Paco: ¿cómo enfrentar el flagelo?

Por José Milei *

El uso indebido de drogas se ha convertido en un grave problema a nivel mundial. En nuestro país, en los últimos años, se ha incrementado en más del 200% el consumo de pasta base de cocaína, conocida como “paco”.

A pesar de ser un producto intermedio en la elaboración de la cocaína, y de que muchos de sus efectos son atribuibles justamente a la cocaína que contiene, el “paco” produce un cuadro clínico claramente distinto al observado en los consumidores del “polvo blanco”. Esto puede deberse, en parte, a la “impureza” de esta droga.

A pesar del gran impacto social producido por su consumo, poco se sabe sobre su composición química, y menos aún sobre sus efectos crónicos en los distintos órganos ni sobre su fisiopatología. Si bien existe material de autopsia de drogadictos, los hallazgos están contaminados por la coexistencia en un mismo paciente de múltiples tóxicos, como alcohol, cocaína, marihuana, tabaco, sedantes, hipnóticos, etcétera.

En Argentina existen estudios acerca de la composición química del “paco”. Pero no hay estudios sobre las lesiones anatómicas ni los trastornos conductuales que produce su consumo crónico.

¿Qué es el “paco”? Es una droga relativamente nueva, pasta base de cocaína o su apócope. Es el producto intermedio en el proceso de extracción y “purificación” del clorhidrato cocaína o benzoilmetilecgonina, que es un alcaloide natural que se obtiene a partir de las hojas del arbusto Erythroxylon, la coca. Para obtener la “purificación” se utilizan solventes orgánicos como éter, tolueno o kerosene. También se aplican otros productos como ácido sulfúrico, permanganato de potasio o ácido clorhídrico.


En nuestro país, en los últimos años, se ha incrementado en más del 200% el consumo de pasta base de cocaína.


La pasta base, el paco, es, a su vez, adulterado por los “vendedores minoristas”. Suelen agregarle adulterantes inactivos para “estirarlo”, tales como talco y lactosa. En otras ocasiones le ponen adulterantes activos que pueden aumentar o limitar el efecto de la droga. En este caso se usan la cafeína, las anfetaminas y la lidocaína. El paco se fuma solo o mezclado con tabaco o marihuana, o con ambos.

Las distintas sustancias empleadas en su obtención y las utilizadas como adulterantes determinan distintas “calidades” de la droga. Todas ellas están englobadas bajo el nombre de “paco”, pero pueden contener muy disímiles sustancias con diversos efectos tóxicos.

En referencia a su composición aparecen otros alcaloides como la norcocaína, truxilinas, cinamocylocaína. Y hay otros, más complejos, sin identificar y de toxicidad aún no determinada.

 El “paco” ¿producto local?

De acuerdo con el estudio del año 2006 de la Transnacional Institute, el “paco” en Argentina surge como consecuencia de cambios en la producción, comercio y tráfico del clorhidrato de cocaína. La disponibilidad, y el mejor precio de los precursores químicos necesarios para la producción de cocaína, favoreció la producción local. Esto hace que el país haya dejado de ser sólo de tránsito y que se haya incrementado el número de consumidores.

La Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación (SEDRONAR), en marzo de 2007, presentó el informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, a partir del cual la organización de las Naciones Unidas advirtió sobre el incremento de más del 200% en el consumo de “paco” en Argentina.

Desde el punto de vista social, el informe enfatizó que los consumidores estaban fuera de los servicios de atención primaria, pertenecían a familias disfuncionales y mostraban mayor deserción escolar y dificultad para conseguir trabajo.

Más recientemente, la oficina de las Naciones Unidas contra las drogas y el delito, en el informe mundial sobre las drogas del año 2013, ubicó a la Argentina entre los países en los que el uso de cocaína en la población comprendida entre 15 y 64 años es del 0,51 al 1 por ciento.

Además, cuando comparó la distribución de consumidores de cocaína por prevalencia anual, entre período 2004-2005 y el 2011, indicó que América Latina y el Caribe aumentaron de un 15 a un 21% sus consumidores.

