Debate ausente y urgente, el desarrollo

Por Damián Farah

Para que un país hable de desarrollo requiere en principio conjugar dos variables: pensar en el largo plazo y establecer un marco de acuerdo entre los distintos sectores políticos, sociales, culturales y económicos.

El desarrollo es un concepto multidimensional y, al mismo tiempo, es una definición política. La ecuación que lo compone está formada por variables que son definidas por el Estado y la constante en ellas es la presencia del acuerdo. No existe posibilidad de desarrollo sin un gran acuerdo previo.

Argentina ha sido tomada por la “grieta”, que resulta beneficiosa para dos facciones en pugna y altamente perjudicial para todos los argentinos. Esta grieta local no es la única que nos atraviesa. Existe al menos otra que desde principios del siglo XX se dirime en el mundo y nos afecta. Es la grieta entre monetaristas y keynesianos, con todas las variables existentes y posibles.

La aplicación de las políticas económicas del Consenso de Washington a partir de finales de la década del ‘70 produjo afectaciones en los ámbitos sociales, culturales y políticos. El monetarismo generó el desembarco de un debate plagado de variables coyunturales, que son las que escuchamos a diario a través de los especialistas que circulan en los medios de comunicación más populares.


“No existe posibilidad de desarrollo sin un gran acuerdo social previo”.


La tecnología, entre otros muchos factores, ha logrado insertar la noción de lo breve, lo inmediato y divertido, como algo necesariamente bueno. Esto da lugar, por contraposición, a la idea de que lo extenso y prolongado es aburrido y cansador.  La noción de lo instantáneo y placentero forma parte central de la lógica social de la posmodernidad.

Hablar de desarrollo exige abordar la complejidad, pensar el largo plazo, arribar a consensos, prever escenarios, generar herramientas y programas. Requiere  evaluar posibles impactos, establecer prioridades y construir un modelo de distribución y reinversión del excedente. Todo esto para que se evite la propagación del capital improductivo, entre muchos otros factores estratégicos.

Hacia principios de la década del ’50, y luego de las observaciones realizadas por Hirschman sobre el modo de abordar el atraso económico, el estructuralismo nacido de las ideas de Raúl Prebisch y Hans Singer puso el acento en el deterioro de los términos del intercambio existentes entre el centro industrializado y la periferia atrasada. Por su parte, hacia finales de esa misma década, Rostow señaló que la transformación económica y social implicaba la incorporación, difusión y reproducción, de nuevas técnicas de producción.

En la década del ‘60 los teóricos de la dependencia (Frank-Furtado) trabajaron para demostrar que el subdesarrollo era una consecuencia del sistema capitalista a nivel mundial. Y que requería de la existencia de atraso en algunas regiones como condición para la apropiación del excedente.

A principios de los años 70 el capitalismo y sus instituciones mundiales dictaminaron a favor del neoliberalismo para transformarlo en la principal doctrina económica a aplicarse.  Términos como “equilibrio fiscal”, “combate a la inflación”, “retiro del Estado de la planificación económica”, “quita de regulaciones”, “privatización de empresas estatales”, “recortes presupuestarios a la educación”, “privatización del sistema de salud”, fueron instalándose como “verdades indiscutibles”. Se constituyeron en requisitos fundantes de la “competitividad” y “la necesaria libertad de las fuerzas productivas”. En el transcurso de ese tiempo, la virtualidad le ganó a la realidad y la economía basada en la producción y administración de bienes y servicios dejó su lugar central a la de servicios financieros. Por esto, en la década de 1980, Hirschman se lamentaba de las épocas por venir, postulando el “ocaso de la teoría económica del desarrollo”.


“Argentina ha sido tomada por la ´grieta´, que resulta beneficiosa para dos facciones en pugna y altamente perjudicial para todos los argentinos”.


Ya en los ‘90, el economista de CEPAL Fernando Fajnzylber sostenía que en América Latina, entre 1970 y 1985, no hubo país alguno con crecimiento superior al 2% y que ello se debía al hecho de que la región no participaba de manera relevante en el progreso tecnológico que se daba en el mundo industrializado.

Posteriormente, a principios del siglo XXI, tomaron auge las ideas de la escuela Institucionalista. Allí North señala que la clave para el desarrollo económico son los derechos de propiedad. Esta escuela es criticada por autores como Chang, que marcan la contradicción entre las ideas de los primeros liberales y la propiedad de patentes de invención, que las consideraban nocivas para la libre competencia.

