Robotización y exclusión, un debate urgente

Por Damián Farah

A 250 años de la primera Revolución Industrial, la sociedad se ve sacudida nuevamente por el peligro de la exclusión masiva a raíz del nuevo salto tecnológico que se encuentra en desarrollo. Esta instancia, a diferencia de las anteriores, se produce en menor lapso de tiempo. Los saltos tecnológicos originados entre los primeros hombres duraron cientos de miles de años. El ingreso a la economía agraria se demoró miles de años y en la economía industrial  fueron cientos. Mirando estos antecedentes, es notorio el acortamiento de los plazos.

Estamos viviendo una fase económica vinculada a la virtualidad, la colaboración y la concentración de la riqueza. Esto significa que el valor de lo simbólico e intangible es mayor al valor de lo físico, generando la noción de una economía que tiende al costo marginal “cero” o equivalente al precio de venta.

En economía y finanzas el costo marginal es el aumento en el costo total que se produce cuando la cantidad producida cambia en una unidad. Es el costo de producir una unidad más de un producto o servicio. Un ejemplo: si la producción de vehículos adicionales requiere la construcción de una nueva fábrica, el costo marginal de esos vehículos adicionales incluye el costo de la nueva fábrica. El siguiente gráfico lo muestra.

A) Zona donde con la cantidad vendida no se cubren los costos fijos

B) Zona donde conforme el aumento de la cantidad vendida se incrementan los beneficios totales (costo marginal inferior al precio)

C) Zona donde conforme se produce un aumento de la cantidad vendida se reducen los beneficios (costo marginal superior al precio)

D) Zona donde se ingresa en pérdidas cada vez mayores ya que el precio es inferior al costo medio.

No podremos comprender ni insertarnos en este proceso excepto que seamos capaces de intercambiar, colaborar y producir valor en red. Todo esto está necesariamente vinculado al conocimiento, a determinadas capacidades que los sistemas educativos vigentes no transmiten con la calidad necesaria.

Respecto de la concentración de la riqueza, el economista Thomas Piketty señaló en su trabajo “El capital en el siglo XXI” que estamos asistiendo a un nivel sólo visto en la era victoriana. Sus cálculos señalan que para 2030, al ritmo que llevamos, el 1% de la población mundial, que hoy concentra el 50% de la riqueza global, llegará al 60%. Estamos hablando de que eso ocurrirá en los próximos 12 años.

El tiempo, la tecnología y la dinámica de aceleración de la economía, conforman un tridente que está cambiando la modalidad de las inversiones.  Vivimos una etapa de “hiper-amortización”. Esto se debe a que la compra de un bien que registramos en el activo en el día de hoy, si se encuentra en un rubro de acelerada incorporación tecnológica, pierde valor de forma exponencial, generando un verdadero proceso de descapitalización.

Los parámetros de eficiencia, vinculados a esta tendencia de costo marginal “cero” o equivalente al precio de venta, hacen que los márgenes de rentabilidad por unidad de producto sean cada vez menores en determinados rubros. Esto provoca que el costo laboral, el de la seguridad social y el de sostener al Estado, sean percibidos por los empresarios como impagables o que no representan una oportunidad en el futuro.


“Aplicando las recetas de la ortodoxia, no se han obtenido resultados virtuosos de producción, inclusión, calidad de vida y movilidad social”


Ante esta situación, las recetas sugeridas por los organismos internacionales son las de reducción de esos costos. Es decir: se aspira a la competitividad desde un ajuste negativo en lugar de buscarlo por mejora del capital humano y de la “innovación incremental”. Tal situación produce una exclusión por carencia de herramientas de adaptación, vinculada a la brecha educativa entre clases sociales. Y esto trae consigo la consecuente desigualdad de oportunidades para quienes conforman el último eslabón.

Sin embargo, y paradójicamente, la fase actual de la economía también encuentra a la sociedad ubicada en el marco de una estructura institucional heredada de la era industrial. Su componente es distinto al que se daba en los casos de los saltos tecnológicos previos. El Estado, los sindicatos, las uniones industriales, los servicios económicos, las entidades financieras, entre otras instituciones, componen ese marco en el cual se garantizan derechos y se deberían proveer las herramientas que posibiliten la adaptación y la inclusión.

Pese a todo el marco vigente, día tras día la exclusión se cobra cientos de nuevas víctimas. Este panorama que se agudiza paulatinamente tiene un origen claro: en nuestro país, por ejemplo, se calcula que 2 de cada 3 empleos pueden ser “robotizables”. Este fenómeno local y mundial sólo obtiene respuestas de corto plazo por parte de la institucionalidad mencionada. Un  ejemplo: es notable la dificultad que se percibe en el poder político para obtener compromisos estratégicos, en cuanto al diseño de políticas cuyo planeamiento y horizonte temporal supere los 4 años.


“En nuestro país
se calcula que 2 de cada 3
empleos pueden ser
robotizables”


Esta carencia de herramientas para adaptarse a los ciclos evolutivos demuestra por lo menos 2 cuestiones centrales: 

  • Solucionar el hambre y la pobreza no garantiza concluir los problemas de largo plazo. La desigualdad posee características no dinerarias capaces de influir sobre el futuro de la persona. Son rasgos que poco a poco se transformaron en centrales, como es el caso de la calidad educativa.
  • Las Instituciones políticas, sindicales, económicas, entre otras, no supieron brindar la contención ni la preparación oportuna para que las personas logren adaptarse a los tiempos vigentes.

