Reflexiones sobre el voto a Cambiemos

Por Ricardo Alfonsín*

Este artículo pretende centrarse en la reflexión acerca de cuáles fueron las motivaciones de quienes apoyaron a Cambiemos en las PASO y no en el análisis de todas las otras opciones que tuvieron los ciudadanos.

Antes vienen bien algunas aclaraciones. Esta es una tarea que no puede ser sino conjetural. Muy influidas, además, por el conjunto de ideas, valores y hasta sentimientos que sirven de marco analítico a quien la realiza. La mejor manera de identificar las razones de cualquier opción electoral sería, preguntarle a cada uno de los votantes. Naturalmente, y por varias razones obvias, debemos descartar esa posibilidad.

Es cierto que fueron más los que no votaron a Cambiemos que los que sí lo hicieron. Es un dato a tener en cuenta. Y oportunamente lo haremos. Pero lo mismo se puede decir del resto de los partidos. Dicho sea de paso: llama la atención que las fuerzas de la oposición pretendan utilizar este razonamiento para relativizar el triunfo del oficialismo. El argumento se les vuelve como un boomerang. Lo cierto es que el oficialismo sacó más votos que cualquier otra fuerza de la oposición, o, dicho de otra manera, ninguna fuerza de la oposición obtuvo tantos votos como Cambiemos.

Está claro que no todos los que votan a un partido lo hacen por el mismo motivo. Sin embargo, aún con las reservas que se hicieron al inicio de esta nota, creemos que es posible identificar ciertos determinantes.

Vayamos al grano. La primera verificación que se puede hacer es la siguiente: es claro que quienes votaron a Cambiemos no lo hicieron por la situación económica, sino a pesar de ella. Es evidente que, desde el punto de vista económico, las cosas no han mejorado. Sobre todo aquellas que más afectan al conjunto: la inflación, la recesión, la pobreza, el empleo.


Quienes votaron a
Cambiemos no lo hicieron
por la situación económica 
sino a pesar de ella.


A pesar de esto, el oficialismo obtuvo más votos que en las PASO del año 2015. Es cierto que menos que los que consiguió en la primera vuelta de ese año, pero no son elecciones comparables. Es probable que en este octubre Cambiemos supere los votos obtenidos en las PASO. Tampoco es posible invocar en el análisis un supuesto sesgo sociológico. El voto al oficialismo fue socialmente transversal.

A pesar pues, de las dificultades económicas, el gobierno ha recibido un nuevo voto de confianza. Le han renovado el crédito. Es más, como dijimos arriba, ha recibido un crédito superior al que se le había otorgado en las PASO previas a la elección presidencial.

Compartimos con otros análisis que hemos leído, el argumento de que en la renovación del voto de confianza desempeñó un rol muy importante la idea de que lo peor que podía pasarle a los argentinos, era el regreso de quienes fueron reemplazados en el gobierno en elecciones del 2015. Y no sólo lo peor en términos económicos sino también republicanos y democráticos. Incluso en términos de paz social.

En otras palabras, más que la conformidad con el presente, es el miedo “al retorno del pasado” lo que explica que los acompañamientos al oficialismo, no sólo sean mayores que los que recibieron el resto de las fuerzas individualmente, sino que los que el propio Cambiemos había obtenido hace dos años.

Esta idea fue muy utilizada en las elecciones presidenciales del 2015 por todos los partidos de la oposición. Y no sólo por ellos. Y prendió en franjas importantes de la sociedad. Esa idea, con el transcurso del tiempo y las dificultades económicas, lejos de debilitarse, se potenció. Venezuela y Santa Cruz, quintaesencia del kichnerismo, aportaron a ello. No creo que sea necesario explicar las razones.

Es necesario destacar dos factores que, a nuestro juicio, atenuaron la responsabilidad de Cambiemos en la percepción ciudadana, respecto de ciertas complicaciones económicas y sociales registradas durante sus casi dos años de gestión. Uno tiene que ver con el hecho de que, en gran parte de la sociedad, se instaló la idea de que la superación de la herencia recibida obligaba a tomar decisiones que no mejorarían la situación económica sino que, transitoriamente, podían complicarla. El otro elemento que también atenuó eventuales responsabilidades, tiene que ver con la idea de que las inversiones que hubieran facilitado la transición y acelerado el ritmo de recuperación de la economía, no llegaron porque los inversores tenían dudas acerca de lo que podía ocurrir en las elecciones de medio término. Este argumento se empleó y seguirá empleándose hasta octubre.

Alguien podría decir que las cuestiones aludidas no necesariamente debían jugar a favor del oficialismo. Y es cierto, podrían haber beneficiado a otras fuerzas políticas que, sin ser kirchneristas, competían con Cambiemos.

