Bolsonaro y la posdemocracia

Opina Darío Pignotti *

El flamante presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, comenzó su mandato confirmando sus posiciones de ultraderecha. Bajó el salario mínimo, sostuvo que los homosexuales y los transexuales debían ser excluidos de las políticas públicas de derechos humanos, y anunció una reforma previsional que apunta un durísimo recorte de derechos sociales.

El periodista Darío Pignotti vive en Brasilia y es corresponsal de la agencia italiana Ansa y del diario argentino Página 12. Fue consultado por Replanteo acerca de los primeros pasos del nuevo gobierno de brasileño. Pignotti sostuvo que en Brasil “no se puede hablar de democracia”. “Es un nuevo régimen al que por ahora prefiero describir como posdemocrático”.

Para sostener su afirmación, el periodista mencionó tres elementos centrales. “En la primera semana de gestión de Bolsonaro quedó demostrado que su soporte político fundamental, que la estructura que lo sostiene, son los militares. El proceso que llevó a la caída de Dilma Rouseff, que primero fue encarado por algunos jueces y los medios de comunicación anti PT, ahora devino en nuevo orden político que tiene su principal vértice en las fuerzas armadas”.

“Otro elemento ilustrativo es la naturaleza del líder-agregó Pignotti-. Bolsonaro es alguien que reniega de la democracia. En su despacho, cuando era diputado, había siete retratos. Todos eran fotos de dictadores brasileños. No había una sola de un mandatario civil. Es una anécdota, pero muestra el carácter y los valores. Él reivindica la dictadura que gobernó Brasil entre 1964 y 1985. Lo primero que dice es que no hubo un golpe de Estado. Además odia a todos los periodistas. Ya dijo que quiere expulsar a los corresponsales. Los periodistas le dan salpullido y los afro brasileños también”.

El tercer dato que el periodista señala es el origen del nuevo gobierno, que se basó en buena medida en la proscripción de quien era el político con más respaldo popular hasta que se le impidió participar, el ex presidente Luis Ignacio Lula Da Silva. “Ese es un tema de raíz. El poder judicial se manejó de modo arbitrario y apuró los tiempos para garantizar que no pudiera competir en las elecciones. Lula, el 11 de septiembre del año pasado, antes de que se confirmara su proscripción, tenía 40% de intención de voto y Bolsonaro contaba sólo con 20. La proscripción rompió toda la jurisprudencia. Hay otros políticos, candidatos a alcaldes y diputados, en las mismas condiciones de Lula, es decir, con condena de segunda instancia, que pudieron participar en otras votaciones, incluso en esta última. Estos tres elementos, la naturaleza del líder, que su partido político sean las fuerzas armadas, y que haya surgido de elecciones de dudosa legitimidad por la proscripción del principal adversario, son algunos de los que nos impiden definir al Brasil actual como una democracia”.


“El proceso que llevó a la caída de Dilma Rouseff, que primero fue encarado por jueces y medios de comunicación anti PT, ahora devino en un nuevo orden político que tiene su principal vértice en las fuerzas armadas”.


El fenómeno social

Tomando como base las opiniones de Pignotti, y remarcando que un régimen autoritario no es sinónimo de un gobierno de minorías, que hay experiencias en el mundo de autoritarismos mayoritarios, surge una pregunta inevitable: por qué el pueblo brasileño le dio un respaldo tan importante a una figura como Bolsonaro.

“Hay algo que es importante entender-respondió Pignotti-. Brasil está lleno de singularidades que lo hacen un país muy distinto al resto de los latinoamericanos. Por ejemplo: las mentiras que se dijeron en la campaña fueron increíbles. Hubo una, la más usada, que decía que si ganaba Haddad (candidato de Lula) iba a darles a los chicos chupetes con forma fálica. Eso, que suena ridículo, que en Argentina, en Uruguay o en Chile, no se lo creería nadie, fue muy influyente acá. Los niveles de alfabetización política son muy bajos, comparándolos con otros países de la región”.

