La reelección de Maduro, sin legitimidad de origen

Por Gabriel Puricelli *

Lo último que emparenta a Venezuela con un régimen democrático es que se realizan elecciones en las que pueden competir partidos distintos del de gobierno. La división de poderes fue cancelada cuando el judicial comenzó a amañar sus procedimientos para encarcelar opositores y cuando el gobierno de Nicolás Maduro perdió las elecciones legislativas, en 2015, y decidió ignorar las consecuencias del hecho. La constitución fue ignorada cuando el presidente convocó a una “asamblea constituyente” sin previa consulta popular, en 2017. El pluralismo de partidos fue abandonado con la elección de ese órgano. La autonomía de los estados fue violentada cuando se impidió a gobernadores electos por el pueblo asumir el cargo por no someterse a la “asamblea constituyente”.

El adelantamiento inconstitucional de la elección presidencial que se realizó el pasado 20 de mayo de 2018 fue el último acto del desmonte de la democracia en Venezuela. El proceso tuvo proscripción de candidatos y la violación rampante de las reglas comiciales para competir a los candidatos que se les permitió participar. El último vestigio de democracia, la legitimidad de origen del primer mandato presidencial de Maduro, se ha extinguido con la asunción, el 24 de mayo, de un segundo período para el que no ha sido elegido constitucionalmente.

La lista de violaciones a la constitución expuesta hasta aquí no es exhaustiva. No vamos a entrar aquí en la consideración de la represión violenta y homicida de la protesta política y social por parte de autoridades estatales o colectivos paraestatales. No hacemos esto porque son acciones que no son privativas de regímenes abiertamente inconstitucionales, como lo son hoy Venezuela y Honduras. Son acciones que también ocurren en países donde se respeta mayormente la letra de la constitución, pero donde los derechos humanos gozan de garantías limitadas, como México, Colombia o Brasil.

Es imposible ver nada de lo que sucede en Venezuela sin pasar por el prisma de las interpretaciones de la realidad que hacen los distintos actores. Muchas veces tuercen los hechos y hay posibilidades limitadas, para los observadores externos, de determinar exactamente qué sucede. Sin embargo, hay algunas conclusiones que se pueden sacar de las elecciones presidenciales organizadas por Maduro, incluso aceptando como ciertos los datos provistos por el Consejo Nacional Electoral (CNE) controlado por el madurismo. Según los datos del CNE, sólo el 46% de los venezolanos en condiciones de votar decidieron hacerlo, una brutal caída del 33% respecto de la tasa de votación en la elección que ratificó a Maduro en el gobierno en 2013. Una caída de la participación de esa magnitud no puede explicarse sin la deserción de cerca de un millón y medio de ciudadanos de su apoyo al oficialismo, sin el acatamiento de otros millones al llamado al boicot de una fracción de la oposición y sin la ausencia de cientos de miles de emigrantes expulsados por la implosión económica del país.

Con un padrón que creció en un millón y medio de ciudadanos desde la última elección ganada por Hugo Chávez, en 2012, Maduro se las ingenió para perder dos millones de votos en relación con los obtenidos entonces por  el “comandante eterno”. Los más de seis millones de votos que el CNE le adjudica a la candidatura de Maduro palidecen todavía más frente a los “10 millones de votos” que Maduro insistió que obtendría durante la campaña electoral. Bajo los parámetros del propio oficialismo, la elección fue, entonces, un fiasco. Desde otro punto de vista, sin embargo, conviene destacar que aún si los números del CNE estuvieran inflados, ningún estudio de opinión pública ponía a Maduro por debajo del 30% en intención de voto. Esto equivale precisamente a unos seis millones de votos en una elección en la que votara un 90% del padrón. Es decir (y no hacían falta estas elecciones para poder sostener esto) el oficialismo venezolano es indudablemente minoría, pero conserva una base política importante. Esto lo hace parte necesaria de cualquier solución pacífica y democrática a la crisis que Venezuela pueda alcanzar en el futuro.