A nuestro criterio, hay dos elementos que explican que eso no haya ocurrido. Por un lado, Cambiemos no es una fuerza política más. Es el oficialismo. Es la que gobierna. Y gran parte de la sociedad pensaba que podían producirse serios problemas de gobernabilidad, si el oficialismo era derrotado en las elecciones de medio término. Independientemente de cuál fuera la fuerza que lo hiciera. Por otro lado, estaba instalado en la mayoría de los argentinos la convicción de que si no ganaba Cambiemos, lo haría Unidad Ciudadana.

Dije antes que el oficialismo había hecho méritos para obtener un nuevo voto de confianza. Podemos mencionar, por ejemplo, la normalización y sinceramiento de las estadísticas, aún a sabiendas de que los datos podían no beneficiar al gobierno. Es algo básico, pero no era lo que ocurría. La seriedad, sobre todo en momentos económicamente difíciles, es un valor muy influyente en política y fue inteligente el esfuerzo de comunicación que se hizo desde el ejecutivo para que se advirtiera lo que en este sentido representaba la normalización estadística. También fue muy efectiva la comunicación con la que el oficialismo logró que se le atribuyeran los méritos de la recuperación del diálogo entre las distintas bancadas del Congreso. El dialogo, debido a la correlación de fuerzas, era inevitable. Está aún por verse si su práctica, obedece a una convicción. Pero, para gran parte de la sociedad, esto ya está demostrado. El avance de la Justicia respecto de casos de corrupción es otro elemento que jugó a favor. Es cierto que los poderes deben ser independientes, pero no siempre lo son. Y la percepción de un sector de la ciudadanía es que se ha avanzado en esa dirección. De la definición del combate al narcotráfico como objetivo central de la gestión puede decirse lo mismo. La actitud negatoria respecto del tema por parte del anterior gobierno generó angustias en la sociedad. Otra cuestión es si las políticas actuales son efectivas o no. Pero por ahora el reconocimiento del flagelo y el otorgamiento de carácter prioritario a su combate, son elementos que aportaron a la confianza en el gobierno.

A las razones expuestas hasta ahora, deberíamos agregar la eventual influencia de cuestiones ideológicas. Mucho se habla de que la gente está despartidizada o desideologizada. Para algunos esto representa un progreso en la cultura política. O eso dicen. Creemos todo lo contrario. Y si bien es cierto que gran parte de la sociedad está desideologizada, a nuestro juicio hay un voto ciudadano, cuyo porcentaje es difícil de conocer, que está ideológicamente determinado.

Cambiemos es un frente plural. Reúne fuerzas distintas y electorados distintos. Tiene tres alas: la liberal, representada por el PRO; la de centro, representada por la CC; y la de centro izquierda, encarnada por la UCR. El tema es que, como consecuencia del resultado de las PASO del año 2015, Cambiemos esta hegemonizado por el PRO.

Concretamente: nadie piensa, debido al rol que a sí mismos se asignaron los partidos que integran la coalición, que las políticas definidas por el gobierno puedan estar influidas por otra fuerza que no sea el PRO.

No podemos decir qué porcentaje representa, pero hay en la Argentina una proporción de ciudadanos que adhiere a la idea liberal de que lo mejor que puede pasarle a cualquier país es que los gobiernos se abstengan lo máximo posible de intervenir en la economía. Esos ciudadanos votaron al oficialismo por razones ideológicas.

Pero no todo el voto a Cambiemos es una apuesta al liberalismo. Probablemente el voto mayoritario hoy sea el no ideológico. Y así como hay un voto liberal en lo económico, que ve en el PRO su expresión más confiable, también hay un voto que adhiere a ideas diferentes a las del liberalismo económico pero que, por las razones expuestas antes, en esta coyuntura histórica está dispuesta a continuar apoyando al gobierno con la esperanza, hasta ahora frustrada, de que el resto de las fuerzas que componen la coalición puedan equilibrar la orientación de la gestión.


No todos
los 
votantes de Cambiemos
apuestan
y creen en el liberalismo
ideológicamente.


Reiterando la subjetividad de esta interpretación sobre las elecciones, terminamos con dos apreciaciones. En primer lugar, sería un error creer que los elementos considerados en este artículo seguirán pesando de la misma manera hacia adelante. Y en segundo término, la principal responsabilidad del gobierno es resolver los problemas de los argentinos. No ganar elecciones. El oficialismo de los años ’90 las ganaba pero no resolvía los problemas. Generaba la ilusión de hacerlo, pero no hacía otra cosa que agravarlos. El tiempo lo demostró.

Se pueden ganar elecciones, resolver los problemas, progresar con solidez y de manera sostenida. No hay incompatibilidad entre estos objetivos. Se necesitan liderazgos democráticos y estatura de estadista. Una condición necesaria para ello es comprender en serio que nadie es dueño de la decisión correcta en política. Que las chances de acertar son mayores cuando el procedimiento de toma decisiones asegura el diálogo y la confrontación de opiniones y argumentos. La disposición al diálogo y al compromiso es una condición política insuficientemente apreciada.

