¿Qué clase de oposición será Cambiemos?

Por Ricardo Alfonsín*

Se sabe como fue la coalición Cambiemos, hoy Juntos por el Cambio, en el oficialismo, durante sus cuatro años de gestión. Ahora comienza a conocerse de qué manera actúa en la oposición. Es cierto que es poco el tiempo que lleva en ese lugar. Sin embargo, hay algunas conclusiones que pueden sacarse sobre su accionar desde que asumió el nuevo gobierno nacional.

1) La ideología. Juntos por el Cambio sigue siendo un frente de derecha. ¡Chocolate por la noticia!, dirán algunos. A pesar de que era difícil imaginar que esto se modificase, no está de más hacer ciertos señalamientos. Cambiemos es una coalición y no un partido político. Y las fuerzas que la componen-en principio-no son ideológicamente afines. Se supone, basándonos en la historia reciente, que tienen (y tenían) diferencias importantes respecto de temas centrales. Después del triunfo PRO, en 2015, de esta pluralidad inicial no quedó ni rastro. La coalición, no sólo el PRO, se transformó en la representación política de las ideas del liberalismo económico. Todas las fuerzas del frente las defendieron sin reservas, incluso el radicalismo. En pocas palabras, en términos ideológicos, Cambiemos era el PRO y el PRO era Cambiemos.


«Juntos por el Cambio sigue siendo un frente de derecha».


Tras la derrota electoral del 2019, las cosas podrían haber cambiado. No era esperable que el PRO modificase sus posiciones. Ese partido no podía hacer otra cosa que seguir cumpliendo la tarea para la que fue creado: ser la representación política del liberalismo económico. No se podía descartar, en cambio, que la UCR planteara que Cambiemos se hiciera cargo de su pluralidad ideológica. Es algo que, obviamente y lamentablemente, no ocurrió. El radicalismo continuó defeccionando. Y por puro electoralismo, por ese 40% que obtuvo la coalición en las elecciones de octubre del año pasado.

La interpretación de la UCR, más bien la de sus principales dirigentes, es que esos 40 puntos son una cantera monolíticamente de derecha y quieren disputarle al PRO el liderazgo de ese electorado. Y para esto deben seguir defendiendo las ideas del liberalismo económico. Aquel mensaje del ex presidente Raúl Alfonsín que sostenía que “si la sociedad se derechizaba” el radicalismo debía “prepararse para perder elecciones” es interpretado exactamente al revés. Ni que decir de lo lejos que se está de la frase Hipólito Yrigoyen: “Que se pierdan 1000 gobiernos pero que se salven los principios”. Es un axioma hoy reconvertido del siguiente modo: “Perdamos los principios, pero salvemos los gobiernos o, por lo menos, algunos cargos”. Sólo en los tiempos de la Concordancia se vio algo parecido.


La frase Hipólito Yrigoyen “que se pierdan 1000 gobiernos pero que se salven los principios” hoy se ha reconvertido por “perdamos los principios pero salvemos los gobiernos o, por lo menos, algunos cargos”.


2) La relación entre las Fuerzas de Cambiemos. Ya no es la misma la relación entre los partidos que conforman Juntos por el Cambio. Hasta agosto de 2019, la UCR le había atribuido al ex presidente Mauricio Macri la supremacía electoral. Sólo él podía asegurar un nuevo triunfo. Era el candidato natural. ¡Grave error! No se advirtió lo obvio, los cambios en la opinión pública. El radicalismo se anotició de ellos en las PASO y era tarde.

Después de la derrota definitiva de octubre, las cosas cambiaron. La UCR ya no le atribuye al PRO ninguna superioridad electoral. Y ha comenzado entre las fuerzas de Cambiemos una competencia por el liderazgo del electorado opositor. Es un territorio en disputa. Se podría decir que ahora el adversario no es sólo el partido de gobierno sino también el aliado.

No creemos, sin embargo, que esta competencia pueda poner en riesgo la continuidad de Juntos por el Cambio. Todas las fuerzas lo necesitan y también importantes actores extra partidarios para cuyos reclamos la coalición siempre fue muy sensible.

3) ¿Qué tipo de oposición se puede esperar? La pregunta tiene que ver con lo formal. La oposición, cualquiera sea su ideología, se puede ejercer de manera responsable, constructiva y colaborativa. Pero también puede ser al revés: irresponsable, obstructiva, dura. Todos sabemos de lo que estamos hablando al hacer la diferenciación. No se pueden aún hacer juicios definitivos. Sin embargo, la competencia, entre la UCR y el PRO, por el liderazgo del electorado opositor, nos permite hacer especulaciones. Hay dirigentes del macrismo y el radicalismo que están convencidos de que la ganará quien sea el opositor más duro con el oficialismo. Si esta lógica se impone, no podemos esperar que Cambiemos sea una oposición demasiado responsable, constructiva y cooperativa, más bien hay que prepararse para lo contrario.

