Sobre el populismo y lo popular

Por José Luis Stella y Jorge D’Onofrio*

La palabra populismo conlleva un significante de reproche y señalización hacia quien le es asignada. En los últimos años se ha tomado la palabra popular como sinónimo y estamos en un grave error si aceptamos que son lo mismo.

Como consecuencia del gobierno del kirchnerismo, hay una brecha en la sociedad marcada por una perversa relación amigo-enemigo que debe ser analizada desde la perspectiva de lo Nacional para comprender el problema. Si partimos de la definición clásica de Nación, nos referimos a un conjunto de personas de un mismo origen étnico, que comparten vínculos históricos, culturales, religiosos, y otros. Sin embargo, lo más importante es que tienen conciencia de pertenecer a un mismo pueblo o comunidad y, generalmente, hablan el mismo idioma y comparten un territorio.

Los argentinos nos consideramos una Nación con un idioma en común. Pero en algunos parámetros de la definición sólo podríamos ser un grupo de personas que habitan un mismo territorio. No compartimos una cultura común. La historia tiene varias interpretaciones, por lo que podemos considerar que no es una sola porque “la escriben los que ganan”. En lo religioso aceptamos distintas concepciones y eso en muy sano para la convivencia. Ahora bien, tenemos diferencias muy notorias cuando proyectamos un futuro en común, ya que nos corroe internamente una necesidad de confrontación visceral.

Somos Radicales o peronista, de izquierda o de derecha, progresistas o conservadores, azules o colorados, chupandinos y pandilleros, unitarios o federales. Podríamos continuar la nota hasta el final marcando la necesidad de diferenciarnos. Esto, las diferenciaciones, igual permiten la convivencia. El problema es que ahora nos hemos dividido entre amigos y enemigos, con el agravante de que el que piensa distinto a mí es mi enemigo, insertando una lógica que no permite el intercambio de ideas y criterios, tan sano para vivir en democracia. Aquí caemos en el concepto de Populismo.

El kirchnerismo siguió la corriente impuesta por Laclau en “La Razón Populista”, de la utilización de los significantes vacíos para congregar debajo del líder a grupos sociales dispersos, para crear un sustento que no tenía. Cuando Laclau se refiere a significantes vacíos, lo hace desde la perspectiva de palabras que congregan voluntades diversas, pero que son tan amplias en su significante que permiten que varias identidades distintas puedan sentirse contenida en ellas. Como por ejemplo lo expresan la justicia o la libertad. Todos las queremos y sentimos como un horizonte a conquistar, pero los caminos elegidos para lograrlas pueden diferir al extremo de ser antagónicos.

Es que Néstor Kirchner llega al gobierno de la mano de su mentor, Eduardo Duhalde, que le armó una estructura de sustento. Si tomamos a Maquiavelo, podríamos situarlo en el príncipe que llega al gobierno con la fortuna y armas ajenas y, por ello, si quería autonomía de decisión debía quitar del medio a su mentor y armar una base propia de sustento. Eso hizo y buscó una identidad propia, congregando bajo sí a muchos grupos dispersos, los que se seducían con atractivos significantes vacíos. Eso le permitió armar su propia estructura de sostén y gobernar por sí mismo.

Es aquí donde se comienzan a juntarse las razones por las que las concordancias debieron fortificarse con antinomias que arrastraron conceptos a nuevas definiciones. Como Néstor se manifestó varias veces seguidor de Laclau, por lo tanto se autodesignó populista y sus seguidores de distintas identidades políticas, las que coinciden en que el pueblo es toda razón y justicia, se asimila que el pueblo es populismo. El amigo se convirtió en pueblo y el enemigo en antipueblo. Así pueblo, popular y populismo eran sinónimos. Para los enemigos, populismo fue el escudo que debe ser derrotado y lo popular es un sinónimo. Es aquí donde se prende la luz de alarma que se debe trabajar para cambiar una concepción totalmente errónea. Lo popular no es populismo.

Nosotros dedicamos varios años a analizar esta utilización del concepto de populismo y la asimilación de la palabra a lo popular. Buscamos definiciones de todos los sectores, para determinar el significado de populismo, comprobando que la mayoría de los autores se refieren a un concepto para denostar a aquellos que practican la demagogia y el engaño en sus gobiernos. Esta visión no nos conformó. Estamos convencidos de que los gobiernos democráticos deben ser populares o pierden una de las razones de ser de su existencia, que es gobernar para el pueblo, que es quien los eligió para ese cargo. Lo popular, decididamente, no es populismo.


