Las consecuencias del “pregonado” libre comercio

Por Ricardo Alfonsín*

Aunque sea una obviedad, es necesario remarcar que el funcionamiento de la economía determina en gran medida las condiciones de vida de una sociedad. Por eso resulta fundamental el derecho de los ciudadanos a participar en la discusión sobre cómo organizar esa dimensión de lo social. Igual de evidente es que la política de comercio exterior de una nación puede tener efectos negativos sobre el conjunto de sus habitantes.

Por eso es que llama tanto la atención que, cuando en nuestro país se habla del tema, no se haga otra cosa que repetir: “Argentina debe reinsertarse en el mundo”. La frase es un significante vacío.

Hay algunos que van más allá y proponen la celebración de acuerdos de libre comercio en su formato neoliberal. En este caso sorprende la ausencia de un debate público, informado, en el que se escuchen más ideas.

En una conferencia, que puede verse en youtube, el profesor de Economía Aplicada en la Universidades de Sevilla y Málaga, Juan Torres López, ironiza sobre un artículo escrito por un economista de la derecha española. La nota del economista se titulaba “No te protegerás de tu prójimo”.

Torres López sostiene que el artículo reproducía los fundamentos que suelen utilizar los países más desarrollados para convencer a los que no lo son de las virtudes de abrir la economía. Y que se parecen a los que utilizaría un zorro para convencer a las gallinas de que abran las puertas del gallinero. “Así podréis pasear a vuestras anchas y ver otros lugares. No tendríais que vivir encerradas y siempre con pocos metros cuadrados a vuestro alrededor”. “Si abrís vuestras puertas, los animales más generosos y simpáticos del reino vendrán a visitaros y os colmarán de riquezas cuando os compren y paguen muy bien vuestros huevos”.

Es lógico, dice Torres, que el zorro intente engañar a las gallinas con buenas palabras y promesas de una vida mejor. El académico remarca que si, en cambio, les dijera “oigan, abran sus puertas que voy a zampármelas esta misma noche”, las gallinas se hubieran protegido convenientemente.

El profesor de la Universidad de Sevilla nos advierte que esto es lo que ocurre entre las naciones: los países más desarrollados, las grandes corporaciones y sus voceros neoliberales, intentan convencer a los menos desarrollados, de que lo mejor para sus intereses es abrir de par en par las puertas de sus economías.

Y, agregaría yo, competir, supuestamente, de igual a igual.

Las enseñanzas de Chang

Ha-Joon Chang es un economista surcoreano, profesor en la Universidad de Cambridge y autor de diversos textos. En alguno de ellos, formula críticas metodológicas a la escuela económica neoliberal. Dice que es ahistórica, que prescinde de la Historia. Quizás sea porque ésta no avala sus teorías.

Esa prescindencia le sirve para sostener que los países altamente desarrollados, industrializados, alcanzaron esa condición aplicando políticas de libre comercio, es decir, que no protegieron sus economías. Al dar por descontado esto, es natural que establezcan una relación de causa-efecto entre abrir la economía y el desarrollo económico.

Chang demuestra, de manera muy documentada, que las cosas fueron exactamente al revés. Señala que esos países recién abrieron más sus economías cuando se habían desarrollado, nunca antes. Y empezaron a predicar las virtudes de esas políticas cuando comprobaron que eran más competitivos que el resto. Antes, sus gobiernos se dedicaron a proteger la industria local y cualquier otra actividad productiva considerada estratégica. Lo hicieron con altísimos aranceles, con subsidios, con créditos, con inversión en investigación y desarrollo, con reservas de sectores económicos para el capital nacional y, agrego yo, hasta con cañoneras. Inglaterra lo hizo hasta la segunda mitad del siglo XIX y Estados Unidos hasta la segunda del XX.

Finalmente, Chang sostiene que muchos de los que defienden las virtudes del libre comercio dicen cosas que teóricamente no están corroboradas y que además, en esos dichos, hay mucha hipocresía.

Otro mito que desmonta es el que sostiene que los países descolonizados no alcanzaron mayores niveles de crecimiento y desarrollo después de su independencia porque optaron por el proteccionismo. Los trabajos del economista surcoreano prueban que las performances económicas de esas naciones durante los años de protección fueron mejores que las que se registraron desde que comenzaron a aplicar las recetas del libre comercio, dominantes en el mundo desde los años ‘80.


Los países hoy desarrollados fueron proteccionistas mientras cimentaban su industria. Abrieron la economía sólo cuando supieron que ganarían la competencia


La literatura de Tezano

Permítanme ahora, con cierta recreación propia, contar la original ocurrencia literaria de José Félix Tezano, catedrático de Sociología y director del Departamento de Sociología III de la UNED, en España, sobre el posible libre comercio interplanetraio

Resulta que grandes naves espaciales provenientes de una civilización muy avanzada establecen contacto con la tierra. Son empresarios extraterrestres que quieren ampliar mercados para su producción. Ofrecen exportar desde su planeta, a precios mucho más baratos y con una calidad muy superior a la terrestre, casas, autos, trenes, helicópteros, aviones, barcos, computadoras, televisores, neumáticos, relojes, bicicletas, heladeras, camisas, corbatas, fertilizantes, gaseosas, champú, energía. Y todo lo demás que consumimos en la tierra. Es que se trata de una civilización mucho más avanzada que la más desarrollada de las nuestras.

