La necesidad de sindicatos fuertes y transparentes

Por Ricardo Alfonsín *

En alguna oportunidad dijimos en Replanteo que hay algo peor que los partidos políticos deficitarios y es que no haya partidos. Son instituciones claves para quienes reivindicamos a la política como instancia autónoma en la que se debate y define la organización de la sociedad, en especial de los aspectos que más impactan en las condiciones de vida de los ciudadanos, como la economía.

Lo mismo podríamos decir de las organizaciones de los trabajadores. Es peor la inexistencia de sindicatos que contar con gremios que no funcionen bien. Es así, al menos, para quienes comprenden que la tarea de la defensa de los derechos y los intereses de los trabajadores es más eficaz si se la encara colectivamente que de manera individual. Y es justamente la defensa colectiva de estos derechos la que explica que ciertos sectores sociales no vean con buenos ojos la existencia de sindicatos fuertes.

La presente nota persigue el objetivo de promover una mirada crítica frente a ciertas ideas y argumentos que parecen dominar la discusión que se viene dando en el país sobre los gremios.

Permítannos hacer una referencia breve a un tema que trasciende lo nacional y que aporta elementos para una mejor comprensión de la discusión local. Nos referimos a la revolución que, desde los años ‘80, está en marcha en el mundo. Si tuviéramos que describir en pocas palabras su propósito podríamos decir lo siguiente: busca que la economía (las grandes empresas) controle a los estados (o a la política) y no al revés. Desde otro punto de vista podríamos afirmar que busca revertir las concesiones que el capital tuvo que hacerle al mundo del trabajo durante los 30 años en los que gobernó el consenso socialdemócrata. Es claro que estamos aludiendo a la llamada “revolución neoliberal” o “conservadora”; también conocida como “plutocrática” o “de los ricos”.

Uno de los obstáculos para el progreso de esta revolución han sido las organizaciones de trabajadores. Es inevitable que resistan las recetas neoliberales y por eso se vuelve necesario debilitarlas. En las últimas décadas, progresivamente, se han sancionado leyes que deterioraron su capacidad de acción y resistencia. Para que estas medidas contaran con el respaldo de los ciudadanos hubo que poner a la sociedad en contra de los sindicatos. Desde de ámbitos diferentes se impulsó una exitosa campaña en esa dirección y, ciertamente, muchos gremios facilitaron la tarea.


“Uno de los obstáculos para el progreso de la “revolución neoliberal” han sido las organizaciones de trabajadores”.


La revolución tecnológica y la consecuente robotización del trabajo fue otro factor que debilitó el margen de maniobra del sindicalismo. Hay otro elemento, vinculado con la revolución tecnológica, que operó en el mismo sentido: la deslocalización de las empresas. Esa amenaza permanente de trasladar las fábricas a países que tengan una legislación laboral, fiscal o ambiental, más favorable a la rentabilidad del capital. Estos hitos, entre otros, han ido debilitando a los gremios como instituciones encargadas de negociar frente al capital los derechos de sus representados.

Esta referencia a la revolución neoliberal sería incompleta si no agregáramos que, desde su inicio, los trabajadores han sufrido continuos retrocesos en sus derechos y condiciones laborales, cada vez es menor la parte de la riqueza que le toca al sector del trabajo y mayor la que le toca al capital. (Cualquiera puede verificar esto googleando los trabajos que las instituciones más serias sobre el tema). El proceso, además, no se detiene.

Luego de haber planteado este marco analítico, volvamos a la discusión que se da hoy en nuestro país. Uno de los argumentos más utilizados para atacar a los gremios son las sospechas que existen respecto de la honestidad y la trasparencia de sus dirigentes. Hay razones valederas para dar este debate. Pero no podemos dejar de decir que, en boca de muchos, tiene otras intenciones. No todos los que afirman indignarse frente a los casos de corrupción sindical son sinceros. Muchos impostan su indignación. Hay algunos a los que esa corrupción les viene como anillo al dedo. Utilizan los ejemplos más deleznables para intentar poner a los ciudadanos en contra de toda la organización sindical, no sólo de un dirigente.

Los que sinceramente están preocupados por la corrupción gremial son los que saben que, sin dirigentes decentes, no habrá sindicatos representativos y, sin sindicatos representativos, no habrá sindicatos fuertes. Nos referimos a gremios que sólo respondan a los derechos y los intereses de los trabajadores, que no claudiquen en la defensa de sus representados. Son los que, en la defensa de los salarios y las condiciones laborales, no reconozcan otros límites que los que imponen las condiciones objetivas de la realidad y el interés general.

La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿creen ustedes que todos los propietarios del capital (o sus representantes) quieren sindicatos de estas características? Hay algunos que no quieren sindicatos corruptos, es cierto, y tampoco los quieren decentes porque directamente no quieren sindicatos. Así son las cosas. No son las personas. Es el sistema. Si tanto les preocupara la corrupción en el mundo del trabajo debería inquietarles igual la que se produce en el mundo del capital. Y es claro que esto no ocurre. Esta doble vara puede observarse en el campo de la política, de los intelectuales, de los medios, de los economistas.

A muchos les parece natural que los representantes de las corporaciones económicas sean funcionarios de gobierno. Y por supuesto que tienen derecho. Son los ciudadanos los que deben juzgar las gestiones. Pero a varios sectores que avalan esto no les parece tan natural que ingresen al ejecutivo representantes de las organizaciones de trabajadores. Aquí también hay doble vara, que al igual que la anterior tiene motivaciones que resultan fáciles adivinar.

Otra de las críticas de las que suelen ser objeto los gremios es que se los acusa de ser indiferentes a los perjuicios que causan sus protestas a quienes no son reponsables de la situación por la que reclaman. Es un argumento muy eficaz a la hora de poner a la sociedad en contra de los sindicatos. Sobre esto, las preguntas que surgen son las siguientes: ¿acaso los trabajadores son los únicos que reclaman por sus derechos? ¿Creen que el capital, en particular las grandes empresas, no demandan cuando se toman decisiones que afectan sus intereses? Claro que lo hacen. El punto es que sus protestas son menos patentes, es más difícil reconocer a sus autores y de ellas no se habla o se las trata como si fueran fenómenos naturales. ¿De qué forma se manifiestan estas protestas? Se hacen, entre otras cosas, con la fuga de capitales, con el aumento de precios, con la desinversión, los despidos, las corridas bancarias. ¿Acaso alguien puede afirmar que estas cosas no son dañinas para el conjunto? Claro que lo son y más que las protestas de los trabajadores. Pero otra vez está la doble vara, de esto no se habla o se lo naturaliza.

Al respecto podemos recordar lo que pasó en el primer año del gobierno de Cambiemos. Nadie puede decir que fueron los trabajadores los que complicaron la gestión con sus reclamos. Los problemas principales vinieron del lado del empresariado. Nos referimos a los sectores que tienen posiciones dominantes en el mercado y que abusaron aumentando precios, incumpliendo el compromiso de no despedir, dejando sin efecto la promesa de pagar bonos a los trabajadores para compensar la caída de los salarios y abandonando el compromiso de invertir. Lo dijo el propio gobierno: fueron ciertos sectores del capital y no del trabajo los que más complicaron a los argentinos y a la gestión de Cambiemos.

Lo afirmado hasta ahora no significa que debamos hacer la vista gorda ni ser condescendientes con los casos de corrupción sindical. Todo lo contrario. Debemos ser muy duros y muy exigentes con los sindicalistas y con los políticos. Es urgente pensar y encontrar los cambios legales e institucionales que resulten funcionales a la existencia de sindicatos cada vez más representativos, es decir, más transparentes, confiables, democráticos y poderosos.

Lo que queremos advertir es que sería muy grave, para la clase trabajadora y los sectores medios, que se cometiera el error de no comprender lo importante que es contar con gremios fuertes. Sería dispararse en el pié.


“No cometamos el error que muchos quieren que cometamos. Hay que asegurar sindicatos decentes, claro, pero hay que hacerlo para que sean poderosos”.


Para terminar reiteramos que con esta nota nos propusimos promover una mirada crítica sobre los argumentos que más circulan respecto de un tema muy importante para la construcción de sociedades justas. Decimos que hay que ponerse en guardia frente a determinados discursos. No descartemos la posibilidad de que quien nos habla lo haga interesadamente o desde una visión que no tiene porque ser más autorizada que la contraria. No dejemos de lado que quizás muchas de las cosas que se afirman no tienen el objetivo defender los intereses de la mayoría de los ciudadanos sino otras cosas. No ingresemos al debate al que hoy asistimos, que cada tanto regresa, con tanta ingenuidad.

Nosotros desconfiamos siempre de cualquier discurso crítico del sindicalismo que no vaya acompañando de un mensaje que recuerde que la mayoría de las conquistas laborales se deben a la tarea realizada por los gremios. Desconfiamos de cualquier cuestionamiento que no advierta, al mismo tiempo, que la historia demuestra que un mundo sin organizaciones de trabajadores sería un mundo mucho más difícil e injusto para quienes tienen que vivir del trabajo asalariado. No cometamos el error que muchos quieren que cometamos. No arrojemos al bebé junto con el agua sucia. Hay que asegurar sindicatos decentes, claro, pero hay que hacerlo para que sean poderosos. Hay que abrir un debate profundo que no sólo se haga cargo de los cambios legales e institucionales necesarios para garantizar la indispensable decencia sindical sino también para otorgarles las herramientas más útiles para defender con fuerza los derechos de los trabajadores.

 

* Director de Replanteo

 

 


 

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3 respuesta a “La necesidad de sindicatos fuertes y transparentes”

  1. Muy buen mensaje ,que pone de manifiesto la necesidad de estar atentos a la manipulación de la información , que algunos sectores tratan de imponer en beneficio propio , instalando la desnaturalización de algunas instituciones sociales como los sindicatos y partidos políticos…

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