“Hoy en día mucha gente cree que un gobernante que aplica medidas a favor del pueblo es populista, entendiendo que lo populista es lo que beneficia a las mayorías”.


En base a esto, avanzamos sobre las acciones que debe hacer cualquier gobernante en un sistema democrático, es decir, en un sistema en el cual es necesario captar votos para ganar elecciones. Gobernar para el pueblo debe ser un norte para cualquiera que ejerza la función pública. Cuidar el bienestar de todos sería el camino lógico a seguir, mediante una actitud de equidad distributiva. Por consiguiente, en nuestra concepción, el gobernante debe tomar medidas de gobierno populares buscando beneficiar a la mayor proporción de la sociedad equitativamente. Esa es una medida popular. Se convierte en populista cuando el afán lógico de cualquier político, conseguir su sustento, que son los votos del electorado, lo lleva a tomar medidas tendientes a equilibrar las cargas en una sociedad pero sin el correlato de análisis de las consecuencias económicas que puede generar a los que se dice querer beneficiar.

Muchas veces un gobernante apela a una medida para conseguir aplausos y vítores que rápidamente lo convierten en el preferido del electorado, pero esas medidas, sin carecen de sustento económico, son a mediano plazo un boomerang que impacta en los mismos que lo vitorearon y confiaron en su palabra. Esto es populismo. Una medida que beneficia a las mayorías y que perdura en el tiempo con el bienestar para el pueblo en su conjunto es popular.

El problema que notamos es que popular y populismo siguen siendo sinónimo para nuestra sociedad y, como consecuencia de esa apropiación ilegítima de la palabra popular, todo acto de gobierno a favor del pueblo es populismo. Es así que hoy en día mucha gente cree que un gobernante que aplica medidas a favor del pueblo es populista, entendiendo que lo populista es lo que beneficia a las mayorías. La dialéctica ha superado a la razón.

Así es que nos dedicamos a escribir un libro sobre el tema, al que hemos titulado: “Populismo, ni héroes ni demonios”. Es la conclusión de un trabajo de muchos años de estudio y análisis de la realidad económica, política y social latinoamericana. Ya desde el título nos colocamos en una posición totalmente novedosa, en la que exploramos la cuestión desde una nueva perspectiva conceptual y superadora del camino recorrido por otros autores, quienes intentaron definir el tema pero que inexorablemente cayeron en subjetivismos.

En el primer capítulo de esta obra se arriba a una nueva definición que permite situarse desde una visión distinta, donde se establecen niveles entre lo popular y lo populista con sólidos fundamentos. Al adentrarse en las características del populismo, establecemos un marco de referencia para el estudio, que se completa con las concepciones y las características del fenómeno que sobrevuela la política moderna, al igual que lo viene haciendo desde mediados del siglo pasado.


“Queremos que los gobiernos sigan siendo populares y que no se excusen detrás de no caer en populismo para beneficiar a los grupos concentrados del poder”.


Luego de analizar la realidad Latinoamericana, agregamos ejemplos concretos a nuestra teoría, enriqueciéndola y dándole fundamentos al contrastar la postura con los resultados, etapas y consecuencias sociales, económicas y políticas. El libro se completa trayendo al debate modificaciones en legislaciones vigentes, estructuras gubernamentales y nuevos institutos para aplicar y tomar prevención ante las desviaciones del “pragmatismo a ultranza” que no mide consecuencias económicas cuando busca conseguir los votos necesarios para mantenerse en el gobierno. Con abundante bibliografía y un amplio criterio de análisis, tratamos de instalar el debate sobre una realidad de la que mucho se discute pero que está plagada de prejuicios sin mucho fundamento.

Queremos que los gobiernos sigan siendo populares y que no se excusen detrás de no caer en populismo para beneficiar a los grupos concentrados del poder. Por eso publicamos este libro y proponemos un debate abierto, incluso si nuestra postura no fuera aceptada, habremos logrado avanzar positivamente en una discusión de ideas sin preconceptos.

 

*Autores de “Populismo. Ni héroes ni demonios. Una mirada distinta entre medidas populares y resultados populistas”.


 

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Una respuesta a “Sobre el populismo y lo popular”

  1. Muy buena nota!!! Hay que romper la correlación cultural que impone el neoconservadurismo entre popular y populismo, porque termina justificando acciones que benefician a los grupos concentrados de poder. La otra relación que es necesario romper es la que ponen entre crecimiento económico y déficit fiscal cero, porque eso depende en la etapa del ciclo en el que te encuentres.

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