Inmediatamente, el establishment internacional (gobiernos, empresarios, economistas) pone el grito en el cielo. Reclama a todos los países del planeta la adopción de medidas que protejan la industria y el mercado terrestre, que frenen las importaciones, que cuiden el trabajo y establezcan aranceles, (valga la redundancia) astronómicos. Pide que se formen áreas de inversión reservada, que se impida la radicación de fábricas extraterrestres y otras herejías por el estilo. ¡Al diablo con el libre comercio!

Los visitantes cósmicos, relata Tezanos, no pueden creer lo que escuchan.

Habían recorrido todo el universo y sólo en la Tierra habían encontrado que se tuvieran tan claras las ventajas del libre comercio. Por eso habían llegado a nuestro planeta.

No pueden entender, ahora, que el establishment terrestre sostenga algo tan opuesto a lo que con tanta fuerza persuasiva recomienda a los países de África, de Asia, de América Latina.

Reflexiones finales

Lo central es la necesidad de promover una reflexión sobre cómo debe relacionarse económicamente un país con los otros, si lo que quiere es beneficiar a su economía y al conjunto de la sociedad. Esta es la pregunta a responder.

A diferencia de los economistas neoliberales, los autores mencionados no creen en la universalidad de una receta. Yo tampoco. No niegan que la existencia de otros países y la posibilidad de comerciar con ellos pueden representar una oportunidad para el desarrollo. El aislamiento es una tontería tan grande como la aceptación ingenua del libre comercio y también carece de fundamento empírico. El punto es cuál es la mejor manera de relacionarse con el mundo para el interés nacional.

Es obvio, por ejemplo, que un país con desarrollo industrial no tendrá las mismas políticas que uno especializado en materias primas. La política comercial no es una variable independiente. Entre otras cosas depende del tipo de economía que cada sociedad se proponga como más beneficiosa para su gente, que es una definición esencialmente política y no técnica, que a su vez debe analizar, entre otros factores, la dotación de recursos naturales, la geografía, la demografía, la ciencia, la tecnología y la geopolítica.

La definición de la política comercial no es una cuestión tan sencilla como para adscribir a un recetario universal.


Hay intentos de firmar nuevos tratados que implican renunciar a potestades de soberanía legislativa, judicial, ambiental y laboral


Para dimensionar la complejidad, cabe remarcar que lo más conveniente para un país puede cambiar con el tiempo. Un ejemplo es lo que ocurrió con el Acuerdo de Libre Comercio e Inversiones Transatlántico (TTIP), que aspiraban (habrá que ver qué ocurre finalmente) a celebrar EEUU y la Unión Europea. Sus condiciones eran muy diferentes a las que proponía el viejo recetario del libre comercio. Iban mucho más a fondo. No sólo se reducían aranceles y subvenciones sino que se homologaban, a la baja, leyes ambientales, laborales y sanitarias. Se cedían potestades judiciales y legislativas. Los contenidos eran muy parecidos a los que tenía el, hasta ahora también suspendido, Acuerdo Transpacífico de Libre Comercio e Inversiones (TTP), que aspiraban a cerrar EEUU con varios países del Pacífico. Algunos querían que Argentina se sumara.

El debate sobre estos tratados en la Unión Europea fue y es muy amplio. Movilizó a distintos sectores sociales, preocupados por las consecuencias que el TTIP podía tener en términos políticos, económicos, laborales, sociales, ambientales y fiscales.

Sería bueno que en la Argentina asumiéramos esta cuestión como un tema central de la agenda pública. Que empezáramos a conocer y discutir los términos del acuerdo de libre comercio e Inversiones con la Unión Europea y también los de los eventuales acuerdos bilaterales.

Y acerca de la necesidad de encarar estas definiciones desde un Mercosur, que debe ser estabilizado y fortalecido. Seguro que así los resultados a los que podríamos arribar serían más convenientes.

 

* Director de Replanteo


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3 opiniones en “Las consecuencias del “pregonado” libre comercio”

  1. Lúcido análisis de Ricardo Alfonsín, respecto del cual me permito -muy lejos de dominar la temática económica-, una apostilla que abona la tésis que
    sostiene respecto de la política proteccionista de los países más desarrollados.
    EE. UU. tiene clausurado el ingreso de escobas de paja de Guinea -clásica materia prima proveniente del tercer mundo-, pues compite con las producidas localmente por la poderosa industria del plástico.
    Y más actual aún; la reticente como errática actitud de aquél Estado, para abrir la puerta a nuestra rica producción de limones, de tanta incidencia en la economía y el trabajo de una vasta zona con epicentro en la Provincia de Tucumán.
    “Para muestra…”; reza el refrán. Pues aquí está con todo rigor empírico, el “botón” para demostrarlo.

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