Alimentación Saludable

Por Claudio D. González *

No podemos comenzar a hablar de alimentación saludable sin primero poner en contexto la realidad social. Al menos ⅓ de la población de nuestro país se encuentra bajo la línea de la pobreza, de los cuales el 50 % corresponde a niños y niñas. ¿Cómo es posible, que produciendo alimentos para 300 o 400 millones de personas, en nuestro país el 50 % de los chicos pasen hambre?

El problema por empezar, es que ese valor, no es real. Es el proporcional basado en las calorías totales que brinda la producción nacional, fundamentalmente las forrajeras, en relación a las calorías promedio que una persona requiere para vivir. Pongamos un ejemplo, si para la temporada 18/19 se estima una producción nacional de 44 millones de toneladas de maíz, y el maíz aporta 111 Kcal/100grs, estaríamos diciendo que solo nuestra producción nacional de maíz, es equivalente a la alimentación de aproximadamente 20 millones de personas, asumiendo un consumo promedio por persona adulta, de 2700 kcal/día. Es claro que no sería posible vivir comiendo maíz o polenta todos los días.

Los niveles de pobreza son calculados según el nivel de ingreso de una familia promedio, a su vez, ese nivel de ingreso es calculado en función a la canasta básica de alimentos. La Canasta Básica, fue elaborada por primera vez a fines de los 80 y actualizada a fines de los 90 en función a la Encuesta de Ingresos y Gastos. Lo que indica la Canasta Básica, es el requerimiento energético de 2700 kcal/día en una persona adulta en promedio, ajustada por equivalencias correspondientes a la edad. Es decir, que volviendo al párrafo anterior, la producción total de maíz prevista para el ciclo 18/19 sería equivalente a la alimentación del 50% de la población nacional.

Sin dudas, que al momento de la creación de la Canasta Básica, implicó un salto significativo en materia de comprensión de la demanda social por los alimentos, pero hoy está lejos de responder a un criterio nutricional, que nos garanticen una vida saludable.

Los alimentos que el mercado ofrecía y eran consumidos al momento de la creación de la canasta básica, distan notablemente de los ofrecidos y consumidos en la actualidad, y los criterios nutricionales imperantes en los 80 también son muy distintos a los de la actualidad, hubo cambios muy importantes en la forma de vivir, enfermar y morir, los estilos de vida cambiaron, así como la esperanza de vida también. No es objeto de esta nota profundizar en ellos, para ampliar la información sobre esos cambios nutricionales la Secretaría de Salud de la Nación elaboró en el 2016 las Guías Alimentarias para la Población, en las cuales se describen las recomendaciones nutricionales vigentes.

De cómo nos alimentamos depende nuestra salud, nuestra nutrición está directamente relacionada a nuestro sistema inmunológico. Según la OMS la obesidad, y sobre todo la infantil, es uno de los grandes problemas a los que se enfrentará la salud pública en el Siglo XXI, solo en el 2016 más de 41 millones de chicos menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos. En nuestro país 6 de cada 10 adultos presentan sobrepeso, y en el caso de los chicos en edad escolar el 30 % tiene sobrepeso y el 6 % es obeso. La malnutrición, no solo genera un riesgo por la desnutrición sino también por la obesidad.

La alimentación saludable encuentra su norte con el objeto de buscar y tender hacia el aumento del consumo de fibras, es decir mayormente: frutas y verduras y reducir el consumo de azúcares, grasas en particular las saturadas, o excesos de carbohidratos como las harinas. Pero la búsqueda del aumento del consumo de frutas y hortalizas frescas no es solo una recomendación médica, o una postura filosófica, sino que además, es una tendencia internacional. Dentro de esta tendencia, existe otra tendencia más, que es el aumento del consumo de frutas y verduras, frescas. Según FAO en lo que va de este Siglo XXI mientras el ritmo de crecimiento del comercio mundial de frutas preparadas o conservadas se duplicó, la comercialización de frutas frescas se triplicó.

Del mismo modo, podemos mencionar en el caso de las hortalizas tanto congeladas como conservadas, se duplicó el comercio internacional y en el caso de las hortalizas frescas se triplicó. Sin duda que estos cambios obedecen a una razón tanto tecnológica, como cultural, ya sean en sus periodos de poscosecha, conservación y distribución, como así también en la conservación de sus atributos de calidad. El mundo, avanzó de manera significativa en el comercio de hortalizas en particular, pero, ¿Cuál es la participación de nuestro país en el comercio internacional de hortalizas? Menor al 0.01 %.

