El fútbol y la cultura del aguante

Opina Pablo Alabarces

“Ni reflejo de toda la sociedad, ni los inadaptados de siembre”. Esta es la primera reflexión que realiza el sociólogo Pablo Alabarces, uno de los académicos que más se ha dedicado a estudiar el fenómeno de las hinchadas de fútbol en la Argentina o, para ser más preciso, de la cultura del fútbol. Alabarces es licenciado en letras, tiene estudios de doctorado en sociología y es profesor titular en la universidad de La Plata y en la UBA. Publicó una gran cantidad de libros. Entre ellos están: Fútbol y Patria. El fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina (2002); Crónicas del aguante. Fútbol, violencia y política (2004); Hinchadas (2005); Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios (2014).

El episodio de violencia que desembocó en que el partido entre Boca Juniors y River Plate, por la final de la copa Libertadores, terminara jugándose en Madrid, volvió a poner sobre en el centro del debate público el complejo fenómeno de las barras bravas, siempre tratado con un exceso de simplismo que Alabarces deja de lado. El sociólogo aborda el tema como un fenómeno cultural más profundo. Sostiene que las barras son factores de poder legitimados por la sociedad y que el caso argentino es muy particular y por eso considera errado compararlo con el de otros países, como puede ser el caso de los hooligans ingleses.

Respecto de las definiciones que se dieron al inicio de esta nota, las que suelen circular habitualmente en los medios, que caracterizan a las barras como un reflejo de la sociedad o, en su defecto, como un grupo de inadaptados, Alabarces remarcó: “Son dos explicaciones automáticas y ambas son falsas. Hay algo que no deja de ser un poco gracioso y es que se suele invocar estos argumentos al mismo tiempo y juntos son contradictorios. Respecto de si las barras son un reflejo de la sociedad, diría que es una afirmación que resulta imposible de sostener. Las sociedades modernas son muy complejas. No hay una parte que las represente por completo. Además el fútbol es un universo muy masculino, más allá de que ha crecido mucho el público femenino. Sigue siendo un deporte preponderantemente de hombres, machista, misógino, y hasta homofóbico. A pesar de esto, se pretende sostener esta idea de que refleja a una sociedad en la que el 52% son mujeres. Otro elemento central es que el fútbol, culturalmente, tiene sus propias lógicas y normas. Hay valores que se depositan allí y nada más”.

Sobre la segunda y habitual explicación, la de los 10 inadaptados de siempre, el académico sostuvo que es un concepto que intenta diferenciar a la barra “de un colectivo puro, prístino, que serían los hinchas”. “No existe tal diferencia-remarcó-. Es cierto que hay sujetos entrenados para la violencia, que poseen mayor capacidad para eso. Pero funcionan porque lo hacen en el contexto de una cultura futbolística en el que la violencia está consensuada. Son las normas del fútbol, cuyo eje central es la ley moral del aguante. Tener aguante está bien y no tenerlo está mal. Es así de sencillo. Un ejemplo bien claro es el famoso cantito: sos puto y sos cagón. Eso no es algo que lo dice sólo la barra brava. Lo grita todo el público”.


«En las reglas de la cultura del fútbol hay un eje central que es la ley moral del aguante. Tener aguante está bien y no tenerlo está mal. Es así de sencillo»


Siguiendo con la misma línea de reflexión, el sociólogo destacó: “Claro que todos los que cantan eso después no van a ir a pelarse de puños. Para eso hay gente especialmente entrenada. En ese momento, el resto del público se horroriza y quizás piense que no era para tanto, que se trataba de cantar y nada más. El tema es qué significa sos puto y sos cagón en el código del aguante. Implica que el otro tiene menos capacidad para el combate. Entonces, quien está capturado por ese lenguaje, por esos valores, y no toma distancia, es simplemente un engranaje más. Toda esta lógica del aguante no la inventaron las barras bravas, aunque sean culpables de muchas cosas porque no se trata de justificar conductas delictivas. Sin embargo, en las investigaciones que he realizado he podido constatar que los hinchas que no son de la barra no le reprochan a la barra la violencia sino su mercantilización. No le cuestionan tener aguante sino que cobren por tenerlo. Es el momento en que la barra vuelve su capacidad de violencia en una mercancía que entra en transacción con el resto de los actores: la policía, los dirigentes deportivos y políticos. Eso es lo que critica el resto del público, pero no la violencia en sí misma”.

Alabarces asoció este sistema de valores con cuestiones más profundas. “Hay un orgullo comunitario en el aguante. La idea es que la barra es la mejor preparada para ejecutar la defensa del honor del equipo y del territorio, del barrio. El honor implica tener aguante, es decir, no correr. Es algo muy fuerte, forma parte de un consenso en la cultura del fútbol. A veces, en las hinchadas más pequeñas, esto es aún más claro porque no hay ganancia económica importante. Entonces todo se hace por este prestigio comunitario y territorial. La barra de Ituzaingó, por dar un ejemplo, no tiene beneficios con los trapitos en la cancha pero sí el respeto comunitario porque defiende el territorio en el que nadie los hace correr ni les pinta una pared con otro equipo. De ahí viene también la relación estrecha entre las barras y las dirigencias políticas territoriales”.

El fenómeno hooligan

Un ejemplo que volvió a circular mucho en las últimas semanas es el de los hooligans ingleses. Estos hinchas fueron barridos de la escena futbolística en Inglaterra luego de lo que se conoció como “la tragedia Hillsboroug”, en Sheffield, Inglaterra. Ocurrió en abril de 1989, cuando 96 personas murieron aplastadas contra el alambrado que rodeaba la cancha, pocos minutos después de que comenzara a jugarse el partido entre el Liverpool y el Nottingham Forest por la final de la Copa FA. La tragedia fue producto de una aglomeración desbordada de gente en las tribunas del Liverpool y desató una reforma total de los estadios que terminó también con el fenómeno de los hooligans.


«El fenómeno argentino es muy único y se está extendiendo en la región. El equipo de fútbol como identidad, al punto de que el otro es tu enemigo».


Al respecto, Alabarces, destacó: “Era un caso muy distinto. Inglaterra logró resolver la presencia de los hooligans porque no eran un factor de poder. Era simplemente la experiencia de la violencia por la violencia misma. De todos modos, la política británica fue mucho más compleja de lo que se suele creer. Nosotros solemos simplificar mucho lo que se hizo. De repente alguien dice que sacaron los alambrados. Sí, porque el origen del cambio fue la muerte de decenas de hinchas contra la reja. El paquete fue complejo. Fue muy decisiva la cuestión de las instalaciones que fueron modificadas por peligrosas. Eso tuvo un efecto no buscado y es que para hacer esos cambios se gastaron muchos recursos y hubo un aumento desaforado del precio de las entradas. Terminó habiendo una suerte de selección de clase. Los obreros quedaron afuera de los estadios ingleses. Hoy es un fútbol con público de clases medias pudientes y mayores de 40 años. Los jóvenes no van”.

“La comparación es muy difícil- agregó el sociólogo-. El fenómeno argentino es muy único. Incluso hay una suerte de exportación, de imitación diría, del modelo de hinchada argentino. No me refiero a la cuestión de los negocios, pero sí del estilo aguantador, desgarrado, y fuertemente confrontativo. Se está imponiendo en toda América Latina. El equipo de fútbol como identidad, al punto de que el otro es tu enemigo, es algo que se extiende en la región. Es una preocupación en todo el continente”.

 


 

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