Ganadores y perdedores del nuevo modelo

Por Agostina Costantino

Un análisis sobre los “ganadores y perdedores” de un esquema económico trae consigo una premisa básica: la política no es un juego de suma positiva en el cual, adoptando determinadas medidas, todos los sectores de la sociedad pueden resultar beneficiados en algún sentido. La aplicación de las políticas públicas es resultado de la puja y presión que los distintos grupos de interés ejercen sobre el gobierno. Esto no supone considerar que el Estado es simplemente un “aparato de dominación de la clase dominante” sino que, a pesar de estas pujas, siempre conserva cierto grado de autonomía que le permite administrar distintos tipos de concesiones, también a los “perdedores” de un esquema determinado.

En el último año y medio ha proliferado una argumentación que describe como “ceo-cracia” al gobierno de Mauricio Macri.  Alude, supuestamente, a que las transferencias realizadas a determinados actores concentrados de la economía respondieron a la presencia, dentro del gobierno, de personas directamente relacionadas con estas empresas. Esta afirmación desconoce lo dicho en el inicio de esta nota. No es necesario que los funcionarios sean empresarios o gerentes para que las políticas favorezcan a un sector. De hecho, el “éxito” de la hegemonía de la gran burguesía industrial durante el kirchnerismo se logró sin que los gerentes de estas empresas estén  nombrados como ministros o secretarios.

La fracción que se vuelve hegemónica en dentro del bloque en el poder es aquella que define la forma en que se acumula y reproduce el capital en un momento determinado. Y, al mismo tiempo, es la que ordena el discurso y la estructuración de las políticas públicas a su favor. Todo esto sin ser necesariamente la emisora de este mensaje.

El discurso del gobierno actual en torno a ser “el supermercado del mundo”, “volver al mundo”, “liberar a la economía del cepo cambiario en el que se encontraba”, marca el giro que se produjo a partir de la llegada de Macri, el cambio de la fracción predominante dentro del bloque en el poder. Como veremos a continuación, dentro del conjunto de las clases dominantes, los sectores más favorecidos por las políticas de los últimos meses volvieron a ser el sector primario, el financiero y algunos servicios. Esto fue en detrimento del sector industrial, que era el que dirigía la acumulación durante la etapa kirchnerista.

El giro

Los principales instrumentos de política que comenzaron a aplicarse a partir de diciembre de 2015 y definieron el mapa de ganadores y perdedores fueron: la devaluación del peso de alrededor del 60%; la eliminación de derechos de exportación al trigo, maíz, carne, productos regionales, petróleo y productos mineros; y la disminución en el caso de la soja. Hubo un aumento en el precio local de los hidrocarburos, en parte por la devaluación, pero también por regulaciones directas. Se impulsó un aumento sideral de las tarifas de los servicios públicos, la desregulación del comercio exterior; la eliminación de los controles de capitales a la compra de divisas (fin del cepo); y una política contractiva del Banco Central, que mantuvo en valores muy elevados las tasas de interés para la colocación de deuda.

Una forma de observar el impacto de estas medidas sobre los distintos sectores es a través de la participación en el Valor Agregado Bruto (VAB). Es el valor total producido en la economía durante un período de tiempo.

Como puede verse en la tabla 1, el impacto de las medidas anteriores es directo. Todas las ramas primarias (agricultura, ganadería, caza y silvicultura; pesca; y explotación de minas y canteras) aumentaron su participación en el VAB entre 2015 y 2016. Del mismo modo, el tarifazo permitió que los sectores de electricidad, gas y agua encontraran entre los ganadores.

Otro de los grandes protagonistas de esta etapa es el sector financiero, con un aumento del 11,9% de participación en el VAB.

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Tabla 1. Participación porcentual y tasa de crecimiento de la participación de las distintas ramas en el VAB, 2015 y 2016

RAMA DE ACTIVIDAD

2015 2016

Tasa de crecimiento 2016/2015 (%)

RAMAS GANADORAS AGRICULTURA, GANADERÍA, CAZA Y SILVICULTURA  

5,7

 

7,2

 

25,61

ELECTRICIDAD, GAS Y AGUA  

0,3

 

1,6

 

15,43

PESCA  

1,4

 

0,3

 

14,46

INTERMEDIACIÓN FINANCIERA  

4,1

 

4,6

 

11,93

EXPLOTACIÓN DE MINAS Y CANTERAS  

3,9

 

4,0

 

2,68

SERVICIOS SOCIALES Y DE SALUD  

5,9

 

6,2

 

2,65

TRANSPORTE Y COMUNICACIONES  

6,3

 

6,7

 