Nuestra producción nacional de verduras está destinada a proveer a las grandes ciudades a través de sus cinturones productivos periurbanos. Según dispone la Canasta Básica de Alimentos, esa producción debe garantizar que podamos consumir al menos 3.93 kg/mes de verduras por mes, que junto a las frutas hacen un consumo mensual de 7.95 Kg/mes. Mientras que, según la OMS para disponer de una alimentación saludable deberíamos consumir aproximadamente 13 kg/mes, tanto sea de frutas, como de hortalizas. Es decir, 400 gr/día distribuidos en al menos 5 raciones.

Volviendo al contexto actual, ¿Cuál sería el índice de pobreza si ajustamos la canasta básica a los parámetros de consumo saludable? Seguramente, mucho mayor. Es decir, que no solamente 1/3 de los argentinos son pobres, sino que, además, se encuentran mal alimentados.

Desde la Cátedra de Agronegocios de la FAUBA, y bajo la dirección del Ing. Fernando Vilella y junto al Ing. Andrés Grassi hemos realizado un trabajo para responder a la pregunta de qué sucederá en los próximos años cuando esta tendencia en el aumento de consumo de frutas y hortalizas vaya sosteniéndose y el consumo aumente a los niveles que sugiere la OMS. El ensayo consistió en caracterizar la demanda actual y futura de los 40 municipios del AMBA y de su población en edad escolar, estimada en 2.8 millones de alumnos, de los cuales, según la Secretaría de Salud, solo el 17.6 % de la población nacional de chicos en edad escolar, consume al menos cinco porciones de frutas y verduras por día, el 50% consume 2 o más bebidas azucaradas por día, y semanalmente están expuestos a más de 60 publicidades de alimentos no saludables.

Lo primero que hemos planteado, es qué pasaría si existiera una política de estado en aportar las frutas y hortalizas a los alumnos en edad escolar, siguiendo los parámetros de la alimentación saludable, ¿cuánto eso afectaría a la producción de los cinturones periurbanos del AMBA?.

Las conclusiones fueron categóricas, la producción de hortalizas de los cinturones periurbanos del AMBA no alcanzaría y si los proyectamos en el orden nacional, la producción total de frutas y verduras solo alcanzaría para alimentar a la mitad de los argentinos.

En definitiva, no solo que no producimos alimentos para 400 millones de personas, sino que además, lo que producimos no alcanza para alimentar saludablemente a nuestra población, ni siquiera a nuestros chicos en edad escolar. En otros términos, los argentinos aún, no hemos sido capaces de generar nuestra propia soberanía alimentaria.

Para esto, es importante tender a políticas fuertes en el desarrollo fundamentalmente del sector hortícola, garantizando los resguardos y medidas necesarias para el desarrollo de los productores quinteros del área metropolitana. Desde medidas ejecutivas como la restitución del monotributo social agropecuario o programas como el cambio rural, a medidas de orden legislativo, como la posibilidad de lograr una correcta distribución y tenencia de la tierra para quien la trabaja, como podrá implicar un PROCREAR Rural propuesta realizada por la Unión de Trabajadores de la Tierra. Es necesario garantizar condiciones de vida dignas a los productores y tender a su mayor tecnificación, formalización del mercado interno, reducción del intermediario y de los costos de transacción, promoción y facilidades para la inversión en sistemas de producción de alta tecnología y de bajo impacto ambiental como las producciones hidropónicas.

Las hortalizas son parte de nuestra vida cotidiana, de cómo sean producidas y del rol que ocupen los quinteros o los productores hortícolas de los cinturones periurbanos, su desarrollo y su nivel de tecnificación depende al menos el 60 % de las que consumimos Área Metropolitana de Buenos Aires. Así como la mayor parte de nuestra alimentación, presente y también futura depende de ellos. Garantizarles una vida digna, capacidad productiva y herramientas para la mayor tecnificación es fundamental para su desarrollo.

El Siglo XXI se presenta ante nuevos desafíos, la desnutrición tanto como la obesidad son problemas complejos que hacen a nuestra salud y esperanza de vida, para esto son necesarias fuertes campañas de concientización, sumado a integración de los índices de pobreza e indigencia con los parámetros de una alimentación saludable. La pregunta termina por ser, quién estará dispuesto a asumir el costo de esta realidad.

 

(*) Ingeniero agrónomo


 

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2 respuesta a “Alimentación Saludable”

  1. Yo soy una gran consumidora de frutas y verduras .Me da mucha pena que cada vez hay más pequeños productores que dejan sus tierras ,por la poca rentabilidad que les pagan por sus productos,cuando uno en las verdulerias paga muchísimo por buenos alimentos

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