Aborto: las lecciones del recorrido irlandés

Por Sol Prieto *

El 25 de mayo, el 66,4 por ciento de las irlandesas y los irlandeses, luego de una campaña que conmocionó al país y movilizó al feminismo en Europa y América del norte, le dijeron  “sí” al aborto legal. Desde Dublín y en otros 37 puntos fuera de la capital, las mujeres organizaron una poderosa campaña por la legalización. Gracias a un trabajo sostenido,  movilizando las memorias de una extensa tradición feminista en este país, lograron que el aborto legal sea una realidad y un derecho para todas las personas gestantes en Irlanda. El énfasis de la campaña estuvo puesto en un enunciado apoyado por Naciones Unidas y por múltiples instituciones humanitarias en los últimos tiempos: obligar a una persona a continuar un embarazo y parir contra su voluntad es una forma de tortura.

A partir de la reforma de 1983, la constitución irlandesa estableció en su octava enmienda que “el Estado reconoce el derecho a la vida de los no nacidos y, con el debido cuidado respecto al igual derecho a la vida de la madre, garantiza en sus leyes respetar y, mientras sea practicable, defender y vindicar ese derecho”. De este modo, la enmienda prohibía efectivamente la interrupción del embarazo en casi todos los casos, incluyendo violación, incesto o malformación fetal. En 2013 esta norma se liberalizó ligeramente. Se  despenalizó  el aborto en casos en los que la vida de la madre estuviera en riesgo. Pero en otras circunstancias, los médicos que realizaran intervenciones ilegales podían ser penados hasta con 14 años de prisión. Como consecuencia de esto, alrededor de 3500 mujeres irlandesas viajaban cada año, sobre todo al Reino Unido, para poder abortar en condiciones seguras. Y unas 2000 mujeres compraban pastillas en Internet, para autoadministrárselas sin supervisión ni cobertura médica. Desde 1983, se calcula que unas 168.703 mujeres viajaron al Reino Unido por este motivo.

La liberalización parcial de 2013 estuvo relacionada con el caso de Amanda Mallet. Es una mujer que, junto a su esposo, James, denunció al gobierno irlandés ante el Comité contra la Tortura y Otros Tratos Crueles, Inhumanos y Degradantes de las Naciones Unidas. La legislación vigente en ese entonces hubiera obligado a la mujer a parir a un bebé que moriría al momento de nacer, dado que el feto padecía una malformación letal. A la vez que hicieron la denuncia, los Mallet viajaron al Reino Unido para poder interrumpir el embarazo. En junio de 2016, la pareja ganó el caso. En el trayecto entre la denuncia y el referéndum, la pareja participó activamente de la campaña por la despenalización junto al grupo llamado “Terminations For Medical Reasons” (Interrupción por Motivos de Salud).Este grupo se inscribe en el mapa de un nutrido activismo de organizaciones a favor de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Incluye organizaciones de personas discapacitadas (Disabled People for Choice), médicas y médicos (Doctors for Choice), matrimonios con hijos (Parents for Choice), y hasta abuelas y abuelos (Grandparents for Repeal).

Catolicismo irlandés y nacionalismo por sustitución

Para quienes no se venían informando sobre la historia reciente irlandesa, el referéndum y su resultado fueron toda una sorpresa. Esto se debe a que existe una historia de entrelazamiento y superposición entre el nacionalismo irlandés y el catolicismo, en lo que autores como Fortunato Mallimaci, Humberto Cucchetti, y Luis Donatello denominaron (para referirse al caso argentino) un “nacionalismo por sustitución”. Es un nacionalismo que toma los símbolos, las memorias y las marcas identitarias e institucionales del catolicismo, con el objeto de integrar y regular las diferencias sociales, étnicas y religiosas presentes en un país determinado, dando lugar a una identidad cohesionada y homogénea.

