Continuidades del neoliberalismo en Argentina

Por Hernán Fair *

Desde el discurso oficial, el macrismo se presenta como una gestión novedosa y que supone un “cambio” para adecuarse al siglo XXI. Se presenta como un proceso sin relación de continuidad con experiencias políticas pasadas, salvo alguna referencia aislada de Mauricio Macri al desarrollismo frondicista. Para sus detractores, el oficialismo actual encarna un retorno liso y llano al neoliberalismo de los ´90. ¿En qué medida esta experiencia supone cambios y continuidades frente a los gobiernos neoliberales de la argentina reciente? Es posible explorar esto desde una estrategia comparada con las dos etapas previas de neoliberalismo gubernamental: la era de José Alfredo Martínez de Hoz y el menemismo, que incluye la sub-fase de la Alianza, que mantuvo el mismo Plan de Convertibilidad. Examinaremos dos variables entrelazadas: el modelo de acumulación y el discurso político.

Desde un análisis comparado, el modelo de acumulación actual encuentra varios elementos en común con los gobiernos neoliberales anteriores. Por un lado está la lógica de endeudamiento estructural y la valorización financiera del capital. A esto se suma la eliminación de ciertas retenciones agropecuarias, la política de apertura y desregulación comercial y financiera, y sus efectos de desindustrialización, reprimarización de la matriz productiva, concentración del ingreso y centralización del capital. Los amplios beneficios económicos, las alianzas políticas con el capital financiero y el complejo agroexportador, son otros aspectos convergentes. Ambas experiencias, además, se vieron salpicadas con denuncias de corrupción, colusión y conflicto de intereses.

En cuanto al discurso político, el actual oficialismo mantuvo la crítica a la “pesada herencia” recibida de las dos etapas previas. También conserva la retórica anti-estatista, a la que contrapone un discurso evolucionista y en defensa de la iniciativa privada y la inserción internacional. A partir de allí, replica el encadenamiento retórico de las políticas neoliberales con la lucha contra la pobreza, el control de la inflación, el crecimiento económico y el progreso social. Finalmente, articula este relato neoliberal con la apelación a la paz, la unidad nacional y la defensa de las fuerzas del orden, lo que reenvía a una tradición de derecha conservadora.


“Se conserva la retórica anti-estatista, a la que contrapone un discurso evolucionista y en defensa de la iniciativa privada”.


Con el menemismo comparte el acceso a la presidencia a partir de un discurso de campaña ambiguo y no exento de compromisos incumplidos: revolución productiva y salariazo, en el caso de Menem; pobreza cero, no devaluar, eliminar el impuesto a las ganancias y no ajustar, en el caso de Macri. También coincide en el estilo pragmático y en la adhesión a políticas económicas de matriz neoliberal.

A pesar de estas convergencias, encontramos algunas innovaciones y aggiornamientos relevantes en el proceso neoliberal actual. Desde el relato político, el macrismo incorpora una defensa del significante “emprendedorismo”, afín al ethos de clase de los CEOs gobernantes; también a la idea de “trabajo en equipo”, lo que se articula con una defensa de la meritocracia como producto del “esfuerzo” individual. Y apela al mito sedimentado que asocia al empresario con la eficiencia y al ser rico con la honestidad en la función pública. (El ministro Juan José Aranguren “dejó su actividad privada, en la que le iba muy bien”).

A nivel enunciativo, el gobierno escenifica dos dispositivos semiológico-políticos. Por un lado, el de la sinceridad y el de decir la verdad. “Elegir la verdad, aunque a veces incomode”. Este ethos político sincero pretende contrastar con las mentiras del kirchnerismo sobre los índices reales de inflación y pobreza. “La política no es un escenario para mentir a la gente con datos falsos”. Sin embargo, el mismo relato épico para “sincerarse” es utilizado para justificar políticas de ajuste y desregulación neoliberal. “Hay que sincerar las tarifas y el tipo de cambio”.

Luego se apela también a un dispositivo político de escucha desde una posición humilde y para “aprender”. Estoy abierto a recibir todas las mejoras que ustedes tengan para introducir”. “Hemos aprendido de nuestros errores”. “Hay que escuchar al que piensa distinto”. “Estamos trabajando con humildad”. Este rasgo pretende delimitar una frontera política frente a la soberbia y omnipotencia kirchnerista. Incluye, además, un estilo enunciativo que se presenta como optimista y que incorpora una épica posibilista. “No vamos a aflojar. Hoy más que nunca se puede”.

