Acerca del aborto

Por María Cecilia Rodríguez

Como bien dice Marta Alanís, fundadora de Católicas por el Derecho a decidir, en un reciente reportaje,[1] se ha logrado la despenalización social del aborto. Hace no muchos años, defender la postura a favor de su despenalización y enfrentarse a la imputación de estar cometiendo una injusticia contra la vida eran la misma cosa. El dogma religioso establece que el aborto es criminal. Las discusiones antes eran, como la realidad, muy asimétricas. Quienes se oponían lo hacían en nombre de la vida. En la actualidad, los debates se han equilibrado un poco, circulan argumentos pragmáticos y argumentos metafísicos.

El principal alegato pragmático a favor de la despenalización sostiene que si el aborto fuera legal se podría realizar en forma segura y se evitarían muchas muertes. No es un argumento menor. Los abortos se practican igual y entonces se trata de reconocer legalmente una realidad.

Algunos, también de modo pragmático, quieren evitar esa legalización proponiendo reforzar prácticas preventivas. Consideran extremo legalizar una práctica sólo porque fallan algunos mecanismos de prevención. A quienes sostienen esto, hay que recordarles que existe, desde el año 2003, el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, instituido por Ley 25.673. Además, desde el 2006, está el Programa Nacional de educación sexual integral, establecido por Ley 26.150. Sin embargo, muchas jurisdicciones no lo aplican por las mismas razones por las que se oponen a una ley de despenalización de la interrupción del embarazo. Es como mínimo ilusorio decir que no es necesario llegar al extremo de legalizar el aborto para evitar las muertes. Hasta el momento, estos instrumentos no han contribuido a mejorar la estadística en Argentina.

Las personas que están a favor de legalizar la interrupción del embarazo plantean que es necesario armonizar una batería de normas para reforzar la prevención, aplicando esas leyes en forma sostenida y responsable, distribuyendo anticonceptivos libremente para prevenir embarazos. Sostienen que el aborto legal aparezca cuando se trate de evitar una muerte. Pero si no es posible instalar la educación sexual y el uso de anticonceptivos es porque no se quiere garantizar el derecho a planificar los embarazos.

El otro aspecto del discurso pragmático indica la hipocresía de quienes saben que las mujeres que pueden pagarse un aborto seguro lo hacen igual, aunque esté prohibido. También reconocen que la falta de la ley opera, en realidad, sólo para las mujeres pobres o las adolescentes desesperadas que intentan interrumpir su embarazo de cualquier modo y mueren.

Establecer el aborto legal es atender la problemática de muchas mujeres que no tienen los recursos para acceder a una prevención adecuada y quedan expuestas a abortos clandestinos. Es reconocer el derecho de estas mujeres a decidir y a no morir.


“Establecer el aborto legal es atender la problemática de muchas mujeres que no tienen los recursos para acceder a una prevención adecuada y quedan expuestas a abortos clandestinos”


El argumento metafísico principal en contra de la despenalización es el que esgrime el culto católico. Sostiene que el embrión es un ser humano, que el derecho a la vida es absoluto, y que decidir sobre la vida está por afuera de las posibilidades de cualquier ser humano. El argumento tácito que subyace es que nadie puede decidir sobre la vida porque esta es obra de Dios y solo Dios puede decidir cuándo empieza y cuando termina. Si la vida es obra de Dios entonces es sagrada, y si lo es, no puede estar en manos de nadie. Es por la misma razón que se prohíbe el suicidio y la eutanasia. Es un argumento religioso.

Lo primero que hay que decir es que este argumento queda profundamente herido si la persona en cuestión es agnóstica y no reconoce un Dios cristiano como dueño de la creación, del universo, de la naturaleza y de la naturaleza humana. Además, está el problema de que Argentina es un país laico. La religión católica apostólica romana no es la religión oficial del país. Es bastante impresionante que se parta del principio de la relevancia de argumentos de una religión que no es oficial.

Pero incluso, aclarado esto, algunos sostienen que independientemente de los postulados del culto católico, la vida es un derecho fundamental del ordenamiento jurídico argentino y un bien jurídicamente protegido por normas civiles y penales. Evidentemente eso es real y aplica también para la madre. ¿Acaso no se sostiene que acceder al aborto seguro es una herramienta para evitar muertes?

Vayamos al argumento. Dejemos de lado, por un momento, la apelación a la creación divina, que es un dogma, y es, en el fondo, lo que sostiene el argumento religioso. ¿Quién se considera en condiciones de dictaminar qué es un ser humano? ¿La biología? ¿La psicología? ¿La genética? ¿Los jueces? ¿Los médicos? ¿La Iglesia? ¿Quién se arroga la potestad de decir cuando empieza la vida del ser humano? ¿Quién puede decir que la persona que lleva en su seno esa unión de células que queremos llamar ser humano no tiene ni voz ni voto en el problema de resolver si esa amalgama sigue adelante en su gestación? ¿Qué pasa con los derechos humanos de esa mujer que se encuentra en una situación paradojal porque no quería quedar embarazada y, por descuido, ignorancia, impericia, negligencia, engaño o abuso, quedó?