Que esta disposición exista en Cambiemos no es sólo responsabilidad del PRO. Como siempre ocurre con el que gana, tiene mayores responsabilidades, pero el resto de los partidos también son responsables. Ni lavarse las manos, ni la subordinación, ni callar frente a los errores, es lo mejor manera de contribuir con el gobierno, mucho menos con los argentinos. Algo muy parecido a esto repetíamos muchos durante la anterior gestión. Seguimos pensando igual. Me da la impresión de que no con todos ocurre lo mismo. Algunos, cuando decimos esto, nos responden, igual que lo hacía el kirchnerismo: ¡No hay que disentir. Se le hace el juego al enemigo!

 

* Director de Replanteo


 

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5 opiniones en “Reflexiones sobre el voto a Cambiemos”

  1. No me parece un análisis que refleje realidades, y se sustenta en un pensamiento muy particular, ignorando en el mismo, la importancia de actitudes reñidas con el mandato constitucional y no menciona el amparo mediático que mantiene al electorado ignorando las verdaderas intenciones del gobierno para con la gran mayoría del pueblo. Una descripción sesgada, realizada por quién amparandose en el buen nombre de su padre, lo deslegitima permanentemente con un pensamiento antagónico a lo expuesto reiteradamente por quién llevó con honor ese apellido.

  2. Siempre un gusto leerte Ricardo. Los que votamos a cambiemos, ya no lo hacemos porque somos orgánicos es solo porque no queremos volver al pasado. Pero la sociedad sigue huérfana de una posición socialdemócrata. Nuestras autoridades se encargan muy bien de eso.-

  3. Ucronía es la “reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos”, según el diccionario de la Real Academia Española. También podría relacionarse con la utilización de argumentos contrafácticos. “Ibamos a caer en una (crisis, marasmo, etc) …”, “estábamos por llegar a…”, “frenamos el desastre que se hubiera producido si…” y otras frases por el estilo forman parte esencial del lenguaje ucrónico.Discurso y realidad: la ucronía al poder.Alfredo T. García * (Especial para sitio IADE-RE). Ud. dice:”Compartimos con otros análisis que hemos leído, el argumento de que en la renovación del voto de confianza desempeñó un rol muy importante la idea de que lo peor que podía pasarle a los argentinos, era el regreso de quienes fueron reemplazados en el gobierno en elecciones del 2015. Y no sólo lo peor en términos económicos sino también republicanos y democráticos. Incluso en términos de paz social.En otras palabras, más que la conformidad con el presente, es el miedo “al retorno del pasado” lo que explica que los acompañamientos al oficialismo, no sólo sean mayores…” , “Es necesario destacar dos factores que, a nuestro juicio, atenuaron la responsabilidad de Cambiemos en la percepción ciudadana, respecto de ciertas complicaciones económicas y sociales registradas durante sus casi dos años de gestión. Uno tiene que ver con el hecho de que, en gran parte de la sociedad, se instaló la idea de que la superación de la herencia recibida obligaba a tomar decisiones que no mejorarían la situación económica sino que, transitoriamente, podían complicarla. El otro elemento que también atenuó eventuales responsabilidades, tiene que ver con la idea de que las inversiones que hubieran facilitado la transición y acelerado el ritmo de recuperación de la economía, no llegaron porque los inversores tenían dudas acerca de lo que podía ocurrir en las elecciones de medio término.”. ¿Por que no cita los análisis?, así tener las fuentes, consultarlas, compararlas, criticarlas…El voto fue transversal, provino de todos los sectores sociales. El motivo del apoyo radicaría en un supuesto “miedo al retorno del pasado”. No es muy frecuente escuchar esta frase, sobre todo en sectores populares o medios bajos. Mas bien, al igual que todo lo citado, suena a los discursos que se construyen desde los medios de comunicación concentrados y afines al oficialismo. El capital rentista y financiero, medios de comunicación, sector energético, las clases medias altas y altas, sectores privilegiados en el modelo actual son quienes objetivamente le temen al retorno del pasado nacional y popular. Una frase que para ser transversal, representativa de todos los sectores sociales, tiene mucho de clase media, media alta y alta. La base social del electorado de cambiemos, según lo veo, no es tan heterogénea. Los núcleos duros se mantienen en ambos partidos. La diferencia está en los nuevos sectores medios; cuyo ascenso social fue propiciado por el modelo nac & pop. Sectores que ante su nuevo “estatus” debieron incorporar nuevos valores creencias y prácticas distintas a las de su origen. Incorporaron lo que había, reprodujeron prácticas y discursos de esas clases ya estructuradas, para legitimarse como un miembro competente de esta clase y distinguirse de las demás, La decisión, basada en un cálculo racional que pondera lo económico (el beneficio) por sobre toda otra cuestión no parece ser el sentido de la acción, se impuso una lógica con arreglo a los valores propios (meritocracia, esfuerzo individual, ineficiencia del Estado, rechazo del proyecto colectivo, la militancia, los partidos políticos y los políticos tradicionales, etc.) de la nueva posición, “más alta”, en la estructura social.Hasta aquí es a grandes rasgos mi aproximación al reciente fenómeno del voto a Cambiemos

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