En América del Sur, el primer estudio comparativo sobre consumo de drogas y factores asociados en población de 15 a 64 años involucró a seis países. Fueron Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay. En relación al consumo de pasta base, el informe mostró que los niveles de consumo son similares en Argentina, Chile, Perú y Uruguay, con cifras que oscilaron entre un 0,4 y el 0,6% de la población de 15 a 64 años. Hubo una prevalencia mayor en el sexo masculino, en la franja de 15 a 34 años.

Yendo específicamente a nuestro país, de acuerdo a este informe, se presentó el mayor porcentaje de usuarios con signos de dependencia. El 63 por ciento. Además se observó que un 25 por ciento de las personas consumieron “paco” lo hicieron por primera vez a los 14 años o antes. Es una situación favorecida por un fácil acceso a la droga por oferta directa y una baja percepción de riesgo.


Un 25 por ciento de las personas consumieron “paco” lo hicieron por primera vez a los 14 años o antes de esa edad.


El consumo amplifica la vulnerabilidad social del usuario y de su familia en los barrios más carenciados, ubicados en la periferia de la ciudad. Además, se afianza la captación de miembros para la red de tráfico. Esto ha convertido, desgraciadamente, al “paco” en un producto local.

 ¿Qué efectos produce?

Los efectos deletéreos de la droga se pueden dividir del siguiente modo:

1) Etapa de euforia: sensación de bienestar, disminución de inhibiciones, sensación de placer, éxtasis, intensificación del estado de ánimo, cambios en los niveles de atención, hiperexcitabilidad, sensación de ser muy competente y capaz, aceleración de los procesos de pensamiento, disminución del hambre, el sueño y la fatiga, aumento de la presión sanguínea, la temperatura corporal y el ritmo respiratorio.

2) Etapa de disforia: angustia, depresión e inseguridad, deseo incontenible de seguir fumando, tristeza, apatía, indiferencia sexual.

3) Etapa en que la persona empieza a consumir ininterrumpidamente cuando aún tiene dosis en la sangre para evitar la disforia.

4) Etapa de psicosis y alucinaciones: psicosis o pérdida del contacto con la realidad, la que puede darse después de varios días o semanas de fumar con frecuencia. Esta etapa puede durar semanas o meses. Las alucinaciones pueden ser visuales, auditivas, olfatorias o cutáneas.

Otros efectos físicos que se pueden observar por el consumo prolongado o crónico son: pérdida de peso, palidez, taquicardia, insomnio, verborrea, midriasis, náuseas y vómitos, sequedad de la boca, temblor, hipertensión arterial, falta de coordinación, dolor de cabeza, mareos, prurito.

Lamentablemente existen escasas publicaciones médicas sobre el tema. Desde el punto de vista clínico se ha señalado que los pacientes presentan síntomas respiratorios. Las manifestaciones prevalentes son: tos con expectoración, disnea, broncoespasmo y alteraciones electrocardiográficas. Por otro lado, la detención del consumo es caracterizada por un fuerte y profundo síndrome de abstinencia, que incluye una depresión severa, irritabilidad e ideas suicidas.

¿Existen estudios experimentales?

Desgraciadamente no. Por se ha propuesto utilizar, por primera vez, a la rata como modelo animal de la intoxicación por “paco”. Con el apoyo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la SEDRONAR se desarrolló y fabricó una máquina que permite la exposición de las ratas a los humos de la droga y el posterior estudio de sus consecuencias crónicas a nivel anatómico, fisiológico y comportamental.

Esperamos que los resultados obtenidos de esta investigación puedan contribuir a mejorar el conocimiento de la clínica y el tratamiento para los adictos. De cualquier manera, sólo la acción mancomunada del Estado, de las organizaciones sociales y sanitarias, y de la ciudadanía podrán erradicar el flagelo.

 

* Profesor Emérito de la UBA, Investigador Superior del CONICET


 

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