Todas las aristas del conflicto sirio

Opinan Rubén Paredes y Pedro Brieger

El bombardeo sobre Siria que impulsaron tres de las principales potencias militares del mundo, entre ellas la mayor de todas, Estados Unidos, volvió a posar los ojos del planeta sobre un país que sufre una tragedia humanitaria. El sombrío panorama sirio se basa en el conflicto militar interno, que se desató en 2011, en el contexto de la denominada primavera árabe, y también en que se trata de un territorio que es una ficha clave en el siempre convulsionado Oriente Medio.

La explicación oficial de las potencias occidentales que bombardearon el país árabe fue que había indicios de que se habían utilizado armas químicas en las batallas contra los rebeldes y sobre la población civil. La complejidad de este conflicto no tolera respuestas lineales ni basadas en una sola mirada. Por eso, Replanteo convocó a dos analistas que ciertamente tienen opiniones divergentes sobre el tema, lo que no impide algunas coincidencias.

Quienes opinan a continuación son Rubén Paredes Rodríguez, que entre otras cosas es director del Grupo de Estudios sobre Medio Oriente de la facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de Rosario; y Pedro Brieger, periodista de diversos medios de comunicación, especializado en política internacional, y profesor titular de Sociología de Medio Oriente en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

Sobre lo intrincado del escenario actual en Siria, Paredes Rodríguez sostuvo: “Todo lo que ocurre se enmarca en lo que comenzó hace unos años en varios países de medio oriente y se conoció como “primavera árabe”. El presidente (Bashar al Ásad) ha logrado mantenerse en el poder usando la fuerza contra los opositores, con la excusa de que lo hace para defenderse del terrorismo. Logró el respaldo de actores de la región, en especial de Irán, y también el de Rusia, que tiene dos bases militares en Siria y ha apoyado Al Ásad en contra de Isis y de otros rebeldes”.


Paredes: “El presidente Al Ásad ha logrado mantenerse en el poder usando la fuerza contra los opositores, con la excusa de que lo hace para defenderse del terrorismo”.


“Por otro lado-agregó Paredes-está la coalición internacional que también ataca a Isis y al mismo tiempo a Al Ásad. El Estado Islámico ha sido prácticamente desmembrado y el régimen ha logrado mantenerse y tomar el control de las dos terceras partes de su territorio. En medio de todo esto hay un tema con el uso de armas químicas contra la población. Ya en administración de Barack Obama se había planteado que no se iba a permitir al gobierno sirio cruzar esa línea roja, cuando se constató un ataque con 400 muertos con ese tipo de armas. Rusia ofreció respaldo a Siria y se comprometió ante la comunidad internacional a destruir las armas químicas. Sin embargo, hay pruebas de que siguen estando y usándose”.

La visión de Brieger fue coincidente en algunos rasgos de panorama, pero divergente en el punto central. “Yo descarto el interés humanitario de los bombardeos recientes. La hipocresía de los gobiernos occidentales es harto conocida. Había una frase de Madeleine Albright (ex secretaria de estado norteamericana) que sostenía que Estados Unidos actuaba de modo multilateral cuando podía y de modo unilateral cuando debía. Hay un elemento que me gustaría señalar y es que la mayoría de los analistas de Estados Unidos, incluso los de derecha, vienen remarcando que el ataque tuvo más que ver con problemas internos que con otra cosa, que fue hecho para desviar la atención de otros problemas internos. Fue una visión muy unánime de estos días”.

El periodista sostuvo que el factor de política interna también influyó en las decisiones de Francia e Inglaterra. “Para Francia, que sufrió atentados en su territorio, al igual que Inglaterra, el ataque tuvo un mensaje interno muy fuerte. En el caso de EE.UU., que no ha sufrido ataques de Isis, el mensaje local es ambiguo”.

Armas químicas

Aunque el ataque de las potencias occidentales pueda responder más a intereses geopolíticos que humanitarios, eso no debe dejar afuera del debate si hay o no utilización de armas químicas.

“Sobre el uso de elementos de destrucción masiva hay que ser muy cautelosos. Los tratados internacionales que prohíben este tipo de armas datan de después de la primera guerra mundial-remarcó Paredes-. Hay pruebas de que se han utilizado en Siria. La Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) ha contabilizado 75 ataques con estos elementos. Sobre ese total, se le han adjudicado al gobierno 50 y 25 a los rebeldes y terroristas. A eso tenemos que agregar que la Media Luna Roja internacional (parte de la Cruz Roja) da cuenta de otra cantidad de ataques”.

Por su parte Brieger destacó: “Es real que Siria tenía armas químicas. En el acuerdo al que llegó con la OPAQ, en 2013, se comprometió a destruir y entregar todo el arsenal de ese tipo que tenía declarado. En 2016 el país fue declarado libre de armas químicas por la propia OPAQ. Claro que no sabemos se no había un arsenal desconocido. Lo que a mí no me cierra del relato actual es que Al Ásad decida usar armas químicas fáciles de comprobar justamente cuando está a punto de retomar por completo el control de su territorio y quitárselo a los rebeldes. Ahora bien, no es tan fácil comprobar ninguna de las dos cosas. De todos modos, me parece que el tema central no son las armas. Siria es una pieza en un tablero internacional muy complejo con muchos factores de poder”.


Brieger: “Me parece que el tema central no son las armas químicas. Siria es una pieza en un tablero internacional muy complejo con muchos factores de poder”


La ficha Siria en el tablero mundial

Tomando la última frase de Brieger, otro elemento que no puede quedar nunca fuera del análisis son los intereses geopolíticos que disputan distintas potencias en el conflicto interno del país árabe.

“Siria es una pieza clave en un tablero internacional muy complejo con muchos factores de poder-destacó Brieger-. Detrás de Siria está Rusia y está Irán, que tiene su propia estrategia, también está el Hezbolá. Tanto Hezbolá como Irán parten de la base de que la caída de Al Ásad fortalecería a los norteamericanos en su objetivo de atacar Irán. Todos estos intereses a veces son complementarios y otras contradictorios. EE:UU apoya a los grupos que quieren derrocar a Al Ásad, pero no todos le responden. Algunos están en contra del presidente pero al mismo tiempo son profundamente antinorteamericanos. La caída de Al Asad podría traer al poder a grupos más radicales. Los norteamericanos no tienen reemplazante. Es un conflicto con demasiadas aristas. No se lo puede ver de manera lineal”. “Rusia, además, tiene su propio juego-agregó Brieger-. Necesita a Siria. Tiene dos bases ahí y con eso contrabalancea el poder de la Otan en el Mediterráneo. Los rusos creen que el avance occidental en Medio Oriente es para rodearlos”.

En algunos de estos aspectos Paredes coincidió. “Los intereses geopolíticos están. Medio Oriente y el norte de África son lo que se denomina una región penetrada. Hay actores extraregionales que juegan en los conflictos internos en todos los niveles. Rusia e Irán tienen intereses, a veces coinciden y otras no. Rusia tiene presencia en aguas calientes. Irán sostiene que no se puede sacar del poder al actual presidente porque la media luna chiita da como resultado que Siria sea el ducto para llegar al Líbano, donde está Hezbolá, que también está actuando en Siria. La pregunta es quién va a quedar en el poder cuando finalice el conflicto”.

La respuesta a ese interrogante la dará el tiempo, mientras tanto la guerra siria lleva decenas de miles de muertos.

 


 

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