Acerca de la medición de la pobreza

Por Roberto Corne

La pobreza o, mejor dicho, la población que se encuentra en determinada situación de inserción en la estructura productiva, que carece de la igualdad de oportunidades para acceder a determinados servicios y consumos que le permita una vida digna, tuvo como base metodológica diversos instrumentos que permitieron dimensionar cuánta población se encuentra en dicho estado y mensurarla. Esto fue para poder implementar políticas o para verificar si las políticas aplicadas en un país tienden más a la igualdad de oportunidades o a la desigualdad de ellas. En ese sentido hasta entrados los años 70’ se utilizaba la medición más pura y clásica, que es la de NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas). Este es un método “directo” de medición que actúa sobre las “carencias” que tiene una porción de una población determinada. Se crea una variable y se la operacionaliza en varias dimensiones vinculadas a los “accesos” a determinados servicios o “bienestares”. Por ejemplo:

1) Acceso a la vivienda

2) Acceso a servicios sanitarios

3) Acceso a educación

4) Capacidad Económica

Estas cuatro dimensiones se operacionalizan en observantes e indicadores que van de lo general a lo particular. Determinan que la porción poblacional que “carece” de dichos indicadores se encuentra en situación de “pobreza” por NBI. Este sistema de medición, que fue también sugerido por organismos internacionales, sirvió hasta la crisis de la deuda a principios de los 80’ y sobre todo para medir en los países del llamado tercer mundo o periféricos, según la época. A partir de los 80’ empezaron a tabularse en las mediciones de pobreza porciones de población que no cumplían con los requisitos observables de la NBI, pero aún así continuaban siendo “pobres”. Ante ello se creó otro sistema de medición “indirecto” que es por “ingresos”. Este sistema es el que se utilizó de 1981 hasta 1988 en el AMBA y a partir de ese año a nivel nacional.

La medición de pobreza por “ingresos” consiste en la recolección de información sobre la cantidad de alimentos que necesita un “adulto equivalente” para satisfacer sus necesidades nutricionales básicas. Y a eso  adicionarle una recolección de información sobre el costo de determinados servicios básicos como educación, salud y vivienda. A la primera se la denomina Canasta Básica Alimentaria (CBA), que mide la Línea de Indigencia (LI) y a la segunda se le denomina Canasta Básica Total (CBT), con la que se mide  línea de pobreza. Ese indicador es asimilado a hogares con hijos y se lo multiplica por la inversa del coeficiente de Engels. Esto hace que, si bien un hogar puede no tener privaciones y carencias de las dimensiones de la NBI, puede  sí tenerlas respecto de carencias alimentarias y de servicios. Esta manera de medir es la que utiliza mayoritariamente el INDEC.


“En la Argentina conviven enclaves urbanos altamente capitalistas y con acceso tecnológico y zonas que aún bordean el pre capitalismo”.


Actualmente, desde algunos sectores relacionados con las universidades religiosas, profesiones de ciencias “duras” (ingeniería) y algunos organismos del gobierno, se está planteando la polémica en torno a una nueva manera de medir la pobreza, que es la “multidimensional”. Este instrumento es parecido a la de NBI porque tiene una operacionalización por “privaciones”.  Mide la incidencia y la intensidad de la riqueza por porciones poblacionales y por contraposición deduce la porción de población en “pobreza multidimensional. Es un instrumento sugerido por la PNUD y se realiza en varios países sobre todo europeos, nórdicos y latinoamericanos, aunque los mismos no dejan de medir por el instrumento de “pobreza por ingresos”. El  Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) también se operacionaliza en tres o cinco dimensiones, según el método de Alkire y Foster, que es el más utilizado en base a las siguientes dimensiones:

1) Educación

2) Asistencia Sanitaria

3) Calidad de vida y bienestar.

De acuerdo a los indicadores recolectados se realiza una operacionalización de un “umbral mínimo de logro” individual para que la persona se encuentre dentro o fuera de ese umbral, que son indicadores “no monetarios”. De ahí en más se realiza un “conteo” por “privaciones” desde dicho umbral mínimo.

Al método de Alkire y Foster también se le adicionan dimensiones “monetarias”. Con esta forma de medir pobreza muchas consultoras dejaron de lado el método de “estratificación por puntaje” para determinar los estratos de consumo. Viraron hacia el “algoritmo” propio de los ingenieros que no tienen una consistencia importante en cuanto a lo que Ciencias Sociales se refiere. En este marco, según el trabajo de la CEPAL, Hacia un índice de Pobreza Multidimensional en América Latina, de varios autores; la IPM depende mucho del grado de desarrollo de infraestructura de cada país y tiene una diferencia de 5 puntos hacia “abajo” en países como Argentina y Uruguay,  al comparar la IPM contra Línea de Pobreza 3 dimensiones. Eso pasa en países latinoamericanos con mayor nivel de infraestructura.  Por contraposición, la IPM sería más consistente en países como Bolivia, Perú y Ecuador, que tienen un desarrollo de infraestructura peor. Es claro que la IPM multidimensional para Argentina en tres dimensiones sería más inconsistente que la medición de Línea de Pobreza por el amplio desarrollo de infraestructura argentino, aun siendo un país del tercer mundo. Por ello la NBI siempre produce un resultado menor que la LP.


La variable más idónea para medir la pobreza en el caso argentino es por ingresos del hogar”.


Lo importante del instrumento para medir una situación social determinada (pobreza) es cuál es la “variable determinante” que identificaría más consistentemente la situación a la que queremos identificar. En Argentina los indicadores “no monetarios” no han sido exitosos. Es un país “heterogéneo”. Siguen conviviendo con la “globalización” enclaves urbanos altamente capitalistas y con acceso tecnológico y cultura urbana “orgánica” compleja junto a otras zonas que aún bordean el pre capitalismo. Pero la infraestructura (cloacas, saneamiento, vivienda) está bastante extendida. Y en los casos que no son así se debe precisamente a los “ingresos del hogar”. Esto significa que una familia para tener una vivienda con infraestructura y bajo nivel de hacinamiento debe tener un ingreso adecuado para poder mejorar su situación de hogar. Por lo tanto la variable principal de un instrumento idóneo y consistente para medir pobreza es el “Ingreso” de los hogares.

Es muy probable que actualmente haya ciertos sectores que quieran implementar la medición por IPM para diluir la cuestión del ingreso como forma clara y consistente de determinar los niveles de pobreza de nuestra sociedad. La IPM puede servir para determinar pobreza en sociedades con altos niveles de infraestructura y niveles de vida aceptables; pero no es consistente para medir la pobreza de nuestros países. No se soluciona la cuestión de la pobreza diluyendo su costado más obvio: el de los ingresos y el de los servicios educativos públicos.

* Sociólogo (MP: 522)


 

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