Aquí hay que recordar que nuestra Constitución Nacional ha adoptado, entre otros, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica); el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo; y la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

Estas convenciones de rango constitucional establecen el derecho a la libertad e integridad personal de los seres humanos. Uno se pregunta: ¿cómo es posible proteger el derecho a la integridad física y psíquica de una persona a la cual se la obliga a gestar y continuar un embarazo no deseado, con el argumento de que no tiene ningún derecho a decidir sobre ello? ¿Qué libertad y qué integridad tiene una mujer a la que se la obliga a mantener un embarazo no deseado? ¿Por qué debería valer más la palabra de un cura, que goza del derecho a no gestar a nadie, por sobre la palabra de una mujer, que sufre una situación paradojal y desesperada? Hablamos de una mujer a la que se le ha impuesto una acción que no desea, o que no puede hacer o que no se considera en condiciones de hacer, y que además es la enorme responsabilidad de continuar una gestación no deseada y traer un hijo al mundo.


¿Por qué valdría más la palabra de un cura, que goza del derecho a no gestar a nadie, por sobre la palabra de una mujer?


No es posible responder a estas preguntas sin dejar de ver que se trata del poder religioso y político que se ha autoimpuesto unilateralmente la capacidad de decidir sobre el cuerpo de las mujeres y de no tener en cuenta su opinión, situación, sensibilidad y contexto vital. Obviamente que el discurso del poder no va a admitir que quiere subyugar a las mujeres, impedirles ejercer el derecho a planificar su vida, prohibirles el derecho a decidir sobre su cuerpo. El poder va a decir que está del lado de la vida, un slogan lo suficientemente amplio y ambiguo como para suscitar voluntades. El poder va a hablar de la vida y de la maternidad como esencia de la mujer. Las mujeres que tomamos posición a favor de la despenalización del aborto asumimos, en primer lugar, que no aceptamos la imposición de una identidad maternal como parte esencial e ineludible de nuestro género femenino. Y, en segundo lugar, que tenemos derecho a decidir sobre la forma en que queremos vivir la maternidad, decidiendo cómo, cuándo y de qué manera la ejerceremos.

No sólo está en juego el derecho a la integridad personal, física, psíquica y emocional de una persona, también es necesario hacer valer los derechos sexuales y reproductivos de esa mujer. Éstos no son respetados si la persona no puede decidir sobre la situación de su cuerpo y de su proyecto de vida y si no es escuchada en una decisión que afecta tan profundamente su vida. Una maternidad involuntaria no es simplemente una vida desgraciada. Es una violación del derecho humano de la mujer a la libertad y la integridad. La mujer que se encuentra en esa situación probablemente no tuvo acceso a educación sexual, ni a métodos anticonceptivos seguros. Incluso, muy probablemente, se encontró forzada en esa situación. Sin embargo, las autoridades, lejos de reconocer sus derechos, las culpan.

El ordenamiento jurídico argentino ya ha dado lugar a la opinión de la mujer. Es la razón por la cual los casos de abuso o violación configuran tipos de aborto no punible. Lo estableció la Corte Suprema leyendo correctamente el código penal, aunque muchos médicos y jueces en nuestro país se empeñan en negarlo muchas veces, realizando en realidad una violación al derecho a la salud y a la justicia. Se trata de reconocer que la decisión de la mujer gestante es fundamental.

La legalización de la interrupción del embarazo tiene que ser un instrumento que se articule con otros que ya están vigentes y no se aplican, así se podrá lograr un trabajo integral. Es como reza el lema de la campaña por el aborto legal: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.

La legalización de la interrupción del embarazo es hoy una deuda de la democracia. ¿Qué otra cosa se puede decir cuando se trata de que gran parte de la población, por no decir la mitad de la población, pueda ejercer la libertad de creencia y de conciencia para decidir, en primer lugar, si quiere, y luego, cuándo y cómo tener hijos. Se trata también de enfrentar el poder político y religioso que subordina el destino de esta parte de la población a un dogma impuesto. Se trata de que las mujeres puedan acceder a ejercer plenamente sus derechos humanos.

[1] Reportaje a Marta Alanís, de Soledad Vallejos, Página 12, lunes 19 de marzo de 2018. https://www.pagina12.com.ar/102454-ya-logramos-la-despenalizacion -social-del-aborto


 

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5 opiniones en “Acerca del aborto”

  1. Interrumpir una vida para salvar otra vida? No lo entiendo ni lo entenderé.La mujer que se somete a un aborto no valora su propia vida,por qué se preocupan tanto el querer salvar a una mujer que no se quiere a si misma?

  2. En primer lugar, evitar muertes con mas muerte? Y de los mas indefensos?
    Segundo, no se trata de un tema religioso, se equivocan, esto no es un dogma. Estamos hablando de la vida humana que pareciera que todos quieren defender.
    Y no se trata de una amalgama o conjunto de celulas, eso lo saben muy bien porque si asi fuera no se estaria discutiendo esta ley, seria un quiste o algo similar que te lo extirpan y listo pero saben que no es asi.
    Y por ultimo, si señores, hay una ciencia medica que ya se ha pronunciado sobre el comienzo de la vida, desde la concepcion.Por ej.lean al Dr.Lejeune, genetista que descubrio el origen del sindrome de Down quien lo ratifico.
    No lo dice un religioso ni un legista sino quien ha estudiado el tema a fondo.

  3. los abortistas hablan que es un dogma religioso el establecimiento de la vida en los embriones. Embriologia es una ciencia biologica que se estudia en las Univesridades del mundo, y no precisamente en las faculatdes de filosofía. La ciencia es muy clara, el embrion es vida. Los abortistas matan la vida.

  4. el aborto es un aporte de duran barba para distraer y no hablar de pobreza, educacion publica, salud publica, vectores de crecimiento y desarrollo, reforma tributaria para que los impuestos recaigan en los ricos, etc..sin olvidar que el aborto es muerte segura , al menos de un ser vivo.

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