Por su parte, en el mismo período, Naciones Unidas impulsa los denominados “Objetivos del Milenio” [1], que se concentran mayormente en objetivos sociales, ambientales, y mencionan de forma escueta las cuestiones vinculadas al desarrollo.  A modo de ejemplo, es posible citar el objetivo Nº 8 establecido por la ONU, que enuncia lo siguiente:

8.1 “Desarrollar aún más un sistema comercial y financiero abierto, basado en normas, previsible y no discriminatorio”.

Lo particularmente llamativo es que este sub-punto contradice abiertamente lo hecho por los países más desarrollados del mundo en el período histórico donde lograron profundizar y consolidar sus respectivos procesos de industrialización.

Los objetivos y sub-objetivos restantes del documento de la ONU para el milenio se orientan a atender situaciones urgentes y acuciantes, pero en ningún caso a resolver el problema central del subdesarrollo, vinculado esencialmente al atraso en el aspecto industrial – tecnológico y la consecuente distribución del excedente.

La cuestión del desarrollo en Argentina

El desarrollo industrial y científico-tecnológico es una cuestión compleja. Incluye variables vinculadas al  aspecto socio-cultural, al educativo, al económico, al político y geográfico, entre muchos otros. Esto permite elucidar que la mera asignación de presupuesto, construcción de instalaciones o el aumento de salario de quienes investigan y desarrollan, son parte importante del proceso, pero no alcanzan para producirlo efectivamente.

A lo antes enunciado cabe agregar que, si el sistema productivo nacional es un mero replicador, a quien le basta con adquirir patentes del extranjero, produciendo bajo licencia, con el único objetivo de la rentabilidad de corto plazo, todo tipo de investigación con base en el desarrollo industrial y científico-tecnológico carece de sentido.

Del mismo modo, los incentivos meramente económicos podrían ser insuficientes para atraer al capital hacia el camino del desarrollo. Esto entendiendo el nivel de riesgo, la necesaria tasa de reinversión en capital reproductivo y el incremento de la tasa de ahorro que se requiere[2].

En su libro “el capitalismo periférico”, publicado en 1981, Raúl Prebisch señaló que en una entrevista que tuvo con el presidente del Instituto Japonés para el Desarrollo, el funcionario nipón le manifestó que, más allá de la importante y estratégica ayuda norteamericana de la 2º posguerra, los empresarios japoneses tomaron a la “sobriedad” como modo de vida. Esto se tradujo en una tasa de reinversión en capital reproductivo de casi el 30% anual desde 1948 hasta 1960. Al respecto, el fallecido economista de la CEPAL sostuvo que tales niveles de reinversión sólo fueron posibles en el marco de una fuerte cultura del concepto de lo “estratégico”.[3]

El economista y sociólogo de la Universidad de Pennsilvania, Jeremy Rifkyn, sostiene que los procesos vertiginosos de avance tecnológico producen disrupciones socio-económicas y culturales que sólo son posibles de abordar desde la construcción de “capital social”.  Es decir: a partir de la inter-vinculación profunda de saberes, tradiciones, valores, capital y consensos, entre la sociedad civil, el Estado, el sistema de conocimiento y la producción.[4]

Para Rifkyn, la interacción del sistema del conocimiento, la producción y el Estado, son fundamentales. Sostiene que los avances tecnológicos son posibles a través del conocimiento (sistema educativo y de investigación), el financiamiento (sector público y privado) y la infraestructura (proporcionada por el Estado).

Es posible verificar la coincidencia del economista norteamericano respecto de lo enunciado en el trabajo “La ciencia y la Tecnología en el desarrollo futuro de América Latina” de 1968. Los son el profesor Jorge Sábato y Natalio Botana. En el documento se sostenía que la superación del subdesarrollo en la región “…resultará de la acción simultánea de diferentes políticas y estrategias…”.

En contrapunto respecto de la opinión de funcionarios de la época, Sábato y Botana manifestaron que la investigación no es un lujo que puedan darse los países desarrollados. Opinaban que la Nación que descarte esa posibilidad corre el “…riesgo de quedar marginada de la historia…”.   Los autores sostenían  que “…América Latina, con escasa intervención en el pasado y en el presente en el desarrollo industrial y científico – tecnológico, deberá cambiar su papel pasivo de espectador por el activo de protagonista, procurando conquistar la máxima participación…”

En este trabajo, Sábato define al Triángulo de relaciones entre el Gobierno, la Ciencia-Tecnología y la Estructura Productiva, como un sistema que interpreta un modelo de acción múltiple y coordinada de esos tres elementos fundamentales en el desarrollo de las sociedades contemporáneas.[5]

La vigencia del pensamiento de Sábato no sólo habla bien de su claridad conceptual sino del empecinamiento argentino por permanecer en el atraso.