0,54

 

ENSEÑANZA

 

6,8

 

6,4

 

0,24

RAMAS PERDEDORAS  

ADMINISTRACIÓN PÚBLICA Y DEFENSA; PLANES DE SEGURIDAD SOCIAL DE AFILIACIÓN OBLIGATORIA

 

11,4

 

9,4

 

-1,23

COMERCIO MAYORISTA, MINORISTA Y REPARACIONES  

14,6

 

14,2

 

-1,67

ACTIVIDADES INMOBILIARIAS, EMPRESARIALES Y DE ALQUILER  

3,6

 

11,4

 

-2,00

OTRAS ACTIVIDADES DE SERVICIOS COMUNITARIAS, SOCIALES Y PERSONALES  

0,9

 

3,5

 

-2,87

HOGARES PRIVADOS CON SERVICIO DOMÉSTICO  

9,3

 

0,9

 

-3,73

HOTELES Y RESTAURANTES  

2,6

 

2,4

 

-4,16

INDUSTRIA MANUFACTURERA  

17,4

 

16,4

 

-4,76

CONSTRUCCIÓN  

5,7

 

4,7

 

-15,91

VALOR AGREGADO BRUTO A PRECIOS BÁSICOS  

100

 

100

Fuente: Elaboración propia en base a INDEC.

Dentro de los grandes perdedores de estas políticas se encuentran las ramas de la industria manufacturera y la construcción, que perdieron, respectivamente, un 4,8% y un 15,9% de participación en el VAB entre 2015 y 2016.

Es necesario aclarar que la caída de estos sectores sigue una tendencia que venía desde hace algunos años: la participación de la industria presentaba una caída promedio anual del 2,4% desde el 2004 y la construcción había comenzado a perder participación, desde el 2014, con una caída promedio del 6,6% anual.

Estos datos muestran los límites que el modo de acumulación estaba presentando durante el kirchnerismo.

Ahora bien, podría argumentarse que este reacomodamiento de sectores responde a que el nuevo paquete de políticas habría generado una serie de incentivos para que los “ganadores”  produzcan más, elevando la productividad de toda la economía. Sin embargo, no parece ser ésta la situación. El próximo gráfico mostrará la tasa de crecimiento de la participación de las distintas ramas en el VAB (tal como la mostramos en la tabla anterior), en relación a otros dos indicadores: la tasa de crecimiento del Índice de Volumen Físico (IVF), que mide la producción física de bienes, y la tasa de crecimiento del Índice de Precios Implícitos (IPI) entre 2015 y 2016.

Como se observará, en todos los casos, las ramas ganadoras aumentaron su participación en el VAB exclusivamente por un cambio en los precios relativos a su favor. Incluso en el sector agrícola, el financiero y el minero, hubo una caída de la producción física de 2016 respecto al 2015. Es decir, se producen menos bienes pero son más caros. De este modo, aumentan su participación en el valor agregado total de la economía sin incrementar la productividad.

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Gráfico 1. Tasa de crecimiento de la participación de las distintas ramas en el VAB, tasa de crecimiento del IVF según rama y tasa de crecimiento del IPI según rama, entre 2015 y 2016

Fuente: Elaboración propia en base a INDEC.

Además, en todos estos casos los precios aumentaron más que el promedio de los precios de toda la economía. Las ramas perdedoras, por su parte, presentan aumentos en sus precios menores que el promedio general. Incluso en algunos casos como la industria y la construcción, también disminuyen en términos absolutos los valores producidos anualmente.

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Gráfico 2. Puestos de trabajo registrados por sector de actividad económica en el sector privado, entre 2015 y 2016

Fuente: Elaboración propia en base a INDEC.

Este comportamiento de los valores producidos, los precios y volúmenes físicos de cada sector, refleja cómo el poder y la presión ejercida por los distintos grupos sobre el gobierno puede redundar en mejoras de sus posiciones. No es un efecto del equilibrio de las libres fuerzas del mercado. Es el resultado de políticas específicas y del poder de las fracciones hegemónicas del capital. De más está decir (aunque nunca esté de más) que el más claro perdedor de este último año y medio fue la clase trabajadora. Vio disminuida su capacidad adquisitiva por la elevada inflación y el reacomodo produjo una fuerte ola de despidos en prácticamente todos los sectores. Los hubo en la industria y la construcción, por la caída de la actividad, pero también en los sectores primarios, los “ganadores”, ya que tienen una muy baja demanda de fuerza laboral, y además, produjeron menos que el año previo, como se vio en el gráfico.

 

*  Investigadora postdoctoral del CONICET en el IDAES (UNSAM)


 

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