La xenofobia en la Argentina

Opina Jazmín Berenztein

El racismo y la xenofobia son rasgos de la condición humana que no representan ninguna novedad. Podría afirmarse que la expansión de la idea de que todos los seres humanos somos iguales, concepto que está detrás, por ejemplo, del fin de la esclavitud, es relativamente nueva en una perspectiva histórica amplia. Tampoco constituye algo singular que, ante un escenario de crisis económica, como el actual, comiencen a buscarse chivos expiatorios y se apunte a los inmigrantes, entre otros.

Suele sostenerse, con sustento, que la Argentina fue y es un país con un relativo éxito por la falta de conflictos profundos por diferencias raciales, religiosas, o de nacionalidad. Su apertura migratoria, desde el siglo XIX, ha sido exitosa en lograr una integración y una convivencia relativamente pacífica. Esto, claro, es posible afirmarlo mirando el trazo grueso del tema. Para hilar un poco más fino, Replanteo consultó a la antropóloga Jazmín Berenztein, que viene trabajando sobre la xenofobia en el país.

“Desde fines del siglo XIX y los inicios del XX, Argentina tiene políticas muy abiertas, explícitas, para recibir inmigrantes. Siempre se apuntó a un sujeto deseado: europeo, formado. La idea del mal inmigrante también viene de lejos. No es una rareza que circula ahora en las declaraciones de algunos políticos. En las primeras oleadas se cuestionaba mucho a los trabajadores europeos porque traían ideas anarquistas y comunistas”.

“El modelo argentino-agregó Berenztein- apostó a la idea del crisol y la integración a partir de la escuela pública. El Estado siempre tuvo el objetivo de eliminar las diferencias y de que surja una suerte de nueva identidad de la “fusión” de las corrientes de extranjeros”.

Según la joven académica, este proyecto de asimilación fue relativamente exitoso, pero no libró a los argentinos de las pulsiones discriminatorias sino que se canalizaron por otras vías. “En muchos países el racismo está muy focalizado al aspecto físico y los rasgos de las personas. En cambio, en Argentina, los discursos discriminatorios se basan más en las condiciones de clase social, aunque se utilicen términos racistas. El “negro” en nuestro país es el de los sectores populares, el “cabecita negra”, no el afro descendiente. Las personas racializadas, los que tienen aspecto más mestizo o algunos africanos que están llegando ahora, son inmediatamente asociados a cierta clase social y a sectores subordinados. Son cosas que se retroalimentan”.


«En otros países el racismo está muy focalizado al aspecto físico. En Argentina los discursos discriminatorios se basan más en las condiciones de clase social, aunque se utilicen términos racistas”.


“En general, los bolivianos, los peruanos, la migración andina tiene una fuerte carga estigmatizante-agregó la antropóloga-. Se los vincula con trabajos precarizados. Es una discriminación que incluye a los argentinos nacidos en Jujuy, Salta, y otras provincias del norte”.

La académica derribó la difundida idea de que ahora hay un “descontrol” en las fronteras, que todo el mundo entra y sale como quiere. “El porcentaje de migrantes de países limítrofes se mantiene estable desde los primeros registros que hubo, en los censos de 1869, bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento. Siempre ronda entre un dos y tres por ciento de la población. Al principio fue una migración temporarea, que se quedaba en la frontera y trabajaba. Recién comenzó a hablarse de oleada cuando esas personas comenzaron a llegar a Buenos Aires, con el proceso de industrialización de mediados del siglo XX. En esa misma corriente vino mucha gente de las provincias de norte. Desde los años ‘60 del siglo pasado se asocia la migración del norte hacia Buenos Aires con la de los países limítrofes. Esto muestra que no tiene tanto que ver con una cuestión de nacionalidad sino con que las personas de los sectores populares son racializadas, por su aspecto, y tratadas como inmigrantes, aunque sean argentinos de cuarta generación”.


«La idea del mal inmigrante no es nueva. En las primeras oleadas migratorias europeas, se cuestionaba mucho a los trabajadores porque traían ideas anarquistas y comunistas”.


Respecto de los discursos xenófobos, que ahora han vuelto a brotar, peligrosamente en boca de algunos dirigentes políticos de primera línea, del oficialismo y de la oposición, Berenztein sostuvo que son visiones que surgen en momentos de crisis económica. “Hubo oleadas fuertes de esta retórica en los ‘90 y a inicios de los 2000. La idea de poner a los extranjeros como los responsables de los problemas de trabajo y de seguridad. De todos modos, no todos son estigmatizados. La oleada de venezolanos que ha habido en los últimos años tuvo una buena recepción. Esto se inscribe en la tradición de la que hablamos al principio, la de diferenciar al buen inmigrante, con cierta formación y de una condición social de clase media. Los venezolanos que llegan a la Argentina tienen recursos como para viajar hasta acá y en general son de clase media y con cierto nivel educativo”.

El triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil impulsa dudas inexorables sobre la potencialidad de estos discursos para construir mayorías electorales. ¿Podría ocurrir eso en Argentina? “Hasta ahora no ha sido así-respondió la antropóloga-. No hay antecedentes de un político argentino que pueda conseguir muchos votos basándose en la xenofobia. Son discursos que nunca se han terminado de traducirse en políticas públicas. En general se los usa para temas de seguridad, de salud. Cuando alguien quiere cuestionar el rol del Estado muchas veces apela a esta herramienta. Dice que la UBA no puede seguir siendo pública porque toda la plata se va para bancar extranjeros”.

“Otra cosa para tener en cuenta-agregó Berenztein-son las mujeres migrantes. Más de la mitad de las personas extranjeras en nuestro país son mujeres. Pocas veces se analiza la problemática con perspectiva de género. Se las ha pensado como parte de la familia que migra y es muy nuevo el fenómeno de que lleguen de modo autónomo, mujeres solas o con sus hijos. Es parte de los nuevos procesos”.

 

* Antropóloga


 

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3 respuestas a «La xenofobia en la Argentina»

  1. Me gustaria saber si la antropologa baso su analisis solo en Bs As o incluyo todas las provincias, porque solo menciona las limitrofes del norte del pais, deberia venir al sur, porque dudo q en mi ciudad, Comodoro Rivadavia sea igual desde hace 20años , el aumento de paraguayos , bolivianos ha aumentado mas de un 30% y tal vez sea mayor, personas q se toman tierras y obtienen beneficios q los propios naturales de la ciudad no tenemos .

  2. Mis padres fueroninmigrantes corridos del genocidio armenio hicieron una vida en este pais teniendo 2hijosuniversitarios y1 comerciante.nietos tambien profesionalesgracias argentina por favor contestame 😍😙

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