En definitiva, los efectos del neoliberalismo y el populismo que atraviesan la historia reciente y la actualidad de nuestro país son múltiples e intensos. El malestar que produce la conjugación de los términos Planificación y Estado sobre la visión de los economistas de mayor vigencia y popularidad configuran el escenario donde crece y se alienta el análisis de coyuntura, que nos acota los márgenes de pensamiento y capacidad de innovación.

Del mismo modo, la necesidad del populismo de permanecer en el atraso, sin transformar la matriz productiva para que los pobres eternos sigan siendo clientes del Estado, hace que  los ejes centrales del problema del desarrollo continúen vigentes.

Ojalá podamos poner sobre la mesa de debate la posibilidad de buscar honestamente el consenso y el equilibrio racional, que permita la alternancia democrática con la permanencia de políticas de largo plazo.  En caso contrario, seguiremos sumergidos en el subdesarrollo sin darnos la posibilidad de un porvenir distinto.

[1] Objetivos de Desarrollo del Milenio, Organización de Naciones Unidas (ONU), año 2000

[2] Hay economistas que sostienen que el capital solo requiere del atractivo de la rentabilidad para lograr elevadas tasas de reinversión.

[3] Capitalismo Periférico, crisis y transformación, Raúl Prebisch, Fondo de la Cultura Económica, México, 1981

[4] La sociedad de coste marginal cero, el internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo, Paidós, Argentina, 2014, pág. 11 a 13

[5] La ciencia y la tecnología en el desarrollo futuro de América Latina, Sábato-Botana, Buenos Aires, 1968

 

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4 respuesta a “Debate ausente y urgente, el desarrollo”

  1. Todo se reduce a subir el porcentaje del presupuesto educativo al doble o al triple. Si llegamos a un 15% (Illia tenía aún más) lograríamos girar los acontecimientos de manera vertiginosa hacia un pais desarrollado en poquisimos años. Está probado que los paises con mejor educacion por apenas 10 años lograron bajar notoriamente la pobreza. Porque la mano de obra calificada trae aparejada la produccion de bienes con valor agregado. Los inventos se patentan por doquier, se crean mas vacunas, los chicos estan mejor alimentados eso provoca menos gastos en salud mayor cantidad de egresados mejor calidad de vida posterior al egreso, la natalidad se controla mas porqye a mayor educacion hay menor cantidad de embarazos adolescentes. A mayor educacion hay mas contencion de los jovenes y menos puede invidir la droga. Todos los parametros mejoran. Es mas he conversado personalmente con profesores de la universidad y me aseguraban que es posible que nuestro sistema educativo universitario produzca un proyecto de mejora educativa considerablemente optimo. Pero si no quisieran incluso podria tomarse el caso de ecuador como ejemplo. Ecuador tomo el sistema educativo de finlandia y lo puso en marcha. Diez años despues habian mejorado la salud la educacion la produccion la cultura toda. Todo se reduce a la educacion. Y en Argentina que tenemos una poblacion con un coheficiente intelectual de 96 puntos de promedio, no podemos dejar de lado nuestro mejor recurso que es el humano.

  2. Excelente nota!. Personalmente me produce angustia la poca exposición mediática de un desarrollo teórico que, más allá de explicar la actual y difícil coyuntura, acerque al público una alternativa a los conceptos q una escuela de economistas nos bombardea diariamente, formal o histrionicamente. Espero q Damián no se estacione en una nota cómo está, y avance en propuestas estructuralistas para trazar y proponer un camino distinto q nos saque del subdesarrollo, y permita una retención y reinversión del excedente q genera o puede potencialmente generar un país con semejantes recursos!! Leer a Prebish en Capitalismo Periférico es difícil, árido. Alguien debería “traducir” y hacer accesibles los escritos y pensamientos del gran viejo Raúl.

  3. Excelente nota, personalmente agregaría el respeto absoluto a valores y vivencias Democráticas e ingentes esfuerzos para concientizar a la sociedad.

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