La gobernadora María Eugenia Vidal escenifica a la perfección este ethos político de la sinceridad y el relato de la escucha humilde. Y le agrega una épica de la “lucha contra las mafias”, con el apoyo de “la gente”. También hay un mayor grado relativo de emocionalidad en el discurso verbal y en la imagen pública proyectada, con relación a Macri. Sin embargo, este relato de la “escucha” y la “apertura al diálogo” hace oídos sordos a los justos reclamos de los trabajadores en defensa de sus derechos sociales.

En el modelo de acumulación, el aggiornamiento más importante es la estrategia de flotación del tipo de cambio. Esto evita el corset de la convertibilidad y difiere de la estrategia de devaluaciones decrecientes de la “Tablita” de Martínez de Hoz. Pero también se produjeron cambios relevantes en el elenco gobernante, ahora a cargo de CEOs que comparten un mismo ethos clasista. Y es liderado por el PRO, un novedoso y cohesionado partido de la nueva derecha que Vommaro define como “posideológica”.

Otra diferencia es el modo de construir poder. Es a través de un uso sistemático de las nuevas técnicas de marketing político, los focus groups, y una estrategia comunicacional que se basa en la manipulación de las emociones a través del timbreo, el storytelling y el empleo asiduo de Facebook, Twitter e incluso Instagram.


“El relato épico de “sincerarse” es utilizado para justificar políticas de ajuste y desregulación neoliberal”.


Por último, el macrismo incorpora un mayor énfasis relativo en la política social como contenedora. Esto incluye continuidades en algunas políticas públicas de la etapa posneoliberal kirchnerista, como la Asignación Universal por Hijo. También observamos una ampliación de los planes de asistencia social focalizada. Además, hasta el momento el gobierno nacional no realizó una apertura comercial indiscriminada o una reprivatización de las empresas estatizadas por el kirchnerismo. De allí que analistas políticos como José Natanson y Alejandro Grimson se refieran a un neoliberalismo “posibilista” y “gradualista”.

Sin embargo, en los últimos meses, la estrategia gradualista viró hacia un acuerdo con el FMI y la aplicación de un clásico plan de ajuste fiscalista de la inversión pública. Esta profundización de la políticas de corte neoliberal matiza la caracterización inicial y la acerca un poco más al gobierno que colapsó en el 2001.

Los aggiornamientos relativos que observamos responden a múltiples factores. Por un lado están las restricciones institucionales del gobierno, que cuenta con minoría en ambas Cámaras del Congreso. Además hay una serie de cambios relevantes en el capitalismo actual, que se traducen en una expansión de las nuevas tecnologías de la información y una mayor fragmentación y heterogeneización de la estructura social. Responde también a una coyuntura diferente a la de los ´90. Hoy las políticas neoliberales generan una intensa y consistente resistencia en la sociedad civil. Por último, si bien persiste una fuerte transnacionalización y extranjerización de la economía y se mantiene el problema de la restricción externa, ya no existe el Plan de Convertibilidad, que reducía la competitividad internacional de los sectores transables. Al mismo tiempo, el mercado internacional atraviesa una etapa de larga moderación y escaso dinamismo, lo que, junto con la sequía local del 2018, pone límites a la estrategia externa.

Para concluir, en el actual experimento de la nueva derecha encontramos importantes continuidades con las etapas previas de gobiernos neoliberales en la Argentina, pero también algunos aggiornamientos. Estas actualizaciones se relacionan con cambios en la coyuntura y en la correlación de fuerzas existente.

Sin embargo, la aprobación de la reforma previsional, el reciente acuerdo con el FMI para intensificar el plan de ajuste fiscalista y el brutal recorte presupuestario impuesto en las Universidades Nacionales y en el sistema de Ciencia y Técnica contra los trabajadores públicos, reafirman y profundizan este cambio restaurador del modelo de acumulación neoliberal.

 

* Doctor en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires. Investigador Adjunto del CONICET. Investigador y Profesor en la Universidad Nacional de Quilmes (Centro IESAC/UNQ).


 

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Una respuesta a “Continuidades del neoliberalismo en Argentina”

  1. Es interesante y enriquecedor, leer un análisis fundado. Para los que todavía sabemos leer entre líneas y con capacidad crítica, es una tortura leer la actual prensa escrita, radial o televisiva donde desde el comienzo el enunciado se muestra enfocado desde una perspectiva (todos podemos tenerla y la tenemos) amañada y estructurada de forma tal de partiendo de premisas falsas, o en el mejor de los casos discutibles, se llega a conclusiones que buscan predisponer al agente receptor del mensaje. En este caso, sucede lo contrario. Se trata de una análisis fundamentado, claro y conciso, que permite en pocas palabras entender las líneas de “manipulación” que el actual gobierno utiliza, para justificar, el actual saqueo, que por sus características de velocidad y cantidad, entendemos si no el más, uno de los más grandes de la historia argentina.

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