“Además-destacó el corresponsal-el régimen militar, que duró de 1964 a 1985, tuvo una gran destreza para engañar a la gente. Esto es así a tal punto que, en Brasil, a diferencia de Chile, Argentina y Uruguay, mucha gente ni siquiera habla de dictadura. Es un país que contó con una transición democrática tutelada por los militares. El principal ministro de (José) Sarney (primer presidente democrático) fue un militar. Podemos afirmar que la dictadura tuvo una visión económica desarrollista y no neoliberal, a diferencia de la dictadura argentina. Pero los jerarcas que están hoy con Bolsonaro están muy a favor de las políticas del ministro Paulo Guedes”.

Pignotti culminó esta parte de su análisis describiendo las vertientes que constituyen el apoyo social de Bolsonaro. “Es un autoritarismo que hoy tiene 65% de expectativa positiva-dijo-. Hay tres vertientes que componen el electorado del régimen. Por un lado está el bolsonarismo puro. Son los que defienden el racismo, que se opone a la igualdad de género, y reivindican a la dictadura. Representan un 20% de los votantes. Son el núcleo duro del actual gobierno. Otra vertiente de respaldo son los que no quieren ver al PT de ninguna manera. Es un público que está harto del PT, muy influenciado por los medios. Y, luego, hay otra parte, que son los que no quieren saber nada de la política, que son anti política”.


“Bolsonaro es alguien que reniega de la democracia. En su despacho, cuando era diputado, había siete retratos. Todos eran fotos de dictadores brasileños.


Tensiones internas

En los primeros días de gestión quedó claro que la diversa amalgama de intereses que tienen los sectores sociales y fácticos que respaldan al nuevo presiente presentan muchas contradicciones. Hay tensiones dentro del bloque gobernante.

“Aunque parezca increíble, aquí en Brasil ya se habla de un posible plan B para la mitad del mandato, si es que Bolsonaro se desgasta mucho. Ese plan es que gobiernen directamente los militares y la figura es el actual vicepresidente, el ex general Hamilton Morao. Lo que se sostiene es que se podría practicar un impeachment, una suerte de nuevo golpe parlamentario, y como en este momento prácticamente no hay instituciones, y el congreso está poblado de ex militares y pastores evangélicos reaccionarios, todo es posible. De hecho, en la tensión que hubo los últimos días entre el ministro de economía Guedes y Bolsonaro, que quiere hacer un ajuste menos salvaje por los costos políticos que implica, el vicepresidente Morao se ubicó más cerca de Guedes”.

“Bolsonaro tiene una utopía milenarista regresiva, que él llama un nuevo orden-continuó Pignotti-. Imagina un país sin homosexuales, sin mujeres independientes, con los afros brasileños volviendo a un régimen de semi esclavitud. Sin embargo, es un hombre sin formación, pero no es tonto. Guedes es un chicago boy puro. Está a la derecha de Domingo Cavallo. El ruido entre ambos fue porque Bolsonaro se da cuenta que tiene ahora 65% de aprobación, pero que si el ajuste es muy brutal, como la reforma previsional que propone Guedes, puede perder ese respaldo”.

Lula y el progresismo

Sobre la situación del ex presidente Lula, encarcelado desde abril del año pasado, y del resto de la oposición, el periodista destacó: “Tengo muchas dudas de que Lula salga libre en el corto plazo. Todas las tensiones que hay en el bloque que está gobernando, entre los militares, Bolsonaro, algún sector de los medios, se diluyen ante la posibilidad del retorno de Lula al gobierno. Por eso creo que su libertad es muy difícil. Él (Lula) hizo la opción del mártir. Tuvo muchos ofrecimientos para asilarse en distintos países antes de que lo apresaran y no los aceptó. Es un hombre de 73 años, con un cáncer reciente, viudo. No es fácil”.

Sobre el amplio espectro opositor, Pignotti sostuvo: “Es un momento difícil. Hay una pelea fratricida entre el PT y Ciro Gómez, que también fue ministro de Lula, por el acuerdo que no hicieron para las elecciones y que dividió el voto en primera vuelta. Es un panorama complejo”.

 

(*) Corresponsal en Brasil de la agencia italiana de noticias Ansa y del diario argentino Página 12.


 

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