La distribución de dinero, en el formato que se elija, garantiza la adquisición de bienes y servicios en el corto plazo. Sin embargo, compromete severamente el futuro. La mirada táctico-operativa es importante siempre y cuando haya también un plan estratégico con objetivos claros y mensurables.

Es notorio el renunciamiento de nuestro país a la “estrategia”. Argentina ha dejado de lado el planeamiento estratégico. No se plantea objetivos de largo plazo que sean realmente transformacionales y alteren positivamente la matriz nacional instituida.

El debilitamiento, por distintos motivos, de las instituciones políticas, sindicales, económicas, educativas y ecuménicas, nos ha traído hasta esta realidad. Tal como se escribió antes en esta nota, las recetas de la ortodoxia aconsejan la reducción del costo laboral, el costo de la seguridad social y el costo de la seguridad empresarial, como requisitos para la llegada de inversiones. La realidad es que, aplicando tales consejos, no se conocen resultados en los que se hayan obtenido mejoras sustanciales y círculos virtuosos de producción, inclusión, calidad de vida, acceso al conocimiento y movilidad social.

Entonces surgen algunas preguntas: ¿Es posible resistir la reforma previsional y la laboral? La respuesta es sí. Siempre es posible oponerse y resistir. La incógnita que surge inmediatamente es: ¿para qué? ¿Cuáles son los programas elaborados para garantizar el máximo nivel de inclusión en este proceso económico, social, cultural y político que se aproxima?

La resistencia a la introducción de tecnología y a los modelos propios de la economía del conocimiento, aún teniendo un buen resultado táctico, no impiden su imposición en el largo plazo. Resistir es impedir la modificación de la situación vigente hacia otro escenario. Otra pregunta: ¿será posible resistir en el largo plazo los cambios tecnológicos y la evolución? La respuesta es sencilla: no. Esto nos lleva a una última incógnita: las estructuras dirigenciales de todos los ámbitos y rubros, ¿se encuentran a la altura de elaborar los análisis que permitan avizorar los efectos futuros de los cambios actuales? ¿Pueden elaborar las políticas de Estado capaces de brindar oportunidades para todos?

De la respuesta que elaboremos a estos interrogantes surgirá la posibilidad de comprender el porqué de la “carencia de estrategia” y, por ende, de planes y propuestas para que el futuro nos encuentre de pie.

 


 

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5 opiniones en “Robotización y exclusión, un debate urgente”

  1. Buenisima nota. Esperemos tomar conciencia, nosotros todos y sobre todo los varones y mujeres q estan en el ambito publico q son los q se postulan para contribuir al bien comun.

  2. Las Instituciones políticas, sindicales, económicas, entre otras, no supieron brindar la contención .
    será posible resistir en el largo plazo los cambios tecnológicos y la evolución?
    Pueden elaborar las políticas de Estado capaces de brindar oportunidades para todos?
    La mirada táctico-operativa es importante siempre y cuando haya también un plan estratégico con objetivos .
    Coincido, tanto con las afirmaciones como con los cuestionamientos y la calidad educativa que saldaría la zanja no es la pensada actualmente. Por qué? Porque se piensa en la merituacion, desde lo mejores y más capacitados, generando una sociedad muy expulsiva, que no soluciona la pobreza. Por qué? , las políticas de Estado, elaboradas por las instituciones políticas , sindicales, y económicas, se niegan a usar la palabra correcta y solo usan la palabra eficiencia. La palabra correcta para partir hacia una solución virtuosa es solidaridad, empresariales, sindical , económica . La cuestión no es tener más control mecánico para expulsar a trabajadores que no pueden cumplir cargas horarias en detrimento de sus compromisos familiares, se trata de entender que mejorando fracciones horarias de seis o menos en el trabajo , compartimos el escaso recurso de la oferta laboral no robotizada. Mayor tiempo de ocio para aumentar el consumo, y el cuidado familiar para resguardar el valor vida y la seguridad. Además de la capacitación incentivado desde el Estado hacia un mundo robotizado e inminente.

  3. Muy buena nota. Puede servir como disparador del debate sobre los cambios tecnológicos en distintos ámbitos de la vida humana. En mi opinión el meollo del asunto está en responder a la pregunta ¿tecnología para qué? ¿para obtener mayor rentabilidad? ¿para buscar un mayor bienestar para los seres humanos y su entorno?
    Después, si se me permite una observación, me parece que sería muy útil para quienes quieran profundizar en estos temas que cuando se expone un dato o una aseveración se cite la fuente. Por ejemplo, me gustaría que cuando afirman que “en nuestro país se calcula que 2 de cada 3 empleos pueden ser robotizables” aparezca al pie del texto la referencia al estudio que arrojó esos resultados (y si es posible el enlace).
    Saludos.

  4. Excelente nota, da algunas pautas y por donde intentar hacer los aportes para mitigar los sufrimientos que implican los cambios.

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