Los orígenes del nacionalismo irlandés derivan de la reacción de este pueblo ante el imperialismo británico, así como del intento de reinventar una cultura gaélica. El deseo de quitarse de encima el yugo de la tiranía británica unió distintos elementos de la sociedad irlandesa. Una religión dominante, en el caso de Irlanda institucionalizada en la Iglesia católica,  jugó un rol importante en construir una unidad necesaria para que el nacionalismo pudiera convertirse en un movimiento de masas. Por otra parte, como el caso argentino bien lo ilustra, las jerarquías religiosas no necesitan liderar ellas mismas los movimientos políticos para jugar un rol importante en la política nacional. Los políticos y los nacionalistas pueden utilizar la religión como una fuerza para su propia causa “secular”. En el caso del nacionalismo irlandés, la Iglesia católica se volvió un actor poderoso por su éxito, en especial en el período que va de 1860 a 1870, para lidiar con el gobierno Británico favoreciendo a las causas nacionalistas. A esto se le debe sumar que el catolicismo construyó una relación simbiótica con el nacionalismo irlandés por tratarse de dos identidades marcadas por la persecución. A esto se suma la fe de sus seguidores, la habilidad de la Iglesia de organizar la acción colectiva, compatibilizando diversas miradas y corrientes, y la necesidad del nacionalismo de tener una fuente legítima y ampliamente aceptada por la sociedad de homogeneización identitaria. Como la idea de la irlanda gaélica fue perdiendo crecientemente su viabilidad y sólo sobrevivió en las periferias occidentales de la isla, el catolicismo funcionó como un dispositivo integral de producción masiva de identidad irlandesa.

Esto implicó una herencia complicada para este país en materia de derechos individuales, decisiones personalísimas, y derechos de las mujeres. Hasta 1973, cuando se eliminó la “married bar”, las mujeres irlandesas que estaban casadas no podían trabajar en el sector público. Hasta 1977, los varones irlandeses podían vender o hipotecar la casa de su familia sin ningún tipo de consentimiento (o conocimiento) de sus esposas. Hasta 1985, para comprar preservativos en una farmacia, los irlandeses y las irlandesas necesitaban una receta médica. En 1992, en un referéndum, el pueblo irlandés rechazó la autorización de aborto en casos de riesgo de muerte para la madre. Y recién hasta 1996, luego de que se refrendara la reforma de la 15va enmienda de la constitución, el divorcio fue legal para las irlandesas e irlandeses. Aún en la actualidad, la Iglesia católica irlandesa controla la mayor parte de la educación y los hogares para niñas y niños huérfanos.


“En 1992, en un referéndum, el pueblo irlandés había rechazado la autorización de aborto en casos de riesgo de muerte para la madre”


Nada está tallado en piedra

A pesar de esta herencia y esta forma de construcción de la identidad irlandesa como inherentemente católica, los cambios recientes permiten comprender que la Historia se construye en cada acto. Aquello que puede parecer irreversible o eterno, mientras tenga un carácter social, nunca lo es.

El actual primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, siendo miembro del partido conservador democristiano y potencial candidato afirmó, en una entrevista, en 2015, que era gay. A partir de ese momento, Varadkar orientó su discurso hacia una base democristiana LGTB. Esto lo llevó al cargo de primer ministro en 2017.

Ahora bien, la decisión de Varadkar de hablar sobre su orientación sexual públicamente no fue casual. En ese año, el 23 de mayo, se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo. Se hizo luego de un referéndum en el cual la gran mayoría de los votantes, un 62 por ciento para ser más exactos, dijo “sí” a la propuesta del gobierno irlandés de incorporar la siguiente redacción al Artículo 41 de la Carta Magna: “El matrimonio puede ser contraído de acuerdo con la ley por dos personas sin distinción de su sexo”. Cuatro años antes, se legalizaron las uniones civiles para personas del mismo sexo.