El CNE tuvo que admitir que tres millones de venezolanos decidieron apoyar a los candidatos opositores que fueron autorizados y decidieron presentarse. También reconoció que 11 millones no se acercaron a los centros de votación. Esto autoriza a la oposición a sostener que ha ganado una pulseada al negarle a Maduro la legitimación para seguir gobernando. Sin embargo, su absoluta falta de unidad la deja expuesta como una fuerza incapaz de encarnar una alternativa. Se olvidan que transiciones a la democracia como la uruguaya o la brasileña se iniciaron con limitaciones impuestas por los regímenes militares. Los integrantes de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) fueron incapaces de aprovechar la elección para ponerle fin al gobierno de Maduro. La proscripción en Uruguay de los principales líderes opositores, Wilson Ferreira Aldunate y Líber Seregni, en 1984, y la imposibilidad de realizar elecciones directas en Brasil, en 1985, no impidió a las oposiciones poner en marcha un proceso de democratización que luego fue indetenible. Sin pretender, de ninguna manera, igualar esas situaciones con la de Venezuela, Henri Falcón contaba con un argumento valedero para intentar convencer a sus socios de presentarse a elecciones a pesar de la proscripción de su candidato más taquillero, Henrique Capriles. Y de esa forma intentar derrotar al régimen en su propio terreno, como lo hizo la oposición chilena contra Pinochet en el plebiscito de 1988. Los abstencionistas se justifican ex post en las denuncias de fraude que el propio Falcón se vio obligado a realizar la noche misma de la elección. En efecto, el régimen fue incapaz de aprovechar la división de la oposición y la presencia de Falcón en la contienda para ofrecer un terreno de juego nivelado frente a un candidato que no contaba con el apoyo unánime del variopinto conglomerado opositor. El oficialismo incumplió compromisos que había asumido ante Falcón, como la eliminación de los “puntos rojos” cercanos a los lugares de votación, donde se consumó la compra, vía remuneración posterior, de un número imposible de determinar de votos.

La división opositora llevó a uno de sus más elocuentes simpatizantes en Washington, el presidente emérito del Diálogo Interamericano, Peter Hakim, a sostener que la venezolana es la oposición “más estúpida que he conocido jamás”. La oposición misma se está condenando, no sólo a la ineficacia, sino a transformarse lentamente en parte del problema más que de la solución del drama venezolano. De todos modos, tras la denuncia de fraude de Falcón, un camino de reunificación parece ser posible.


“El otro aspecto sintomático de la debilidad del madurismo son las deserciones entre los cuadros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, incluidos oficiales de alta graduación”


Maduro, tras acortar siete meses el mandato para el que había sido electo legítimamente en 2013 y asumir uno nuevo obtenido en condiciones inconstitucionales, ha dado algunas muestras de haber tomado nota de su debilidad. Por un lado, después de meses de campaña y discurso de barricada, ha mencionado la necesidad de “un gobierno de reconciliación”, aunque no ha dado pistas de qué quiere decir con eso. Por otro lado, el fiscal general William Tarek Saab ha dispuesto la libertad (condicional, en la mayoría de los casos) de una veintena de ciudadanos detenidos en las manifestaciones de 2017. Esto se suma a cerca de 80 excarcelaciones decididas a fines de ese año. El número de presos políticos alcanza todavía a más de 300. Es imposible adivinar si este relajamiento de la represión se profundizará o no. Hay que atenerse a la conducta zigzagueante que ha seguido el madurismo en las instancias de diálogo con la oposición en el pasado, con endurecimientos súbitos luego de distintas ofertas de concordia.

El otro aspecto sintomático de la debilidad del madurismo son las deserciones entre los cuadros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, incluidos oficiales de alta graduación. El lento deterioro de las condiciones de vida de los militares, a los que se buscó ahorrar en la medida de lo posible la penuria económica que vive el resto de la población, se está traduciendo en un desgranamiento que preocupa al régimen y que suscita especulaciones en los sectores antidemocráticos de la oposición.

Hemos elegido omitir en este breve análisis el factor internacional. No es porque sea indiferente a la evolución de la situación sino porque hoy por hoy no constituye un factor decisivo ni para el empeoramiento de la situación ni para aportar soluciones conducentes a una salida.


“Si se impusiera finalmente un diálogo con garantías para el oficialismo y la oposición, el acortamiento del mandato estaría entre los principales puntos del orden del día”


Con elementos contradictorios de distensión política y de aceleración del deterioro económico, Maduro ha iniciado una segunda presidencia que pocos están seguros de que dure seis años, como prevé la constitución vigente. Si se impusiera finalmente un diálogo con garantías para el oficialismo y la oposición, el acortamiento del mandato estaría entre los principales puntos del orden del día. En cambio, si Maduro creyera que seis millones de votos y una oposición balcanizada son suficientes, la “asamblea constituyente” puede intentar reconfigurar el ordenamiento constitucional de modo que posibilite la perennidad del régimen y la eliminación de todo vestigio del principio representativo. En la medida en que la válvula de escape de la emigración y la desactivación de una protesta vencida por la penuria sigan definiendo la actitud hoy por hoy pasiva de la calle, la resolución de la crisis estará en manos de quienes transitan el palacio. Una sola cosa es segura: Venezuela seguirá siendo fuente de malas noticias antes de que, eventualmente, lleguen las buenas.

 

* Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas.


 

Share

Una respuesta a “La reelección de Maduro, sin legitimidad de origen”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *