Las dos caras de la tensión entre el gobierno y los gremios

Opina a Carlos De Angelis*

La tensión entre el gobierno y los sindicatos va en aumento. El telón de fondo de esta disputa es la reforma laboral que impulsa el gobierno del presidente Mauricio Macri. Eso trasciende el debate sobre cuánta gente fue a la marcha organizada por el camionero Hugo Moyano, las internas dentro de la CGT, y el rechazo que un sector amplio de la sociedad siente por el gremialismo, en algunos casos por prejuicios y en otros con razón.

La nueva legislación laboral contó, en un principio, con un guiño del triunvirato cegetista para negociar algunos aspectos. Sin embargo, la enorme tensión social que generó el debate sobre la reforma previsional en diciembre cambió la posición de todos los actores. Dentro de la central obrera obtuvieron más peso los sectores que rechazaban de plano el proyecto del oficialismo. Dentro del Ejecutivo se impusieron las voces que proponían impulsar la nueva norma laboral de modo más gradual. Esto no evitó que la tensión con los sindicatos siguiera.

Sobre los costos y beneficios de cada uno de los contendientes de esta disputa política, y sobre cómo la percibe la sociedad, opinó el sociólogo Carlos De Angelis, coordinador del Observatorio de Opinión Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y habitual fuente de consulta de Replanteo.

“Hay cierta cuestión contradictoria en la estrategia del gobierno de polarizar tanto con los sindicalistas y con Moyano. Durante los primeros dos años del mandato de Macri hubo un acuerdo en el fondo con los gremios. La mejor prueba de esto es que no hubo una huelga general contundente, ni demasiadas medidas de fuerza generalizadas. Es decir que hubo un entendimiento en varios aspectos”.

El sociólogo sostuvo que esa relativa tranquilidad era inexorablemente un ave de vuelo corto, que en algún momento se iba a resquebrajar.

“Ahora Macri quiere impulsar la reforma laboral y bajar el costo empresario. Eso traducido el castellano es eliminar las obras sociales, que son la columna económica del sindicalismo argentino. Gran parte de los aportes patronales van a las obras sociales que brindan servicios de salud a los trabajadores. Hay personeros del gobierno que han dicho que hay que eliminarlas y que la gente use los hospitales públicos. Lo cierto es que en un proyecto de capitalismo al estilo chileno no hay lugar para sindicatos fuertes como son los argentinos”.

Respecto del impacto en la sociedad, De Angelis sostuvo que es contradictorio, que el oficialismo por un lado gana y por otro pierde. “Cuando el Ejecutivo cuestiona a los sindicalistas con la cuestión de la transparencia es lógico que mucha gente lo respalde. Esto no quita los propios problemas que el oficialismo tiene en ese campo, por ejemplo con las off shore de (Luis) Caputo (ministro de Finanzas)”.


“Cuando el gobierno cuestiona a los sindicalistas por falta de transparencia es lógico que mucha gente lo respalde”


“Al gobierno le sirve pelearse con los sindicalistas porque en la opinión pública están muy mal vistos-agregó el académico-. En esa percepción hay una mezcla de odio no muy justificado de los sectores medios y también algunos hechos objetivos indiscutibles, como que haya demasiados sindicalistas que son muy ricos. Son cosas que se van acumulando y con el tiempo crean un estereotipo, una imagen que afecta también a dirigentes gremiales que son honestos”.

Como se mencionó unas líneas más arriba, y como sucede con tantas otras cosas, los efectos en la opinión pública no son lineales, las mismas personas que aplauden ahora son las que se quejan después. Es como el efecto paradojal de los medicamentos.

“El efecto negativo para el gobierno, el costo que paga, es el efecto en la vida cotidiana que produce debilitar a los gremios. Es decir: si los sindicalistas sacan bandera blanca, no pelean contra la reforma laboral, dejan de pedir aumentos salariales y cláusula gatillo a partir de cierta cifra de inflación, el efecto será que los salarios de los propios votantes de Cambiemos van a perder poder adquisitivo. Y cuando la gente siente que el sueldo no le alcanza, no se enoja con el gremialista por no haber peleado por su situación, se enoja con el gobierno”. “Además-remató el sociólogo-si vos golpeas mucho a los sindicalistas tradicionales crecen los que están bastante más a la izquierda”.


“Si los sindicalistas se doblegan y dejan de pedir aumentos salariales y cláusulas contra la inflación, el salario no alcanza y la sociedad se enoja con el gobierno, no con el gremialista”.


El clima con el que arranca el año escolar

Además de las tensiones con los gremios, el fin del verano y el inicio del año escolar es siempre un momento especial para medir el humor social. Es una primera marca de las expectativas de la población respecto del futuro inmediato.

Para De Angelis, enero no fue un mes aletargado y tranquilo. “A mí me parece que fueron vacaciones tensas y el punto central es la situación económica. Una devaluación, como la que hubo, es algo que no le gusta a la clase media. Siente que la aleja del primer mundo. Es muy común que personas de clase media contabilicen sus salarios en dólares. Además, los que por algún motivo se fueron de vacaciones a Brasil estuvieron con la calculadora en la mano. A lo que me refiero es a que una devaluación nunca es gratis en el humor de la sociedad. Y los empresarios la están trasladando a precios de modo casi automático”.

“Allí-agregó-hay una fuerte contradicción ideológica del oficialismo. Se dice que es pro-mercado pero en realidad es pro-empresa. No ha hecho ningún esfuerzo por crear marcos regulatorios que estimulen mayor competencia de mercado. En el caso de las telecomunicaciones hizo todo lo contrario al permitir la fusión de Cablevisión y Telecom. Eso puede quitarle estímulo a la inversión. Son contradicciones que complican la situación”.

Volviendo a la opinión pública, el académico destacó que “mucha gente espera que no se le pidan más sacrificios. Por eso el gobierno respondió trasladándolos a la política, por ejemplo con el decreto para que los ministros no puedan nombrar familiares. El tema es cuánto tiempo podes compensar con eso la suba de los aranceles de las escuelas, las prepagas, y cosas por el estilo”.

“Por otra parte-destacó De Angelis para terminar-, hay cierta frivolidad del ejecutivo que puede empezar a tener costos en la opinión publica, como el hecho de que tantos miembros del gabinete se hayan ido a veranear a Punta del Este. Son gestualidades que traen costos en la sociedad, especialmente cuando la economía va mal. No mostrar austeridad hacia adentro es algo que afecta, aunque también es cierto que no se ve una oposición que pueda capitalizar esos errores”.

 

* Sociólogo, Coordinador del Centro de Estudios de Opinión Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.


 

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