El dilema de los argentinos y el consenso

Opinan Carlos De Angelis y Enrique Zuletta Pucceiro.

La palabra consenso suele ser declamada en el debate político argentino casi por todos los sectores. Se plantea incluso como una debilidad de la cultura política nacional la dificultad para conseguir acuerdos básicos sobre temas centrales. Estas son opiniones que podrían ser refutadas, ya que sí existen puntos de encuentro mínimos entre los distintos sectores del país. Sin embargo, es bastante cierto que la pulsión idiosincrática tiende más a extremar posiciones, a confrontar, que a ceder en post de hallar una diagonal entre las distintas posturas. La idea de una “victoria final” de una de las cosmovisiones que pujan entre sí es muy habitual. El “vamos por todo” es, en el fondo, una creencia extendida en todos los sectores políticos y también en factores de poder fácticos.

Las incógnitas que dispara este diagnóstico son varias. ¿Es un rasgo cultural inmodificable? ¿Anida en todos los ciudadanos o más en la dirigencia? ¿Qué caminos posibles hay para cambiarlo? El sociólogo Carlos De Angelis, coordinador de Observatorio de Opinión Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y el consultor Enirque Zuleta Pucceiro, director de la encuestadora OPSM, opinaron al respecto.

“A los argentinos, al igual que a otros ciudadanos y votantes del mundo, no les gusta que los políticos se peleen entre sí-remarcó De Angeli-. Prefieren que se pongan de acuerdo. Sin embargo, hay una especie de bipolaridad en el electorado. Cuando alguien acerca posiciones también lo critican. Enseguida aparece la condena acusándolo de traidor. Y un tema de fondo es que se ha perdido la institucionalización de los partidos políticos. Eso no hace fácil llevar la construcción de consensos al terreno operativo y que se arme un marco político en común”.

“Además-agregó el sociólogo-, el sistema político hiperpresidencialista que tenemos lleva a que, si se propone un programa consensuado, sea leído por la población como el efecto de un presidente débil. Hay una contradicción social fuerte, entre el pedido de un liderazgo fuerte y que al mismo tiempo no se generen muchos conflictos. A la sociedad también le gusta un mandatario que tome decisiones”.

De Angeli sostuvo que hubo en los años recientes un momento en que se produjo una suerte de gobierno consensual. “Algo de eso ocurrió después del 2001, con la presidencia de Eduardo Duhalde y el acuerdo entre peronistas y radicales para esa transición, en medio de una gran crisis”.


El interés histórico de las clases económicas dominantes es contradictorio en la Argentina, entre la gran burguesía industrial y la agropecuaria. No hay acuerdos políticos sin consensos en los sectores económicos».


 

Para el analista, hay rasgos de los sectores económicos nacionales que impactan de modo negativo en la búsqueda de acuerdos. “El interés histórico de las clases económicas dominantes es contradictorio en la Argentina, entre la gran burguesía industrial y la agropecuaria. No necesitan las mismas políticas globales. Eso complejiza los acuerdos”.

El analista destacó la necesidad de políticas de mediano y largo plazo en el terreno económico para lograr el desarrollo, pero marcó las dificultades que esto tiene en la Argentina. “Hace falta continuidad en las medidas que se impulsan. El tema es que no se puede mirar sólo el funcionamiento de los partidos y los dirigentes, sin analizar las fuerzas sociales y económicas que están abajo. En el sudeste asiático se logró continuidad económica con modelos muy autoritarios. No hay acuerdos políticos sin consensos en los sectores económicos. Si lo pactado tuviera el sello de los exportadores de granos, por ejemplo, el modelo sería de economía abierta, dólar alto, salarios bajos en dólares; pero si la impronta fuera sello del sector industrial, seria por una economía más cerrada y sueldos que permitan el consumo interno. Son diferencias importantes”.

Uno de los ejemplos que suelen ponerse sobre la mesa para analizar estos temas es el mentado Pacto de la Moncloa español, firmado en el palacio de gobierno ibérico a fines de 1977 para tratar de ordenar la salida del franquismo y contener la inflación.

“Ese consenso fue para armar el bipartidismo y para integrar a España a la Unión Europea-expuso De Angelis-. Se acordó dar autonomía en las regiones para evitar el fortalecimiento de los nacionalismos regionales. Hay otros ejemplos de pactos nacionales que son tácitos. En Uruguay, por ejemplo, es al revés que en Chile. Está planteado un pacto de igualdad social, a diferencia del país trasandino. En nuestro caso, hay una disputa entre el consenso del déficit cero y por otro lado el de que hay derechos sociales que no se pueden tocar aunque impliquen déficit”.

“En ese sentido-continuó el sociólogo-, el ojo del huracán hoy es el tema jubilatorio. El gobierno intenta volver al sistema privado. No lo puede reintroducir por falta de mayoría parlamentaria. Entonces aspira a impulsar que se pueda hacer un aporte privado en otra parte, pero no lo logró porque en esto sí hay un consenso social amplio, la mayoría de la sociedad piensa que la jubilación debe ser estatal”.


“Unir a los argentinos es una demanda que alcanza al 70% de la población. Sin embargo, en el momento en que un político llama otro, la gente habla de pacto, rosca, contubernio, traición”.


El consultor retomó la cuestión de la puja entre sectores económicos para explicar la complejidad de la Argentina. “El tema es que no hay un sector dominante claro del poder económico. En Canadá, por ejemplo, con mucha intervención estatal, se logró mantener una industria muy fuerte, muy regulada, y también un sector agropecuario muy grande. No es fácil lograrlo. Son pocos los países que han conseguido esto. Ese sería un camino que podríamos tratar de recorrer. Si uno lee a Marcelo Diamand en El péndulo argentino, él plantea un proceso de industrialización financiado por el sector agropecuario y luego al revés”.

El director de la encuestadora y consultora OPSM, Enrique Zuleta Pucceiro, tuvo una visión parecida a la de De Angeli. “La necesidad del consenso es algo que está muy presente en la sociedad argentina. Es una gran demanda. La idea de unir a los argentinos le sirvió al presidente Mauricio Macri para ganar la elección. Es un reclamo que llega a 70%. Ahora bien, en el mismo momento que un político llama otro, la gente habla de pacto, rosca, contubernio. Hay una relación dual con el tema. Se pide acuerdo pero una vez que se pone en marcha la gente pone a los protagonistas en el lugar de los pactistas”.

Volviendo a los ejemplos internacionales, Zuleta Pucceiro destacó: “En la década del ‘70, con la crisis del petróleo, todos los países europeos salieron adelante con medidas de concertación. Lo de Alemania fue paradigmático, con los trabajadores participando de la dirección de las empresas”.

Para el consultor, en el caso argentino, uno de las dificultades para construir acuerdos es por la fragmentación de los partidos políticos. “Durante el gobierno de Raúl Alfonsín fueron posibles consensos porque se sentaban los representantes de los partidos. Ahora, si se convoca al diálogo, cuál de los cinco radicalismos, cuál de los peronismos, cuál de las tres CGT, cuál de los sellos de goma de los empresarios. Hay una crisis de representación y es uno de los motivos de esta contradicción. No es fácil encontrar el equilibrio entre liderazgo fuerte y construcción de acuerdos. Es complejo”.

 


 

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