“Aún en la actualidad, la Iglesia católica irlandesa controla la mayor parte de la educación y los hogares para niñas y niños huérfanos”


Claves para entender el último referéndum

 

Ahora bien, teniendo en cuenta esta historia de simbiosis entre catolicismo y nacionalismo en Irlanda, y de asimilación entre la idea de ciudadanía irlandesa y fe católica, cabe preguntarse: ¿cómo es posible que el país haya atravesado estos cambios en los últimos tiempos?

Muchos analistas consideran que la crisis por los abusos de niñas y niños por parte de sacerdotes llevó a la institución eclesiástica al descrédito, no solamente en Irlanda sino a nivel global. Sin embargo, es importante tener en cuenta las dinámicas religiosas de largo plazo que atraviesan a los países en los cuales el catolicismo juega un rol monopólico a la hora de definir y distinguir entre aquello en lo que legítimamente se puede creer y aquello que no. Algunos datos sobre las dinámicas religiosas en Irlanda permiten pensar que también se da allí un fenómeno presente en el Cono Sur de América Latina: la desinstitucionalización, individuación y pluralización del campo religioso.

Respecto a la ruptura del monopolio católico y la pluralización del campo religioso es importante considerar que de acuerdo al censo de 2016, el 78,3 por ciento de las y los irlandeses se consideran católicos. Esta cifra es alta, en Argentina, por ejemplo, que también es un país católico, el porcentaje asciende a 76,5. Sin embargo, volviendo a Irlanda, representa una caída del 5,9 por ciento respecto al censo de 2011 y del 13,3 en los 25 años que pasaron desde el censo de 1991.

Desde el ‘91, además, se dio un incremento muy significativo (del 73,6 por ciento) de las personas que se consideran “sin religión”. Actualmente estas personas constituyen el 9,84 por ciento de la población. El resto de la población se distribuye entre integrantes de la Iglesia de Irlanda, provincia irlandesa de la Iglesia anglicana, 2,65%, musulmanes, 1,33%;  ortodoxos, 1,31%; y otras religiones, 3,93%. Esta última categoría incluye a hindúes, apostólicos o pentecostales, y presbiterianos.

Más allá del censo, una encuesta nacional del 2006 reveló que el 48 por ciento de los encuestados iban a misa semanalmente. El dato implica un serio declive respecto a encuestas de 1990, en las que esta cifra trepaba al 81 por ciento. Además, una encuesta del 2011 encontró que el porcentaje de asistencia a misa en Dublín apenas llega al 14 por ciento. Estas cifras dan cuenta de que, si bien los irlandeses siguen considerándose católicos, la forma de vivir su religión se da de manera creciente por su propia cuenta, es decir, de manera individual y sin mediaciones por parte de los sacerdotes y la institución eclesiástica en general.

Estas tendencias de largo plazo pueden ser tenidas en cuenta a la hora de analizar la posibilidad de legalizar el aborto en Argentina, un país también católico atravesado por esta triple dinámica de desinstitucionalización, individuación y pluralización del campo religioso. En otras palabras, las creencias no se pierden sino que se recomponen. Cada vez más personas consideran que se puede ser católico y estar a favor de que el aborto sea legal.

 

*  Socióloga, Docente (UBA) e Investigación (CEIL-Conicet)


 

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3 opiniones en “Aborto: las lecciones del recorrido irlandés”

  1. No comparto el catolicismo, de hecho nunca lo fui, pero Argentina hoy se enfrenta a algo más serio, médicos llaman “enfermedad al aborto”, “un extremo para casos especiales” y no así por lo expreso en el proyecto de ley que se plantea, que exponen los derechos del médico por objeción de conciencia a sanciones. Es decir que resulta una gran dicotomia de valor que hoy sea un delito y mañana irrestrictamente lo exijan.

  2. La gran diferencia con el caso argentino, es que aquí jamás se llevó a plebiscito ninguna de estas reformas. Tendrán miedo a q pueda ganar el NO a estas reformas pro aborto?

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