que no está en verso está en prosa.

JOURDAIN. – Y cuando uno habla, ¿en qué habla?

FILÓSOFO. – En prosa.

JOURDAIN. – ¡Cómo! Cuando yo le digo a Nicolasa: “Tráeme las zapatillas” o “dame el gorro de dormir”, ¿hablo en prosa?

FILÓSOFO.- Sí, señor.

JOURDAIN.- ¡Por vida de Dios! ¡Más de cuarenta años que hablo en prosa sin saberlo!…”

* Director de Replanteo


 

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8 opiniones en “La centro-izquierda, el espacio vacante”

  1. Estoy de acuerdo con que los partidos políticos son imprescindibles para lograr una democracia madura. El problema que veo como ciudadano común es que se ha perdido confianza en los partidos por distintas razones, pero principalmente porque la gente tienen la impresión que los políticos están más interesados en su agenda personal que en servir al pueblo, y el pueblo parecería que no termina de aprender la lección de que ningún caudillo nos salvará, sino que debemos construir una democracia entre todos día a día

  2. Doctor rea.lmento leerlo me hace evocar,en parte, a su sr padre. La esencia es la misma. Tal vez la vida complico las cosas. Veo a un radical como los que quiero ver. Convencido. Sabio. Mirando un poco mas alla. Vamos Dr sea ud el próximo presidente.!!!! Si su padre pudo ud también. Gracias eternas!!! Piense que su papi si tuvo Pesada Herencia y jamas se quejo. Siempre hizo lo que debia hacer. Vamos sr!!

  3. Me suscribo a “Replanteo”, la revista on Line que acaba de aparecer, convencido del interesante aporte comunicacional que promete a una ciudadanía parcialmente desinformada sobre cuestiones esenciales para la vida del país y el desarrollo sustentable al que aspiramos, recalando sin duda y particularmente, en aquellas que hacen a la convivencia cívica y a la relación entre el Estado y las personas; ¡siempre presente en las preocupaciones colectivas!

    Tal como lo explica con claridad meridiana Ricardo Alfonsín -su creador-, la publicación viene a llenar un espacio vacío de trascendente temática en el escenario mediático, que acusa omisiones, ausencias y olvidos de gran entidad, pues revisten sin duda, importancia significativa actual y se proyectan hacia el futuro con sustantiva relevancia, en tanto muchos de tales tópicos entrañan un potencial social, económico, cultural y por tanto Político, que impacta -o impactará-, de lleno en el seno de la sociedad afectándonos a todos.

    Además del plural canal de comunicación que inaugura, tendrá la virtud de generar un ámbito de debate que permitirá indagar sobre la identificación -indispensable para combatirla-, de los factores que caracterizan la crisis cívica que padecemos, asociada el enervamiento de las agrupaciones partidarias, que trasciende nuestras fronteras y amenaza la Democracia, mostrando sus nocivos efectos pero develando también, sus causas que – tengo para mí-, convergen en el eclipse de valores éticos del posmodernismo.

    ¡Felicitaciones por la iniciativa, que abre un ámbito dinámico, plural y abierto a todas las voces, constituyendo una valiosa contribución a la ilustración y el esclarecimiento de la opinión pública!

  4. Coincido plenamente en la necesidad de llenar ese espacio vacío, de centro izquierda o socialdemócrata, de reconstruir una “identidad radical” coherente con la historia grande de la U.C.R., diferente al kirchnerismo y al macrismo. Para eso es necesario expresarse con claridad ideológica y “no titubear” en levantar esas banderas que lejos están de lo que representa el gobierno de Macri. Desde la convención de 1990 se viene discutiendo a donde debe ir el Radicalismo, atento a la penetración de las ideas y valores neoconservadores en muchos sectores internos durante la década menemista. Aun hoy se pueden escuchar voces como las de Aguad señalando que “el Radicalismo nunca fue socialdemócrata”. No son dos posturas: una más progresista y otra más moderada! Son posiciones absolutamente contradictorias! La gran contradicción es creer que un “furgón de cola” puede “darle un matiz radical” a un proyecto que nos conduce a una restauración de la república conservadora!

  5. Qué alegría leerte Ricardo! qué bueno es encontrar una publicación online con el tratamiento de temas y desde visiones no experimentadas por el grueso de la prensa convencional. Deseo lo mejor a esta nueva incursión periodística y con calidad, la cual difundiré. Un fuerte abrazo!

  6. No creo que el radicalismo debe ocupar lugar alguno, sino que en mi modesto entender debe desempeñar un único papel, el que ocupo siempre, el de garante del sistema, el de la lucha por la libertad y la lucha contra el populismo y por supuesto el respeto por el individuo. El radicalismo así ha pasado a ser como la iglesia, readecuando dogmas para ser estar cerca de la gente, pero llena de curas pedofilos que atentan contra su esencia. Eso somos, un partido donde se discute ideologías, pero llena de dirigentes sin compromiso alguno y con un apego demasiado grande a una vieja estructura

  7. Realmente sorprende pero Bien lo expuesto, o hay crecimiento o interior o mejor callo x Respeto. Pero que los grises dure lo mismo el Crecer da dolor

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