Pero en Juntos por el Cambio no todos son iguales, ni todos actúan de la misma manera. Hay halcones y palomas. No es difícil identificar quiénes, al comienzo del nuevo gobierno, dieron muestras de su gusto por un estilo halcón para la oposición. Son los que han dicho cosas como que la ley de emergencia “pisotea la constitución y la república”, que consagra “una dictadura y otorga la suma del poder público”; que se venía un “rodrigazo”; que el actual oficialismo había decidido “no combatir el narcotráfico” y “eliminar el Poder Judicial”; que en Buenos Aires “un comunista” quiere avanzar sobre la propiedad privada. Con estos ejemplos, en apenas un mes, alcanza para imaginar lo que puede venir.


«Una oposición responsable es constructiva, señala diferencias y propone alternativas realistas; una oposición responsable no niega, si es que existe, la gravedad de la situación».


¿Creen ustedes que sinceramente los dirigentes de Juntos por el Cambio piensan cosas como estas? Macri se valió hasta el año 2018 de la misma ley de emergencia de la que se valieron Duhalde, Kirchner y Cristina Fernández. Lo mismo habían hecho algunas provincias gobernadas por Cambiemos. Y nunca dijeron nada. ¿Realmente creen en el riesgo del “rodrigazo”? ¿Alguna vez explicaron por qué? Nunca. ¿Puede alguien en serio creer que se quiere dejar de combatir el narcotráfico? ¡Qué impunidad para decir las cosas! ¿Han visto ustedes algún país en el mundo que haya eliminado el Poder Judicial? ¿Con qué fundamento decían que la propiedad privada estaba en riesgo? ¿Porque actualizaba los impuestos? ¿Por qué no dijeron lo mismo en el gobierno anterior cuando se aplicó una actualización muy superior?

Este tipo de actitudes dañan la credibilidad y legitimidad del sistema democrático. Una oposición responsable, lo mismo que un oficialismo responsable, no miente. No hace demagogia ni siembra temor y desconfianza. Una oposición responsable es constructiva, señala diferencias y propone alternativas realistas; una oposición responsable no niega, si es que existe, la gravedad de la situación. Una oposición seria resiste la tentación electoralista y no corrompe el debate político con ruido y confusión, con acusaciones infundadas que sólo persiguen una ventaja electoral.

No puede asegurarse todavía cuál será la forma en la que Cambiemos ejercerá la oposición. Han transcurrido pocas semanas desde la asunción del nuevo gobierno como para sacar conclusiones definitivas. Esperemos que los más responsables puedan neutralizar a los halcones. Por el bien del país. Esperemos que las convicciones republicanas de la UCR impidan que Cambiemos se incline hacia comportamientos reñidos con lealtad política y republicana. Sumarse a actitudes como las que hemos descripto antes sería muy grave para el país. Es lamentable, pero vemos que algunos radicales hacen poco para evitar que esto ocurra. ¡Parece mentira que no adviertan que ni siquiera una especulación egoísta, exclusivamente partidista y electoralista, aconsejaría semejante actitud! Si el gobierno fracasa es posible que emerjan liderazgos autoritarios como los que estamos viendo en otros países de nuestra región y del mundo. Cuidado, porque si eso ocurriera aquí nos vamos a agarra la cabeza cuando quizás sea demasiado tarde.

 

* Director de Replanteo


 

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2 respuestas a «¿Qué clase de oposición será Cambiemos?»

  1. Los socios y socias de todos los corruptos. Los que roban lo ajeno y los que compran lo ajeno con dinero «propio» . Los que roban dinero y los que compran dinero son serviles que destruyen nuestra sociedad. Los que llenan bolsones, los que lavan sin pagar impuestos y los que eluden para beneficiarse porque «es necesario para sobrevivir» que «juegan con relatos» autodefensivos falaces sin moral. Los políticos pero no la política. Los empresarios pero no las empresas. Los jueces pero no la justicia. Algunos pero no todos. La verdad con valores pero no la moralina autodefensiva. Todos en paz sin soberbia excluyente con la verdad que nos comprometa y nos construya sin excepciones. Con los métodos e instituciones que supimos construir. Es responsabilidad y compromiso hacer para que sean lo que deben ser sin intentar destruirlas con la frustración y la soberbia de la verdad sin retorno. Aceptar el conflicto en la diversidad no es resignar objetivos a consensuar. Aceptar es comprender para poder continuar. Aceptarnos es convivir, es un hecho social desde lo individual. Comprender es aceptar a los demás respetando la diversidad como armónica vivencia. Lo contrario es fundamentalismo social y pereza individual. Los métodos nos definen y las metas nos comprenden.

  2. Que claridad para analizar la oscuridad de cambiemos y la emnecia sobre los principios fundamenrales de la UCR. Si la UCR fuera el partido que fue, estoy convencido que hoy no estaríamos como estamos y no soy radical.

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